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Conversación nocturna con el General Sanjurjo [Memoria de un golpista que quiso ser dictador]

 Uno. …y cierro con chinchón.

GJS. Buenas noches.

Uno. ¡Joder qué susto!

Dos. Esto… buenas… ¿quién es usted y de dónde sale?

GJS. Disculpad que me presente así. Pero acabo de leer la última convocatoria de subvenciones del Gobierno de Navarra y me parece que hay que aclarar las cosas.

Uno. [recogiendo las cartas] Ya… ¿Y usted es…?

GJS. José Sanjurjo. General José Sanjurjo.

Uno y Dos a coro. Cooooño.

GJS. No lo digas como si supieras quién soy, porque está claro que no tienes ni idea.

Uno. Hombre…

GJS. No sabes nada, Jon Snow. Anda, reparte cartas. ¿Qué whisky es ese?

Dos. Hombre, algo sí sabemos. Sabemos que está muerto.

GJS. Qué aguda percepción. ¿Es porque me acabo de aparecer, porque se me ven los huesos, por el olor…?

Uno. Y que era un franquista famoso. Es whisky es un Auchentoshan Triple Oak que…

GJS. [con vehemencia] Y una mierda.

Uno. [con cara dolorida] Pues a mí me gusta…

GJS. Digo que una mierda era yo franquista. Yo no era franquista. Si no me llego a haber matado en mi avión en julio del 36, Franco no habría sido dictador y nunca habría habido franquismo.

Uno. ¿Criminal de guerra?

GJS. ¿De qué guerra, animal? ¡Si yo me maté antes de que empezara!

Dos. ¿Fascista entonces?

GJS. Y otra mierda. Pero ¿qué os enseñan en el colegio, manga de cenutrios?

Uno. Pues… que los que se levantaron contra la República eran fascistas, ¿no?

Dos. Eso.

GJS. Pues no es verdad. Y en Navarra, menos.

Uno. Un momento que vea mis cartas, que me lío… Vale. Abre usted.

Dos. Pues general, como no se explique yo no entiendo nada. ¿Tampoco fue un golpista?

GJS. Eso sí. Al menos lo intenté.

Dos. ¡Ajá! Un facha antidemocrático que se alzó contra la legítima república…

GJS. ¿Cómo que facha?

Dos. …esto… si no era fascista ¿por qué se levantó contra la república?

GJS. Sírveme whisky y te lo cuento… y por cierto, chinchón.

Dos. Maldita sea, no hay manera…

GJS. Empecemos por el principio. Me parece que no tenéis ni idea de qué es un fascista. Los fascistas eran unos señores que mezclaban el socialismo sindicalista con el nacionalismo y, en España, con un catolicismo radical. En España, en mis tiempos, lo más parecido que teníamos al fascismo era la Falange. Y eran pocos.

Uno. Un momento. Los falangistas… los fascistas… ¿socialistas?

GJS. Ay gañán. Pues sí. Nacional sindicalismo. Igual que los nazis eran nacional socialistas. Una parte importante de sus ideas eran derechos de los trabajadores, acabar con los capitalistas explotadores, esas cosas. Claro que también querían un Estado totalitario, una dictadura, una exaltación de la raza y la patria, un culto a lo militar, y otras cosas que están menos de moda salvo en Venezuela.

Dos. ¿Y a usted no le iba eso?

GJS. Va a ser que no. Yo era menos exótico. Llámame un republicano moderado o un monárquico constitucional. Estaba bastante próximo al tradicionalismo.

Dos. ¿Al qué?

GJS. Tradicionalismo. Carlismo. ¿Qué diablos te enseñaron tus abuelos? Si hasta una de tus abuelas fue margarita.

Dos. …no. Una era Manuela y otra Clarita.

GJS. Margarita. El cuerpo auxiliar femenino de los requetés, la milicia carlista.

Uno. Ah. ¿Fachas?

GJS. Que no… Anda, ponme otro chupito, que este whisky es casi bueno. Los tradicionalistas, o carlistas, no eran lo que son ahora. En el 36 eran la mayor fuerza política en Navarra, habían ganado todos los escaños en las últimas elecciones. Eran… ¿te suena lo de Dios, Patria, Fueros, Rey?

