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Cualquier tiempo pasado, fue mejor… o no. Todo es relativo

Todo el mundo habrá oído en numerosas ocasiones, o incluso dicho -más frecuentemente  entre los que ya somos “un poco” mayores-, esta frase con la que empiezo el titulo de mi artículo, “Cualquier tiempo pasado, fue mejor”, uno de tantos tópicos que el uso hizo común y que realmente viene de muy antiguo y quizás su más conocida procedencia esté en los versos que Jorge Manrique (1440-1479) nos dejaba como parte de las Coplas a la Muerte de su padre -don Rodrigo Manrique, Maestre de la Orden de Santiago-, ocurrida en Noviembre de 1476 ,y probablemente, una de las mejores elegías de la poesía española, cuya primera estrofa se cerraba con esos versos:  “Recuerde el alma dormida,/ avive el seso y despierte/ contemplando/ cómo se pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando;/ cuán presto se va el placer,/ cómo, después de acordado,/ da dolor,/ cómo, a nuestro parecer,/ cualquiera tiempo pasado/ fue mejor”. Sobre esto, como en casi todo, habrá opiniones para todos los gustos en función de la nostalgia y vivencias de cada uno y del borrado que la memoria suele hacer de lo peor del pasado que, en cierta medida, se tiende a idealizar, “si yo te contara…”, etc. En lo que sí que habrá acuerdo, espero, es en que “Cualquier tiempo pasado,… fue anterior”, permítaseme la broma.

Un pensamiento que no deja de estar presente cuando hablo con amigos de confianza y sale -con más frecuencia de la que me gustaría- el tema sobre la situación actual que atraviesa España y hace inevitable la comparación de pasado y presente -al menos mental- después de haber vivido y analizado lo ocurrido en los últimos cuarenta años y sobre todo en los últimos quince, además de los casi treinta anteriores a los primeros. En ese sentido, repito una y otra vez que, desde mi modesto punto de vista y aunque pueda parecer exagerado a algunos -los andaluces tenemos fama de serlo-, algo que simplifico con una afirmación categórica, aunque el asunto es mucho más amplio y tiene todos los matices que se quieran considerar: Salvo en Tecnología, y todo lo que de ella se deriva, Medicina en primer lugar; Comunicaciones, en sus dos vertientes de espacios geográficos y redes -éstas, con una componente negativa muy clara-; Electrónica, industrial y doméstica; Confort; etc., en todo lo demás y muy especialmente en Educación, Respeto, valoración de la Familia y la Vida, creo que el paso atrás es más que evidente. Se me dirá que eso no es así porque ahora hay más “libertad” que en la época de Franco y su dictadura. Claro, si se entiende por “libertad” lo que ahora se llama “libertad de expresión”, con ese doble rasero al que la involución social experimentada en este periodo que comparo ha llegado, por la que se puede ofender a la bandera y al Rey o romper la Constitución en la tribuna del Parlamento Nacional y desmanes varios, sin cortapisa ni sanción alguna, mientras que defender la vida, la familia tradicional, el respeto a los mayores o el esfuerzo para el logro de objetivos, te clasifica sin paliativo alguno como “facha”, pues el “logro” es de campeonato. Pero un logro, para esa parte de la sociedad, ahora más numerosa de lo que a muchos nos gustaría, que desgraciadamente se ha venido imponiendo fruto de la pérdida de esos valores que se han ido diluyendo. Mientras, la verdadera libertad, la seguridad en las calles; los derechos de los profesores y su prevalencia sobre el alumno -sin que ello signifique el amparo de una posible injusticia hacia el más débil, mínima en cualquier caso-; el respeto que antes decía, a mayores e instituciones o a la propiedad; etc., no cabe duda de que se vieron menoscabadas más que significativamente.

