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Liberalismo, minorías, y las diferencias entre Ciudadanos y Vox

 Estos días no se puede entrar en Twitter (ni cenar en familia) sin tropezar con la polémica entre los partidarios de Vox y los de Ciudadanos (y PP) sobre el gobierno andaluz, y la bondad o maldad de una serie de leyes sobre violencia de género. Una polémica que, si me lo permiten, es más falsa que un euro de seis pesetas. Hoy veremos porqué.

Digamos de entrada que el problema no es la ley nacional de violencia de género. Es una ley que necesita reformas (y así lo ha dicho Ciudadanos), sobre todo en su desarrollo y protocolos de aplicación. Pero no se va a cambiar desde el parlamento andaluz.

El problema tampoco es la ley andaluza que la desarrolla. De nuevo es imperfecta, pero lo que realmente necesita cambio son sus protocolos de aplicación sin control suficiente, y la administración paralela que ha crecido a su alrededor. Ambas cosas (control de subvenciones y eliminación de la mayor parte de la administración paralela) están ya en el programa acordado por PP y Cs en Andalucía.

Entonces, ¿por qué discuten?, se preguntan muchos que piensan que ambos partidos deberían estar celebrando un gobierno de centro derecha en Andalucía. Si ya están de acuerdo, ¿porqué no hay ya un gobierno?

La sorprendente respuesta es que no hay acuerdo, y que no discuten. Porque lo que está exigiendo Vox a cambio de su voto no es la reforma de una ley (o su aplicación) sino su derogación. Y lo que está diciendo Ciudadanos es que no van a pactar con Vox, y por tanto no hay nada que discutir.

Ciudadanos y Vox han compartido trinchera algunas veces porque hay cosas que defienden los dos, como los símbolos nacionales y el respeto a la ley. Ambos tienen muy claro que hacen falta reformas urgentes en la democracia española y que hay que parar los pies al nacionalismo. Pero desgraciadamente ahí acaban los paralelos. Vox es un partido conservador, populista y nacionalista español. Ciudadanos es un partido de centro liberal y progresista. Son enfoques muy diferentes, especialmente a la hora de diseñar soluciones a esos problemas.

Pongamos un ejemplo. JR Rallo, uno de los economistas más conocidos del país, preguntaba estos días por la memoria económica de Vox, las cuentas que respalden las medidas que proponen. No existe, porque sus medidas son generalidades que demasiadas veces no se pueden aplicar. En cambio Ciudadanos las publica con su programa, porque cuando propone una solución se esfuerza en que sea realista.

Pongamos otro. Cuando se habla de la legislación de violencia de género, Ciudadanos defiende reformar la ley y su aplicación para evitar asimetrías y para dotar de fondos a las medidas que realmente pueden ser eficaces (por ejemplo, policiales) en lugar de alimentar activistas, todo ello desde el máximo consenso. Vox defiende derogarlas y calienta el debate, llevándolo a una cuestión sobre “ideología de género” y difundiendo estadísticas más que discutibles. Uno quiere construir y acepta la complejidad necesaria para llegar a un acuerdo amplio. Otro usa una cuestión delicada para crispar y generar polarización.

Un tercero. Vox ha descalificado varias veces a Manuel Valls, el candidato al que Ciudadanos apoya en Cataluña, por ser “francés”. Si hay algo que Ciudadanos no traga son los argumentos según los que una persona con nacionalidad española no puede opinar, y no digamos expresarse, sobre temas de una región (o en un pueblo) del que no es originario. Esos localismos, regionalismos o nacionalismos (xenofobias por cualquier otro nombre) van directamente contra lo que representa Ciudadanos.

Un cuarto. En cuestión autonómica (por no decir foral) Vox quiere eliminar las autonomías, creyendo que son la causa de las diferencias regionales; en el caso vasco quiere eliminar el concierto y hasta la rotulación en euskera. Vox quiere homogeneizar el país. Ciudadanos busca armonizarlo, haciendo que las diferentes formas de hacer funcionen bien juntas. No quiere eliminar las competencias en educación, sino restaurar la Alta Inspección Educativa con poderes para evitar abusos. No quiere recentralizar la salud, sino asegurar que la tarjeta sanitaria de cualquier español funciona en todas partes y sus datos están accesibles, así como los servicios necesarios. No quiere eliminar el régimen fiscal navarro, sino asegurar que es transparente y que (se calcule como se calcule) al final resulte en que todos los contribuyentes pagamos esencialmente lo mismo, no como ahora que aquí pagamos más.

Para terminar. Vox es un partido que reivindica el patriotismo español, basado en la identidad colectiva y los “valores tradicionales”, y busca “recuperar control” cedido a Europa, como en su día los brexiteros. Ciudadanos (véase las campañas de España Ciudadana) ha reivindicado siempre ese orgullo pero desde un patriotismo cívico, de ciudadanos libres e iguales, en el que ser español (no tener una cultura concreta, porque aquí tenemos unas cuantas) es el origen de los derechos y las obligaciones.

El otro día compartía café con otro ciudadano navarro y le dábamos vueltas al tema de la protección de los derechos de las minorías cuando chocan con la voluntad de la mayoría. Es una tensión que está en la base de lo que se conoce como “democracia liberal”, que intenta combinar esa toma de decisiones democrática con la defensa de las libertades individuales básicas. El principio tras todo ello es que, aunque el gobierno de lo común es cosa de todos, hay cosas que son de cada uno y no están sujetas al permiso de nadie. La declaración francesa de los derechos del hombre y el ciudadano (en su día realmente revolucionaria) va en ese sentido.

En el caso de Vox, hay dos cosas que desequilibran la balanza. De un lado está el “ellos contra nosotros”, los “españoles como yo” y los demás, los sujetos de pleno derecho y los tolerados, propio de nacionalismos y populismos. De otro, está el énfasis en poner la voluntad de ese “nosotros” por encima de los derechos de los individuos (por ejemplo, los que da la nacionalidad española). En ambos casos, Ciudadanos está en el extremo contrario de la balanza, defendiendo la libertad individual de ser como a cada uno le parezca dentro de la ley, todos (todos) libres e iguales ante ella, y protegidos por ella de los caprichos de abertzales, Iglesias, o cualquier otro tipo de populismos.

Por eso Ciudadanos no va a pactar un gobierno con Vox. Eso no significa que haya “cordones sanitarios”. Hablan, y se sientan. Hay muchos puntos concretos en los que se puede llegar a acuerdos, pero las diferencias de fondo son demasiado serias para formar parte del mismo pacto.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y miembro de la junta directiva de Ciudadanos Pamplona.

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