Dos. Algo. ¿Cómo era? Por Dios, por la patria y el rey…

GJS. Ah, sabía yo que la abuela te habría enseñado algo. Eran la caña. Los carlistas querían volver a la monarquía, pero con un rey de otra dinastía, y con una constitución y un parlamento. Querían volver a los fueros, que eran un sistema casi confederal donde cada territorio tiene sus cortes. Querían acabar con los excesos de los capitalistas y latifundistas. Querían la doctrina social cristiana. Y querían que España fuera católica.

Uno. Ya…

GJS. Pero muy católica. Mucho. Eso de la tolerancia religiosa les parecía como a los carcas de hoy el matrimonio gay. O peor. Meterse con la Iglesia para ellos era como… como…

Dos. ¿Cómo la pornografía infantil?

GJS. Pues más o menos. Y en el 36, viendo que se les venía encima otra andanada de quema de iglesias, estaban montando un alzamiento cuando les convencimos de que se unieran al nuestro. A los carlistas les gustaba eso de alzarse y echarse al monte. No se andaban con chiquitas.

Uno. Qué «exagerao»…

GJS. Qué va, ya llevaban armadas tres guerras civiles desde mediados del XIX, y alguna casi la habían ganado. Esta habría sido la cuarta.

Uno. No, si digo lo de la quema de iglesias… que no me creo que fuera para tanto la cosa, vamos. Un par de iglesias y tal. Como para montar una guerra, digo.

GJS. Madre mía. ¿Pero vosotros qué sabéis de la Segunda República?

Dos. Pues… que era democrática y guay, y que llegaron los fachas y dieron un golpe de estado pero les salió mal y hubo guerra. ¿No?

GJS. Joder cuánto daño ha hecho la LOGSE. O la LOMCE. O la que sea… Hala, ponéos cómodos.

Erase una vez una dictadura suave y popular, tan popular y suave que la apoyaba el Rey y entre sus ministros estaba hasta Largo Caballero, el jefe del PSOE. Había puesto orden en un país que se desmoronaba. Y en 1930 el dictador dimitió. En 1931 se celebraron elecciones municipales y los partidos republicanos ganaron. No habría pasado nada (no era un referéndum de cambio de régimen). Pero hubo un alzamiento.

Uno. ¿Un qué?

GJS. Un alzamiento. Era una tradición española. Dices que quieres un cambio de gobierno y esperas que el resto del ejército y la población te sigan. Tuvimos unos 200 en el Siglo XIX y otro puñado en el XX. Aquí se alzaron unos militares en Jaca, intentando dar un golpe de estado para traer la república. Fallaron y les ejecutaron, pero sus apoyos (ese PSOE y esos partidos republicanos) salieron a la calle. El Gobierno se asustó. Me preguntaron a mí, que estaba a cargo de la Guardia Civil, si podría mantener el orden. Les dije que no estaba seguro… y el Rey abdicó, y llegó la república, ¿Qué conclusión sacáis?

Dos. ¿Que les dejó usted caer?

GJS. No. Que el origen de la Segunda República fue un levantamiento contra la legalidad vigente y democrática. Que encima falló.

Dos. Ah. ¿Pero no era monarquía? ¿Cómo va a ser democrática?

GJS. Monarquía parlamentaria. Muy parecida a la actual, el Rey ni pincha ni corta. Bueno, pues ¿sabéis lo primero que pasó cuando se proclamó la república? Antes incluso de que hubiera elecciones y las ganaran Azaña y sus socios de izquierda.

Uno. Apuesto a que nos lo va a decir…

GJS. El gobierno provisional empezó a separar Iglesia y Estado, secularizar la enseñanza y el ejército… y a los radicales se les subió a la cabeza. Empezaron a quemar iglesias y periódicos monárquicos por media España. Ardieron en torno a cien edificios religiosos y muchos más fueron atacados. El gobierno no quiso hacer nada durante días, y lo dejaron impune. Entre lo quemado estuvo la segunda biblioteca más grande de España y cuadros de Van Dyck o del Greco. Y entre las curiosidades, profanaron cadáveres en varias ciudades. Lo de agredir a los religiosos ya se da por supuesto, y mataron a varios.

