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Juicio proceso: Torra en la nave 18

El 20 de septiembre de 2017 la nave 18 de Bigues i Riell (Barcelona) albergaba material electoral como para llenar ocho furgonetas de la Guardia Civil. Había todo lo necesario para constituir una mesa electoral. Menos las urnas. Allí tampoco estaban. Sí que se pasó por allí, pero algún día antes, Quim Torra.

Su nombre ha salido de la boca de un brigada de la Guardia Civil que ha comparecido como testigo en la sesión de hoy del juicio de procés que se celebra en el Tribunal Supremo, en una sala donde los primeros días de la vista se sentó como invitado el propio Torra.

Ya se sabía que el presidente de la Generalitat se había pasado por la nave, porque en mayo se dieron noticias sobre un informe de la Guardia Civil que le había situado antes de la fecha del registro en ese lugar. Pero Torra es Torra y, claro, ha copado algunos titulares de la jornada de hoy.

Quizá le dejen alguno a Pep Guardiola, el que fuera entrenador del Barcelona, cuyo nombre también ha salido a relucir -solo como receptor de mensajes- en la sesión matinal de una vista en la que han seguido compareciendo agentes del instituto armado, que se dejaron los ojos analizando correos electrónicos de los acusados en el juicio.

Entre 1.000 y 1.500 tenía en sus bandejas la que fuera consellera de Trabajo en el momento álgido del proceso soberanista, Dolors Bassa, ha dicho el agente que los revisó.

No es extraño que uno de estos guardias -al que se le ha escapado alguna palabra en catalán- haya hecho este ruego a uno de los abogados de la defensa: “No me pregunte fechas y horas porque no me acordaré”.

Y por esos correos, hoy hemos sabido que el entonces conseller de Interior, Joaquim Forn, buscaba la “cuadratura del círculo” con tal de conseguir los objetivos. Eso sí, estudiando todo muy bien para “no caer en la trampa”. Imaginamos que en la de los no alineados con el independentismo.

Hoy también hemos conocido la versión de otros momentos del ya más que famoso 20S y que se resolvieron de una forma más tranquila que el conocido como “asedio” a la Conselleria de Economía.

Si la secretaria judicial tuvo que abandonar esa Conselleria por la azotea y a punto estuvo de hacerlo en helicóptero, los agentes de la Guardia Civil que registraron ese día la de Trabajo tuvieron más suerte y, por lo que parece, más colaboración del propio personal de ese departamento.

Veían lo que se avecinaba si salían por la puerta principal -entre 300 y 500 personas se congregaron para protestar por el registro y corear consignas contra la Guardia Civil mezcladas con otras en favor del “votarem- y les ofrecieron una alternativa: salir por la puerta de atrás del párking del edificio colindante y enfilar la Ronda del Litoral.

Menos suerte tuvieron los agentes que registraron la nave 18. Tres horas les costó salir porque el ambiente de las 200 o 300 personas que se congregaron en sus proximidades mientras se registraba era, en su opinión, “totalmente hostil”.

No podía ser de otra manera, ha reconocido resignado un brigada: “Nos estábamos llevando sus papeletas”. Nada más y nada menos que casi 10 millones de ellas.

Esa tensión, que solo los Mossos podían rebajar, llevó al letrado de la administración de justicia a pedir que le taparan la cara cuando salía y al abogado del detenido a gritar desde el coche quién era para evitar males mayores.

Aun así, los botes de coca cola y las botellas llenas de agua arrojadas por algunos de los concentrados dejaron su huella en los vehículos oficiales.

La Guardia Civil ha analizado muchos correos, pero también grabaciones, como las de los mensajes de las emisoras de los Mossos d’Esquadra que han vuelto a poner sobre la mesa el papel que sus mandos les instaron a desempeñar en el 1-O: vigilar a los agentes de las fuerzas de seguridad del Estado, estar atentos a sus movimientos.

Por el análisis de esas grabaciones se supo después que los Mossos conocían la intención de boicotear la actuación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en los colegios. La gente se concentraría y haría un pasillo a los agentes para que entraran al colegio electoral. Pero no se llevarían la urna, porque estaría atornillada.

Tampoco les dejarían hacer mucho más, porque colocarían muros humanos con los más pequeños y con los mayores.

Son las versiones que se han escuchado en el Salón de Plenos del Supremo, donde la voz del presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha tenido un día más que alzarse para recordar que las conclusiones ya las sacará la Sala cuando acabe el juicio. Ni a las partes ni a los testigos les corresponde.

Poco o nada de “feeling” se ha notado hoy entre él y el abogado Andreu Van den Eyden, defensor del exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras. Por quinta vez, según el recuento de Marchena, el letrado ha solicitado que se proyecten los vídeos. “Vamos a hacer como si eso no lo hubiera propuesto”, ha zanjado Marchena.

Después, ha dejado a Van den Eyden con diez preguntas en la boca. Marchena no quería rechazarlas “a ciegas”, pero si no tenían relación con la comparecencia del testigo…EFE

Sagrario Ortega

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