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Javier Gomá: La enfermedad del aburrimiento está en la base del populismo

El filósofo y escritor Javier Gomá considera que la estabilidad democrática y la monotonía de una sociedad sometida a leyes y reglas estables está en la base del populismo y que la crispación política es «un intento de huir» de la «enfermedad del aburrimiento».

Así lo ha señalado en una entrevista con Efe con motivo de su visita a Pamplona para ofrecer una conferencia organizada por Fundación Caja Navarra, una cita para la que le presentan como «uno de los intelectuales más lúcidos del panorama actual», licenciado en Filología Clásica y Derecho y doctor en Filosofía, y vigente director de la Fundación Juan March desde 2003.

Analiza Gomá (Bilbao, 1965) que el aburrimiento, que en la sociedad aparece a su juicio «cuando el triunfo de la democracia es total al no existir ya batallas épicas», es una enfermedad del siglo XXI de la que se habla poco y que es fuente de muchas cosas buenas y malas».

Entre las buenas está la posibilidad de «educar bien el aburrimiento y transformarlo en creatividad», y entre las malas «la invención de falsos delirios, falsas intensidades, falsas pasiones», una de las cuales es a su juicio el populismo, que define como «tratar de devolver épica a una democracia aburrida».

Y en ese contexto enmarca también la crispación reinante en el panorama político español, que atribuye también al «intento de huir del aburrimiento. En una democracia está instalada la paz, hay procedimientos pacíficos de resolución de los conflictos, hay un Estado de Derecho y está todo perfectamente reglamentado, vivimos en un mundo sometido a un número infinito de reglas europeas, nacionales, autonómicas, municipales».

En todo ello encuentra Gomá que «el mundo está en riesgo grave de monotonía y justamente por eso nos inventamos la polarización, las pasiones políticas, la crispación», que son precisamente los detalles que diferencian a unos partidos políticos de los otros, ya que «el 80 ó 90 % de sus programas coincide, porque ninguno cuestiona vivir en democracia, en un Estado de derecho, que haya pensiones, funcionarios, sanidad y educación pública».

Por ello, entiende que al estar «la inmensa mayoría de las cuestiones ya decididas» sus diferencias y formas de funcionar consisten en «emocionar, exacerbar, crispar, con mensajes populistas que buscan no tanto convencer al cerebro sino movilizar el corazón».

A todo ello Gomá añade una teoría, en este caso para justificar la génesis de nuevos partidos, de forma que «la crisis económica explicó el nacimiento de Podemos y el problema catalán explica el nacimiento de Vox».

Sobre las soluciones a este «problema del aburrimiento» el filósofo aboga por una «necesaria educación sentimental» en la sociedad democrática, que incluye «no pedir que las instituciones te hagan feliz, no proyectar sobre ellas un exceso de expectativas, porque las instituciones no están ideadas para redimirte o colmarte, sino simplemente para proporcionarte una convivencia pacífica».

En consecuencia, un ciudadano democrático es una persona que ve en la política «un lugar de respuestas penúltimas, no últimas, no el sentido de la vida o la muerte, la salvación ni la felicidad, que pertenecen al ámbito privado. Esas respuestas penúltimas son por ejemplo la convivencia, la justicia, el orden o la legalidad».

En cuanto a Cataluña, comparte categórico que se trata este de «un problema entre catalanes, no entre Cataluña y España, porque España tiene clarísima su unidad indisoluble», a lo que suma su opinión de que en este caso «la independencia es imposible», por lo que la única salida es que «los dos millones de catalanes que la desean no tienen más posibilidad que redefinir sus expectativas».

Y pone un sencillo paralelismo: «Si yo me creo Superman y me tiro por la ventana pensando que voy a volar y en lugar de volar hacia el cielo me caigo al suelo, lo que debo hacer en el futuro no es protestar contra el cielo o contra la capa que no me hace volar, sino no volver a tirarme por la ventana».

Por ello, «con el mayor respeto a esos sentimientos» independentistas, sus defensores «harían bien en reeducar sus legítimas expectativas sabiendo que eso simplemente no va a ocurrir», aconseja.

En cualquier caso, y al hilo del proceso catalán, Gomá se define como defensor del cosmopolitismo, una doctrina que «predica que solamente existe un pueblo, que es la humanidad, y que solo existe un principio, que es la dignidad individual. En ese sentido todos somos sobre todo ciudadanos del mundo, y las fronteras son cada vez más débiles e imaginarias».

Considera esta una «tendencia imparable», por lo que no comparte «la idea de levantar más fronteras y hacer que yo sea extranjero donde antes era ciudadano de un país, que yo vaya a Cataluña y sea extranjero», zanja Gomá. EFE

María Montoya

 

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