No creo que os podáis imaginar una barbaridad así hoy en día. Es el tipo de cosas que hacen los talibanes, y se hizo aquí en 1931.

Uno. ¡Joder! ¿Cien iglesias? ¿Y no hizo nada la policía?

General Sanjurjo.

GJS. Dicen que Azaña, ministro entonces, dijo «todos los conventos de España no valen la vida de un republicano. Si sale la Guardia Civil, yo dimito». No «la vida de una persona» ni de «un ciudadano», ni de «un español». No: las únicas vidas que le parecían importantes eran las de los republicanos, los suyos, que se estaban cebando con sus rivales políticos, los católicos y los monárquicos.

El periódico El Socialista (que sigue existiendo, creo que lo lleva @martuniki) acusó a los religiosos de disparar con pistolas, armas y granadas «con muy mala puntería, puesto que ningún incendiario resultó herido», y apoyó la quema. Pio Baroja lo describe muy bien… si es que sabéis leer.

La reacción del gobierno a la quema fue… cerrar periódicos monárquicos y encerrar a sus directores, que luego fueron absueltos, claro. Prohibir a la Iglesia disponer de sus propios bienes. Quitarles el permiso para dar clase. Acabaron expulsando del país a un cardenal que protestaba por estas cosas. Se podía atacar a los curas, pero no criticar el laicismo o el anticlericalismo.

No os podéis hacer idea de la impresión que un sectarismo como ése causó en España. Las leyes sólo protegían a los que pensaban como el gobierno (laicista, republicano). La república no protegía a todos sus ciudadanos.

Dos [con la boca abierta] …coño.

Uno. Chinchón. ¿Jugáis o charláis?

GJS. Sólo me has pillado una. Vale, pues después de eso ganaron las elecciones el tal Azaña y los socialistas. ¿Qué creéis que pasó?

Dos. ¿Más iglesias?

GJS. No. Azaña se puso a dar la vuelta al Ejército para asegurarse su lealtad. Así que unos cuantos formaron un grupo para dar un golpe y restaurar la monarquía parlamentaria y hacer como Primo de Rivera. Yo me uní al grupo. Pero a la hora de la verdad me dejaron más solo que a los de Tudela: Franco se echó atrás, los requetés decidieron no participar, en Madrid se alzaron cuatro, y del resto de las ciudades apenas hubo noticias. Al final me quedé yo sólo alzado en Sevilla, y le dieron mi nombre al golpe. La Sanjurjada. Tiene narices…

Cuando vimos que no nos seguían, abandonamos. Fui juzgado y condenado a muerte.

Dos. [con cara de preocupación] ¿A muerte? ¿Le mataron? Pero entonces ¿cómo…?

GJS. Me resucitó la sacerdotisa de rojo, no te jode. No, me lo conmutaron a perpetua para evitar que pasara como con los golpistas de Jaca. Y un par de años después ganaron las elecciones los Radicales (unos señores anticlericales y muy republicanos) y sus socios de la CEDA (un grupo de partidos de derechas) y me indultaron, con la prohibición de volver al ejército. Me tuve que exiliar.

Dos. Ah. Qué susto, esto empezaba a parecer Juego de Tronos.

GJS. Vale. Pues como decía en el 33 ganaron los radicales de Lerroux con el apoyo de la CEDA. Todo democrático y legal. ¿Qué crees que hicieron los partidos de izquierda?

Uno. ¿…mandar un telegrama de felicitación?

GJS. No. En el 33, antes siquiera de que cambiara el gobierno, los anarquistas (el «comunismo libertario») se alzaron, con una insurrección por distintos puntos del país que el gobierno saliente de Azaña (izquierda y socialistas) reprimió a tiros. No era la primera vez, sino la tercera en dos años, que los anarquistas se alzaban en armas. Murieron 75 alzados y 14 miembros de las fuerzas del orden, civiles aparte (los alzados atacaron a la gente pudiente y a las autoridades), en siete días. No fue exactamente una protesta pacífica: descarrilamientos de trenes, sabotaje de vías, líneas telegráficas y telefónicas, voladuras de puentes, destrucción de archivos, incendio de iglesias, asaltos a comisarías, tiroteos y escaramuzas… ríete de los CDR.

