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Los cuatro errores de Ciudadanos

Cuarenta días han hecho falta para pergeñar un acuerdo a tres bandas que acabara con los 40 años de gobierno socialista en la Junta de Andalucía. Y a lo largo de esos 40 días hemos visto una sucesión de tiras y aflojas entre tres partidos condenados a entenderse. Hora es de hacer balance.

La negociación (que, estrictamente hablando, aún no ha concluido, puesto que Ciudadanos y PP deben aún terminar de repartirse las consejerías) ha dejado dos grandes vencedores y un perdedor.

El primero en la lista de vencedores es el Partido Popular, que ha sabido transmitir el mensaje de que tiene la suficiente cintura política como para articular pactos a derecha e izquierda. Es cierto que el PP tendrá que enfrentarse en el futuro a los problemas derivados de sus contradicciones internas en temas como las políticas de género y las competencias autonómicas, pero con la negociación ha sabido ganarse la presidencia de la Junta y ha relanzado la imagen de un Casado que necesitaba como agua de mayo afianzarse ante sus barones. Y, sobre todo, de cara a las elecciones de dentro de unos meses, ha logrado dejar claro que está dispuesto a conformar mayorías que desbanquen de sus cada vez más escasos reductos de poder a la izquierda oficial española.

El segundo vencedor es Vox, que ha sabido lanzar el mensaje de que sabe defender sus ideas, pero sin maximalismos que tensen la cuerda más allá del punto de ruptura. En esa guerra de nervios en que se habían convertido las negociaciones, ha logrado rentabilizar mucho más de lo esperado sus escasos 12 escaños, arrancando el compromiso de acabar con la ley de memoria histórica andaluza, poniendo en marcha medidas que ayuden a las mujeres embarazadas a contemplar alternativas al aborto, asegurándose el compromiso de la Junta de cooperar con los cuerpos policiales en la lucha contra la inmigración ilegal e iniciando el desmontaje de las leyes de violencia de género por el procedimiento de poner fin a los chiringuitos económicos que las sustentan, entre otras muchas medidas. De cara a las elecciones de mayo, ha logrado dejar claro que viene a cambiar radicalmente las cosas, pero que sabe medir sus fuerzas y pactar de manera inteligente dar dos pasos cuando no se puedan dar tres.

Y el perdedor de las negociaciones es, sin duda ninguna, Ciudadanos, que ha conseguido la proeza de meterse un tiro en el pie durante 40 días seguidos. Se podrían haber hecho peor las cosas, pero habría que entrenar mucho para lograrlo. El único mensaje que ha conseguido trasladar Ciudadanos con nitidez de cara a las elecciones de mayo es que ellos están dispuestos a sentarse con cualquiera, Podemos incluido, menos con Vox. Lo cual les hace poco menos que inútiles para conformar mayorías en ayuntamientos y comunidades autónomas.

Ciudadanos ha cometido casi todos los errores imaginables:

– El infantilismo en las formas: puestos a escenificar distancias con respecto a Vox, la negativa a sentarse siquiera a la misma mesa ha quedado como una sobreactuación innecesaria de niño malcriado. Si al final vas a aceptar los votos de Vox para obtener la presidencia del Parlamento andaluz y para ocupar la mitad de las consejerías de la Junta de Andalucía, te podías haber ahorrado las muestras de mala educación.

– La ausencia de liderazgo: tras una campaña andaluza donde quien llevó la voz cantante fue la dirección nacional a través de Inés Arrimadas, las negociaciones andaluzas quedaron en manos de Juan Marín y de José Manuel Villegas, sin que ninguno de los dos supiera dejar claro quién marcaba la pauta. Peor aún: la casi total inhibición de Albert Rivera permitió que se transmitiera a la opinión pública la imagen de que es Manuel Valls, que ni siquiera es afiliado de Ciudadanos, quien dicta la estrategia del partido naranja.

– La elección del enemigo equivocado: tanto las formas infantiles como las salidas de tono de Manuel Valls han contribuido a lanzar la imagen de que Ciudadanos es el polo opuesto a Vox, las antípodas del partido de Santi Abascal. Lo cual quizá podría haber estado bien en un país normal que viviera problemas normales. Pero en un país que ha estado sometido a la tensión permanente del terrorismo nacionalista durante décadas y que ahora vive sometido a la tensión de un golpe de estado permanente, situarte en las antípodas del partido de Ortega Lara, del partido que sienta en el banquillo a los golpistas, te hace convertirte en vergonzante compañero de viaje de lo más indeseable del panorama político español. Ciudadanos ha conseguido transmitir a la opinión pública que está situado en el lado incorrecto de la raya.

– La elección del terreno equivocado para la batalla: todos sospechamos que tanta escenificación y tanta torpeza se deben al intento de Ciudadanos de girar hacia el PSOE para tratar de arrebatarle votos. Pero, puestos a marcar distancias con Vox, Ciudadanos ha elegido el peor de los terrenos para transmitir sus mensajes: en vez de acentuar su perfil socialdemócrata, girando a la izquierda en cuestiones económicas y sociales, Ciudadanos ha decidido potenciar su perfil progre, con un apoyo decidido, entre otras cosas, a las políticas de género. Pero, en ese terreno, el PSOE y Podemos le llevan años de ventaja: hace mucho que ambos partidos renunciaron a ser izquierda para transformarse en partidos progres, así que es imposible ganarles en ese campo. Por mucho que Ciudadanos radicalice su perfil en esos temas, siempre le ganarán a radicales aquellos a los que pretende quitar votos. Para colmo, la mayoría de la sociedad no respalda ese tipo de políticas: si las respaldara, no haría falta realizar ninguna ingeniería social. Así que Ciudadanos va a competir por un sector minoritario de la opinión pública y lo va a hacer, para colmo, con dos trileros experimentados.

Se me ocurren pocas maneras de meter la pata que Ciudadanos no haya ejercitado con entusiasmo durante las negociaciones andaluzas. Dicho lo cual, le deseo al partido de Rivera todo el éxito del mundo en su giro estratégico: por supuesto, prefiero que los votos del PSOE vayan a Ciudadanos. Pero mucho me temo que Ciudadanos va a perder su electorado no progre en favor del PP y de Vox, sin llegar a arrancar del PSOE un porcentaje de voto significativo que compense esa fuga. Fundamentalmente, porque al final la progresía política y mediática le va a estar recordando a Ciudadanos de manera continua que, lo quiera o no lo quiera, si está co-gobernando en Andalucía es gracias a un acuerdo a tres bandas con Vox.

Luis del Pino, Director de Sin Complejos en esRadio, autor de Los enigmas del 11-M y 11-M Golpe de régimen, entre otros. Analista de Libertad Digital

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