Dicho esto, voy a considerar mi perspectiva sobre cómo ese tópico del tiempo pasado se puede aplicar a los diferentes partidos políticos, por orden de aparición en el espectro parlamentario. Empiezo, como es lógico, por el PSOE, ya que la UCD casi no tuvo pasado cuando apareció como suma de opciones en 1977 y su presente fue muy corto hasta su práctica desintegración total en 1982. EL Partido Socialista Obrero Español sí tenía pasado, triste, sobre todo durante la Segunda República, pero lo tenía, y cuando llegó con su mayoría absoluta pendular ese mismo año, lo hizo dejando a un lado sus principios marxistas y con un mensaje que abría un horizonte esperanzador para muchos, aunque eso duró poco y en 1996 salió del Gobierno por, entre otras cosas, una ruina casi insostenible y numerosos casos de corrupción derivados, posiblemente, de algunas de sus “reformas políticas” que “iban a dejar una España que no la conocería ni la madre que la parió”. Pero después vino el PSOE de José Luis Rodríguez y sus “logros” sociales de “igual-da” ocho que ochenta, “género”, cuando querían decir sexo, “adoctrinamiento” de la ciudadanía, sectarismo resentido en forma de “desmemoria histérica” queriendo buscar la satisfacción de sólo un lado -el de los que perdieron en 1939- y una nueva ruina “gestionada” por el mismo ministro de Economía que había dejado la anterior. Y como no hay dos sin tres, tras la reedición del frente popular el pasado mes de Junio, su clon Pedro Sánchez, “doctor” en plagios de altos vuelos, gratis total, acabó por convertir a ese histórico partido en lo que lo llevaba convirtiendo desde su retorno, el Partido Siempre Opuesto a España, o sea que para este partido, en los últimos cuarenta años, “Cualquier tiempo pasado… SÍ fue mejor”.

El Partido Popular, tras su refundación y cambio de siglas por José Mª Aznar, llegó en 1996 para gestionar la ruina económica de Felipe González -me refiero a la que dejó en España, no a la del dirigente socialista que se fue con el bolsillo bien asegurado-, pero con una mayoría insuficiente que le hizo pasar por el Hotel Majestic de Barcelona para ceder ante el “molt miserable” Jorge Puyol y le permitió gobernar y hacer una buena gestión económica que lo llevó a una mayoría absoluta, pero pasando de puntillas por lo político y social -Escorial aparte- y dejando ver su poca categoría como hombre de Estado cuando no supo reaccionar ante el “golpe de Estado” que le hicieron para desbancar a su partido del Gobierno y habiéndonos legado como heredero al “previsible” Mariano Rajoy -que no lo fue tanto- que no supo tampoco aprovechar la nueva mayoría absoluta, esta vez también pendular, que el desastre del “Atila” ZP había dejado a su paso segando lo que encontró en el camino. De nuevo ruina, de nuevo buena gestión económica -sin entrar en detalles- y de nuevo nada en la reforma política y social que España demandaba, lo que le llevó a salir por la puerta de atrás del Gobierno y provocar un Congreso en el PP que, tras un desconocido hasta entonces proceso de primarias, colocó al frente a Pablo Casado, que llegó con un remozado discurso, mucho más centrado en lo político y social y más cerca del verdadero ideario de los que siempre hemos votado a la antigua Alianza Popular o al posterior PP, las últimas veces más como mal menor que siguiendo sus políticas, más cercanas a lo socialdemócrata que a lo conservador. Este cambio en la cabeza ha hecho renacer la esperanza en los seguidores de este partido y puedo concluir que, para el PP, “Cualquier tiempo pasado fue… peor”, lo que, de momento, es sólo una esperanza pendiente de concretar.