Dos. Joder.

GJS. Sí. Digamos que se alzaron contra la legítima república y el resultado de las urnas. Pero al fin y al cabo eran anarquistas. Estaban tan locos que casi se han extinguido. No cuentan, ¿verdad?

Dos. …esto…

GJS. Pero en el 34, los que no aceptaron el resultado democrático de las urnas fueron el PSOE y el resto de la izquierda revolucionaria. Digamos que perdieron los errejonistas, y decidieron echarse a la calle.

Uno. ¿Manifas violentas?

GJS. Un poco, sí. En octubre de 1934 los demócratas de los socialistas abandonaron la «vía parlamentaria» y se pasaron a la «insurreccional» (es decir, se hicieron pablistas, pero a tiros). Promovieron una huelga revolucionaria para pasarse por el forro la ley del «legítimo gobierno» republicano. La Revolución de 1934, la llamaron. Lo podrían haber llamado el Alzamiento de 1934, ya que en Madrid intervinieron militares relacionados con el PSOE… pero hubo disturbios por media España. En Asturias (República Socialista Asturiana), en vez de militares usaron 30.000 mineros armados con explosivos y enmarcados en el Ejército Rojo Asturiano. Mataron a muchos antes de que se restableciera el orden, y no llegaron a Madrid porque les volaron los trenes.

En total, entre 1.500 y 2.000 muertos (incluyendo 320 agentes del orden y 35 sacerdotes) en 15 días. La ciudad de Oviedo quedó casi destruida, Catedral y Universidad incluidas.

Vamos, que en 1934 el PSOE y sus amigos se alzaron contra la legitimidad republicana. Porque habían perdido las elecciones. Por si no ha quedado claro.

Dos. Ya, ya… que a eso de los alzamientos contra la República jugaban todos, lo pillo.

GJS. Exacto. Dame cartas. En Cataluña fueron casi igual de lejos: Companys y alguno más de ERC decidieron hacer una DUI, declararse independientes e inventarse una República Federal española a la que invitaron a unirse a los «antifascistas», mientras asesinaban a sus rivales políticos. Por si no ha quedado claro, en el gobierno estaban un partido de centro y una coalición de derechas, ninguno de ellos fascista. El gobierno de la república mandó también al ejército y acabó con la fiesta, que no contaba con demasiado apoyo popular.

Uno. …y siete. Sales.

GJS. A partir de ese punto, todos los españoles que no eran de izquierda revolucionaria empezaron a ver al ejército, que había detenido la revolución, como fundamental para garantizar el futuro. Y algunos, como Calvo Sotelo, a pedir un nuevo dictador militar transitorio que pusiera orden. Recurrir a la fuerza para hacer la revolución fue un error del que en 1942 se arrepentía el propio Indalecio Prieto, ya desde México.

Ahí fue también donde los carlistas perdieron la paciencia y empezaron a conspirar contra la República y a organizar a sus juventudes, los Requetés, como milicia para enfrentarse a la agitación callejera izquierdista, y a la próxima «revolución», con las mismas armas.

Dos. Vaya. Pero entonces gobernaba la derecha, ¿no?

GJS. Gobernaban los Radicales de Lerroux con la derecha. Y no eran tan sectarios como la izquierda.

Uno. …ya, eso lo dice usted. Yo lo que tengo oído es que eran tan bestias unos como otros.

GJS. Pues busca por ahí barbaridades del gobierno o las derechas entre el 34 y el 36, a ver si encuentras, so listo. Búscalas y me las cuentas.

Lo malo es que entre el 34 y el 36, los radicales se cubrieron de mierda. Ríete de la biutiful de Felipe Gonzalez o la corrupción del PP. Se pudrieron. Y toda la oposición se juntó, y se hicieron bloques. Frentismo.

