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Los incendiarios y los hipócritas

Estaba yo pensando en no molestarles con un articulo esta semana, que bastante tienen ya con la campaña electoral, pero me he tropezado con unas declaraciones de nuestra gloriosa vicelehendakari Uxue Barkos “reivindicando” (en sus propias palabras) el trabajo de su Dirección de Paz y Convivencia y claro, las buenas intenciones se han ido a donde siempre.

Porque, saben, a mí eso de fomentar la paz y la convivencia en Navarra me parece esencial, y no me parece que se esté haciendo.

Ayer mismo tuvimos noticias de cómo una turba de activistas contra los desahucios acosaron a una política embarazada de nueve meses, que no ha desahuciado nunca a nadie (a diferencia de la alcaldesa de Madrid o la de Barcelona… o del alcalde de Pamplona, que bien que vacía pisos municipales cuando quiere . La excusa era, no se lo pierdan, que “se había opuesto a una propuesta de ley”. Como si no fuera legítimo defender otra ley para resolver el problema. Como si fuera legítimo acosar a alguien por no estar de acuerdo con sus opiniones.

Lo peor del caso es que muchos activistas y autoproclamados portavoces (además de los acosadores) la llamaron “fascista” para justificar el acoso.

Hace unos meses tuve un debate en redes con una de esas activistas, que incitaba a la izquierda catalana a atacar a manifestantes de Jusapol llamándolos, también, fascistas. Lanzaba a la turba y escondía la mano, o lo intentaba, y no reconocía lo que estaba haciendo.

Hace más meses aún, cierto diario local llamaba “extrema derecha” a todos los navarros que se manifestaban a favor de sus propios símbolos tradicionales. Su entorno, incluyendo el portavoz de la actual mayoría que gobierna navarra, llama habitualmente a la oposición “fascista”, “facha” o “trifachito”. Espero que lo hagan sin darse cuenta de las consecuencias, porque de otro modo serían responsables de lo que están creando.

A mí me han zarandeado, insultado y escupido en la calle Chapitela de Pamplona por montar una carpa informativa con una bandera de España junto a mis compañeros de Ciudadanos. Nos han gritado, lanzado objetos, e intentado intimidar con campanazos, sierras mecánicas y conciertos de rock vasco por intentar celebrar un mítin en Alsasua, donde viven cientos de votantes de Ciudadanos. Han derribado o intentado derribar mesas informativas en distintos puntos de la Cuenca de Pamplona. A diario, la puerta de la sede de Ciudadanos aparece manchada o pintada. Los carteles que se ponen durante esta campaña duran, con frecuencia, horas. Gente que vive en los alrededores de Alsasua renuncia a encabezar listas electorales después de que su familia reciba amenazas. No estoy hablando de oídas. No estoy hablando de hechos extraordinarios. Estoy hablando de lo que es hacer oposición en la Navarra del kuatripartito. La Navarra en la que hay 16 poblaciones en las que ya sólo se presenta Bildu.

Y quien recibe este trato no es una minoría extremista, sino quienes acaban de recibir el apoyo mayoritario de la sociedad navarra en las elecciones. Demócratas moderados que representan a la mitad, poco más o menos (lo veremos en unas semanas) de la población, pero que no son nacionalistas ni populistas.

Es normal que suceda cuando la “Dirección de Paz y Convivencia” centra su trabajo en recuperar la memoria de víctimas de la última dictadura, pero no de las víctimas de violencia política anterior o posterior. Cuando intenta igualar a las víctimas (intencionadas, injustificables) de ETA con los excesos puntuales de quienes luchaban por defendernos de ella. Cuando oculta el rechazo que ha recibido de las víctimas y sus familias. Cuando se dedica, por medios dudosamente constitucionales, a intentar conseguir compensaciones y reconocimiento oficial para personas que nunca han podido demostrar judicialmente haber sufrido ningún delito.

Es normal que suceda cuando la política de “Paz y Convivencia” de la señora Barkos pasa por apoyar a los “txabales” que no se han disculpado siquiera por organizar una paliza a dos guardias civiles y sus parejas, siguiendo el método ensayado durante tantos “Ospa Egunas”. Donde no se ha procesado a nadie por esas acciones de incitación a la violencia y el odio. Es normal que suceda en una tierra en la que es habitual ver homenajes y celebraciones del retorno de etarras, sin la obligatoria autorización municipal y sin que nadie haga nada… y donde todas las semanas se reivindica en terreno público la libertad de los etarras presos, pero el Ayuntamiento de Pamplona se permite negar carpas informativas a Ciudadanos porque “le parecen muchas”.

Es muy normal cuando desde las instituciones, los partidos del actual gobierno, sus medios afines y sus cuentas en redes se han acostumbrado a insultar y descalificar. Y no nos hagamos los inocentes. En España, llamar a alguien “facha” es muy serio. Llamarle “fascista” es peor que llamarle “asesino”, porque en el imaginario popular español un “fascista” es alguien que ataca la democracia, la libertad de los demás y todo lo bueno, y lo hace con violencia. Es peor que un terrorista. Es un nazi. Es el mal personificado y organizado. Decir que alguien es fascista es presentarlo como maligno e inhumano.

El señor Sánchez ha tonteado con ese método con su estrategia de la “derecha trifálica”, donde Vox es el diablo franquista y el PP y Ciudadanos no se distinguen más que en el color de los cuernos. Pero la señora Barkos y sus socios de gobierno van mucho más allá, porque aquí juegan con fuego y una memoria popular traumatizada por la violencia reciente.

Cuando esos medios, activistas e instituciones afines al kuatripartito se dedican a insultar y deshumanizar de esa manera a la oposición, no sólo están intentando asustar al voto moderado como hizo Sánchez. Cuando llaman “fascista” a un político democrático por llevarles la contraria a los nacionalistas o los populistas, están justificando y animando a los descerebrados y los radicales a que acosen y ataquen a esa oposición. Son responsables de cada grito, cada empujón, cada pintada, cada amenaza, cada cartel que impide la legítima libre expresión de los navarros, de cualquier opinión, en cualquier punto de Navarra.

Son, en resumen y en mi meditada opinión, unos incendiarios. Y cuando presumen de su política de “paz y convivencia”, unos hipócritas.

Miguel Cornejo, (@miguelcornejoSE) es miembro de la junta directiva de Ciudadanos Pamplona y candidato a concejal de Beriáin por Navarra Suma.

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