Fruto de ese descontento, que se fue alimentando desde 2011 en la izquierda -recordemos el 15M de la Puerta del Sol- y desde 2012 en la derecha -primer traspiés significativo en las andaluzas de Marzo de ese año-, surgieron tres nuevos partidos políticos, dos de los cuales, Ciudadanos y Podemos, consiguieron representación parlamentaria en su primera aparición nacional en las europeas de 2014 -dos y cinco escaños, respectivamente- y un tercero, VOX, que desde sus primeros pasos llevaba inoculado el veneno de la deslealtad en algunos de sus dirigentes -desecho del PP, que no salidos del partido- y se quedó en blanco, propiciando la caída casi en vertical, año tras año y elección tras elección hasta quedarse en los escasos 47.000 votos en toda España en los comicios de Junio de 2016, desde los 245.000 conseguidos entonces, que las intrigas internas apuntadas dejaron a muy pocos del ansiado escaño europeo que, sin duda, hubiera consolidado el partido como alternativa por la derecha al entonces desorientado PP, pero esa es otra historia que ya he tratado en su momento y sobre la que habrá que volver cuando corresponda tras su insospechada pujanza en las últimas elecciones andaluzas y su interesado empuje por parte de los que quieren romper España.

Centrándonos en el objeto del artículo y para ir terminando, ninguno de estos tres partidos tiene mucho pasado y tampoco, espero, demasiado futuro, sino que son producto de un presente rabioso –nunca mejor utilizado el término- asentado en la mala praxis de los dos grandes partidos, minorías nacionalistas aparte, aunque decisorias en no pocos desmanes de los susodichos grandes. En el caso de Podemos, desde su irrupción en el hemicirco saltándose todas las normas de la decencia, ética y estética, su unión con Izquierda Unida, sus despropósitos inmobiliarios, etc., todo apunta que el futuro no parece halagüeño y “Cualquier tiempo pasado -aunque muy corto- fue… mejor”.

Por lo que respecta a Ciudadanos tras su inútil y desaprovechado triunfo en las últimas elecciones en Cataluña, que nunca debieron celebrarse a tan corta distancia temporal de la aplicación descafeinada del Artículo 155 y su notable crecimiento en Andalucía, pese a haber sido compañeros de viaje de la Sultana Andaluza que remató los cuarenta años de dictadura socialista en mi tierra, podemos decir justo al contrario y parece evidente que “Cualquier tiempo pasado fue… peor”.

Por último, y pese a su cortísima vida real, los escasos tres meses desde su reaparición en unas elecciones a las que tres meses antes ni siquiera pensaba presentarse, tenemos el fenómeno de VOX -en la acepción de “cosa extraordinaria y sorprendente”, que recoge el DLE-, impulsado más por extraños que por propios, que son muy poquita cosa, al que le veo muy poco porvenir aunque la tendencia en el cortísimo plazo les dé algo de vida -más, probablemente, de la que el más optimista de sus dirigentes hubiera soñado jamás-, sobre todo si continúan saliendo los casos que estamos conociendo estos días de auténtico escándalo en Las Palmas, León, Ponferrada, Barcelona, Lérida, Badajoz, Granada, Málaga, algún distrito de Madrid, etc., etc., que demuestran que sin haber tocado poder ni pisado moqueta apuntan maneras, no precisamente en la línea que España necesita sino que, como dice un buen amigo, “toda la basura que tenía el PP se ha ido a VOX”, haciendo una acertada comparación de muchos de sus personajes con aquel sevillano Don Guido de Antonio Machado, que cantara Juan Manuel Serrat, al que “Al fin, una pulmonía mató… …un señor, de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero, de viejo gran rezador… …gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía…”. Pues así son estos salvapatrias que serían de chiste malo de no ser porque mucha buena gente española les ha comprado lo que dicen porque no saben lo que son y hacen, llevados por ese descontento más que justificado por la inacción en lo fundamental de la etapa de Rajoy y Sáenz de Santamaría que espero que Pablo Casado vaya recuperando. En fin, que, en este caso y como la relación entre algo y cero es infinito, bien pueden decir los de VOX que “Cualquier tiempo pasado fue… mucho peor”, a lo que yo añado que, más pronto que tarde, sin duda regresarán cundo esa España cegada por lo visceral, vaya recuperando la razón y el sentido común.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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