Uno. ¿Frentismo?

GJS. Frentismo es como lo que tenemos en Navarra, donde se juntan churras y merinas para que no gobiernen «los otros» y se marcan líneas, donde «si no estás conmigo estás contra mí». Frentismo era el Frente Popular, y frentismo es el cuatripartito.

Sólo que en ese Frente Popular estaban también los mismos del alzamiento de 1934, y seguían pensando en hacer la revolución. Es decir pasarse por la piedra la legalidad y los derechos de los demás.

Dos. Bueno, pero la gente no les votaría.

GJS. En Navarra no, no ganaron un solo escaño. Pero en total, tuvieron una mayoría mínima. Como lo del cuatripartito pero aún menos. Y pasó lo que se veía venir. Imagínate que Bildu gobernara en Madrid, controlara la policía, los jueces, las cárceles, y tuviera sus propias milicias. Imagina Alsasua pero a saco, que no puedes ni manifestarte en contra sin que te disparen los Guardias de Asalto. Es que no os lo podéis ni imaginar…

Uno. [con sonrisilla de superioridad] Ya. Que se temían un aquelarre e hicieron como la izquierda, no aceptaron las elecciones y se rebelaron.

GJS. No. Todavía no. Los carlistas lo estaban preparando pero no se decidían, nosotros montamos un grupo para lo mismo, y seguro que había otros. Pero nadie quería romper la baraja, nadie quería empezar, porque estaba claro que la gente estaba muy dividida. Podía acabar en guerra civil. Y los únicos a los que no les daba miedo una guerra civil eran los carlistas. Kamikazes…

Dos. ¿Entonces?

GJS. Como la violencia quedaba impune, todos la usaban para atacar o para defenderse. Las juventudes de unos y otros, y milicias de todos los partidos, andaban abiertamente a la gresca. La violencia creció mientras las autoridades no sólo se lavaban las manos de las atrocidades sino que parecían tolerarlas abiertamente. Como las generadas por el notorio, y finalmente asesinado, teniente José del Castillo y su unidad de la Guardia de Asalto.

Uno. Pero ¿qué narices es eso de la Guardia de Asalto? ¿Una milicia comunista?

GJS. No. Eran policías. Como los antidisturbios de ahora. Pero estaban politizados, algunos entrenaban milicias y se implicaban en los desórdenes. Cuando mataron a del Castillo en represalia por alguna de sus burradas, su grupo de policías y milicianos quiso vengarse asesinando al líder de la oposición (la CEDA) y al no encontrarle, secuestrando y asesinando a otro diputado, José Calvo Sotelo…

Dos. Ese me suena. Otro franquista, ¿no? O por lo menos facha.

GJS. Ni franquista ni facha. Era el líder de un pequeño partido conservador y monárquico llamado Renovación Española. Un caballero que había sido ministro de Hacienda entre otras cosas, y lo había hecho muy bien, y que cuando rehízo los municipios españoles, había sido el primero en la historia en dar el voto a las mujeres. Como lo oyes.

Dos. ¿Entonces no era facha?

GJS. No. Era monárquico, que es con los que se cebaban los revolucionarios. Los fascistas eran pocos y más peligrosos.

Uno. Espere, espere… yo sé que Calvo Sotelo era franquista. O al menos, pedía una dictadura militar. ¿O no?

GJS: Pedía una dictadura como la de Primo de Rivera, moderada, que limpiara el caos…

Uno. ¡Pues eso! Quería una dictadura. ¿Por qué no le encerraron?

GJS. Porque en una democracia, puedes pedir lo que quieras. Calvo Sotelo pedía una dictadura militar, el PSOE pedía una dictadura del proletariado, los anarquistas querían una dictadura comunal… y todos votaban, y ahí debía haber acabado la cosa. Podemos es comunista, Bildu es separatista, y nadie les mete en la cárcel porque piensen que hay que cambiar el Estado.

