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Marionetista, un oficio artesano en peligro de extinción

Crear una marioneta e insuflarle vida a través de movimientos que transmiten emociones es un oficio artesano “en peligro de extinción” en España, pues no existe una universidad de títeres donde los jóvenes puedan aprender, ni programaciones estables ni salas públicas dedicadas específicamente a ello.

Así lo explica a Efe Edu Borja (Valencia, 1959), marionetista con más de tres décadas de experiencia que destaca que, aunque hay compañías de títeres en casi todas las comunidades autónomas, la mayoría las forma gente “casi jubilada”, que ya tienen “una edad”, y no ve “una avalancha de gente nueva” que quiera dedicarse a las marionetas.

Aunque nunca ha dejado de construir títeres y de viajar en su furgoneta para hacer funciones tanto para adultos como para todos los públicos, admite que lo que le da de comer es el doblaje, pues opina que en España “la cultura está maltratada” y critica que durante la crisis no se contrataran estos espectáculos.

Rechaza el “cliché” de que las marionetas son solo para niños, ya que aunque estos creen que los muñecos están vivos y se quedan “con la boca abierta”, también hay “muchos adultos que entran en ese juego” y en pleno siglo XXI les siguen fascinando estos espectáculos “aunque vean que hay un señor detrás moviendo los muñecos”.

Borja relata que hay funciones en las que al acabar se le acercan personas de 80 años que le cuentan que no se habían reído así desde hace tiempo y que se quieren hacer fotos con los títeres, y también adultos que acuden llorando porque el espectáculo les ha “tocado la fibra, lo cual es muy gratificante como artista”.

Lamenta que las marionetas son “la hermana pobre del teatro”, pues “la misma gente del teatro”, desde directores a dramaturgos y actores, consideran que “esto es un entretenimiento para niños” y que quienes hacen este teatro “no son ni actores”.

Pero él reivindica que la marioneta “va mucho más allá que el actor”, pues este teatro se basa en objetos inanimados que son capaces de transmitir emociones y que hacen cosas que no puede hacer un actor, como por ejemplo volar, manipuladas por una persona que debe estar “lo más neutra posible” para que no se fijen en ella.

Admite que en España existen muchos festivales internacionales de marionetas, como en la Vall d’Albaida, Alicante, Sevilla, Tolosa, Bilbao o Segovia, pero precisa que duran pocos días, participan como máximo ocho grupos y muchas veces los programadores los usan como excusa para no programar títeres el resto del año.

Aunque ha trabajado con todo tipo de marionetas, confiesa que la que le “enamoró” es la de hilos y destaca que siempre le ha gustado “cuidar la manipulación, que el muñeco exprese cosas”, y hacer números -tanto dramáticos como cómicos- de solista con música de fondo, que es “la que marca el tempo y el guión” a la marioneta.

“Es una forma de magia”, reivindica el creador de espectáculos como “Quijote vive” y “Geronto Show”, quien destaca que las marionetas son “un bien cultural”, artesanía hecha a mano que si se perdiera sería “algo catastrófico”.

En su taller atesora una colección de más de cien marionetas, algunas compradas en otros países y otras modeladas por él de forma autodidacta, a partir de libros en otros idiomas con profusas ilustraciones que guarda “como oro en paño” y de la experiencia adquirida junto a un artista fallero.

Borja, quien periódicamente imparte conferencias y talleres, asegura que “un titiritero no se jubila nunca” y mientras tenga fuerzas seguirá construyendo marionetas, ensayando con ellas y ayudando a quienes quieran aprender un arte que le atrapó de niño, cuando veía en la televisión en blanco y negro “La perrita Marilín” de la marionetista austríaca Herta Frankel. EFE

Pie de foto

Edu Borja, marionetista con más de tres décadas de experiencia, muestra una de sus creaciones. Crear una marioneta e insuflarle vida a través de movimientos que transmiten emociones es un oficio artesano “en peligro de extinción” en España, pues no existe una universidad de títeres donde los jóvenes puedan aprender, ni programaciones estables ni salas públicas dedicadas específicamente a ello. EFE

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