Pero esos milicianos se equivocaron de persona. Además de ser un político de bastante prestigio, estaba muy relacionados con los carlistas y con la asociación de militares conservadores. Le mataron un 13 de julio, y el día 14 los carlistas navarros confirmaron a Mola que apoyarían el pronunciamiento. Y Franco, que controlaba las tropas de Africa, se decidió también. Y con eso, el plan se echó a rodar.

Uno. Un golpe de Estado.

GJS. Un pronunciamiento más. Del XIX hace mucho tiempo, pero entonces no hacía tanto. Yo nací en el XIX y llegué a combatir en la guerra de Cuba en 1898. Aquí con pronunciamientos se hicieron derrocamientos de gobiernos, se destronó a una reina y varias dinastías, se restauró un rey, se trajeron dos reyes extranjeros, se impusieron 5 constituciones, una república con dos modelos diferentes de gobierno, 3 guerras civiles, varias en Cuba y Filipinas y una permanente en Africa…

Dos. Ya. Y éste se hizo para poner a Franco de dictador e imponer el fascismo…

GJS. [Se tapa la cara con las manos] Noooooo. Pero qué manga de incultos. ¿Es que realmente no sabéis nada? El comandante en jefe iba a ser yo, no Franco, y del fascismo ni se hablaba. Los carlistas, por ejemplo, eran más fuertes que los fascistas y lo que querían era una monarquía parlamentaria. Pero no había nada claro, nada decidido, porque la muerte de Calvo Sotelo lo precipitó todo. Los militares no eran fascistas. Y los carlistas tampoco, se unieron porque confiaban en mí, porque yo era monárquico, serio, venía de familia carlista, y porque no tenía nada que ver con republicanos como Mola o los seudofascistas de Falange.

Uno. Vale. Pero quería ser dictador, como Franco.

GJS. Te perdono porque llevo escalera de color.

Uno. Arrgh. Iba a cerrar yo, por una vez…

GJS. Calla y apunta. Y sirve whisky. ¿Dictador? Sí. ¿Como Franco? No tenéis ni idea. Franco fue un tipo de dictador que no se había visto nunca en España, un dictador totalitario que no se quería bajar del burro. Yo lo que quería era restaurar el orden de 1923, o algo parecido. Fíjate si soy demócrata que cuando dimitió Primo de Rivera, el Rey estuvo a punto de encargarme a mí tutelar el retorno al orden constitucional. Yo lo habría hecho bien, no como Berenguer. Y cuando ganaron los antimonárquicos en las elecciones del 31, siendo yo responsable de la Guardia Civil, me negué a apoyar a los que querían pasar por encima de la voluntad popular. Por eso la República nació, y por eso me confirmaron a mí al frente de la Benemérita.

Dos. Eso ya lo ha contado. Pero sigue siendo un golpe de estado contra la autoridad legítima para convertirse en dictador.

GJS. Ya. Lo de la «autoridad legítima». La «legitimidad» no la dan los votos, la da el cumplimiento de la ley, y el Frente Popular no la estaba cumpliendo.

Uno. Bueno, si te han elegido… No se puede ignorar la voluntad popular…

GJS. Si te han elegido no estás por encima de la ley. Si te han elegido y aplicas la ley como te da la gana estás siendo sectario. Si te han elegido e ignoras la ley para favorecer a tus fines o tu gente, no eres un gobierno legítimo. Llegar al poder con votos y luego ejercerlo para romper la baraja ignorando las leyes no es tener legitimidad. Si el Frente Popular quería hacer la revolución con legitimidad, tendría que haber cambiado la Constitución. Y no tenía mayoría para ello.

Dos. O sea, que cree que el levantamiento estaba justificado.

GJS. Pues sí.

Dos. Pues yo no lo tengo claro.

GJS. Pues ese es tu problema, no el mío. Yo estaba allí, y la media España que apoyó el levantamiento pensaba lo mismo, y la que se opuso no. Te cuento lo que pasó, y si quieres más puedes leerlo hasta en la Wikipedia, que es gratis, y luego tú te formas la opinión que te dé la gana. Mientras no te dediques a leer panfletos, dudo que llegues a otra conclusión. Pero en cualquier caso a mí me importa un rábano.

Uno. Y además admite que quería ser dictador.

GJS. Sí. Pero no un dictador totalitario. Quería hacer como Primo de Rivera o tantos militares antes, que habían restaurado el orden y estabilizado las cosas para un gobierno civil sensato.

Dos. Pero un dictador.

GJS. Sí.

Uno. Y un golpista.

GJS. Sí.

Uno. Entonces, aunque no fuera facha ni franquista ni criminal de guerra, está bien que le saquen del monumento a los Caídos de Pamplona.

GJS. A mí eso me da igual, a estas alturas. De hecho mi primera tumba fue en el cementerio de Pamplona, y ahí estaba tan tranquilo. Pero paráos a pensar un poco. España está llena de monumentos a gente que se pronunció o dio golpes, desde Daoiz y Velarde hasta los sublevados de Jaca e incluso Durruti, pasando por los Cantonales de Sagunto, y si me apuras la tradición viene desde los Comuneros. Y no voy ni a mencionar a los líderes de los dos bandos en las guerras carlistas, con sus estatuas ecuestres y sus más de 200.000 muertos. Cuando las instituciones no funcionan, y entonces no funcionaban, levantarse puede ser necesario y estar justificado, o parecerlo. Unos ganan y otros pierden, y los que tienen seguidores reciben un monumento. A veces ese monumento se pone donde hubo otro, y las calles van cambiando de nombre según los gobiernos. Es la Historia, es lo que hay. Ponerse a juzgar la Historia es hacer el canelo, perder el tiempo.

Si quieren desenterrar cuatro huesos o demoler un monumento y poner otro, allá ellos. Siempre ha sido así. Pero lo que no deberíais dejar que hicieran es demoler la Historia, engañaros y contar lo que les dé la gana.

Ni yo fui franquista, ni fascista, ni todos los que se alzaron conmigo lo fueron. Eso llegó después, a lo largo de la guerra y más tarde, en una Europa donde los únicos que se enfrentaban a los comunistas eran los fascistas. Y no lo hice yo.

En Navarra todos los escaños en el 36 fueron para gente que no era fascista pero estaba dispuesta a ir a la guerra civil para detener lo que estaba pasando. Y es que estaba pasando algo muy serio.

No hace falta que te guste, o que te caiga simpático yo, o mis ideas, o nadie. Es lo que hay, y no depende de tu aprobación. Si me quieres creer, me crees. Si quieres contrastarlo, te informas. Y si no quieres creerlo, es tu problema. Seguirás viviendo en un mundo que no es real, donde la Historia está inventada para conveniencia de unos cuantos, y donde el líder de un partido separatista sectario, intimidador, lo más parecido que se ha visto en años a los sectarios del 36, es capaz de proclamarse demócrata insultando la poca memoria que os queda de nosotros, mezclándonos con unos asesinos a sangre fría que mataron en democracia, como los pistoleros de entonces.

Dos. Ehhm… Yo…

GJS. Y no os lo tomáis en serio, pero los que pretenden que están por encima de la ley porque les han votado, y los que creen que pueden acosar por las calles a los que no piensan como ellos, y los que lo toleran, y los que juegan a los frentes, están jugando con cosas muy serias para la democracia.

Uno. Los de…

GJS. Chinchón otra vez. Si es que no me estáis atentos.

 

Apéndice

Rebelión Cantonal durante la I República (y otras revoluciones):

Pronunciamientos variados:

Sublevación de Jaca en 1931

Disturbios y quema de conventos en 1931:

Sanjurjada en 1932

Rebelión anarquista 1933

La Revolución de Octubre de 1934

José del Castillo

Calvo Sotelo: 

Repaso del Carlismo

Javier de Borbón Parma

Partido Republicano Radical (Lerroux)

José Sanjurjo

 

(Este artículo se publicó originalmente el 25 de noviembre de 2016 en LosDeLaCasta.es en tres partes, la versión original está en Medium.com).

 

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE), es economista y le gusta mucho la memoria histórica, pero completa y voluntaria.

Artículo anterior Usar los Fueros a favor de los navarros

 

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