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La tercera España y los cordones sanitarios

Todos han oído alguna vez hablar de “las dos Españas”, una de las cuales “ha de helarte el corazón” según Antonio Machado (y Serrat). Y muchos han oído hablar de la tercera, esa que ni era facha ni era roja, ni del frente popular ni de derechas. Esa tercera España de moderados, de liberales y de gente sensata, que por no ser ni de un bando ni de otro fue finalmente perseguida por los dos… y acabó combatiendo para ambos, obligada a participar en una matanza entre hermanos.

Para crear un bando hacen falta dos cosas: algo que defender, y alguien al otro lado. Lo primero es fácil: basta cualquier peculiaridad propia, real o inventada. Lo segundo también, porque puedes señalar a quien no lo comparte, o a quien lo comparte pero no considera que todo el que lo tiene sea bueno.

Los bandos no tienen porqué tener sentido. Por ejemplo, en Navarra tenemos un bando “del cambio” que agrupa a partidos populistas y nacionalistas, de izquierda y derecha, de orden y antisistema, sin más objetivo común que asaltar el poder en la región. Son la ilustración gráfica del concepto “sindiós”. Casi igual de absurdo que el frente secesionista catalán, que agrupa a los bendicebotijos de Torra con la izquierda de Junqueras y los ácratas de la CUP, todo regado con dinero público (estos ilustran el “nacionalismo como industria”).

No, lo único que necesita un bando es que sus habitantes sean capaces de pensar que fuera de él no hay personas buenas ni sensatas, ni redención posible. Que no hay rivales sino enemigos que odian ciegamente todo lo que significa tu bando, y ocasionalmente comen niños. Lo que a día de hoy se viene a llamar “fascistas”, vamos.

Los de Podemos ven un bando “de progreso” que les incluye a ellos y al PSOE. Sánchez también lo ve. Y ve que más allá sólo se extiende “la extrema derecha”, gente malvada con la que no se puede hablar y a los que se debe aislar con un “cordón sanitario”. María Chivite ha propuesto que se incluya en él a Ciudadanos Navarra por “antiforal”, pero Sánchez es más ambicioso e incluye a todo el partido, no sólo la filial navarra. Malos, malos. No como hace unos meses, cuando los quería como aliados.

Los de Vox ven un bando “de derechas” que debería incluirles a ellos, el PP/UPN/Foro y Ciudadanos, porque si no incluye a Ciudadanos resulta que no es mayoría y entonces se quedan a dos velas, y menudo disgusto.

La gente normal y sensata ve el panorama y reacciona con rechazo. De hecho, fue la gente normal y sensata la que inventó los “cordones sanitarios” originales, un compromiso de no pactar con partidos radicales y gente que cría bandos. Y el nombre está bien puesto, porque estos partidos son infecciosos. Si se les deja, crean niveles de crispación que a su vez radicalizan a la gente: no hay mejor semillero para la derecha que los abusos de sus contrarios, y al revés.

Se puede ser nacionalista y buena gente. Se puede ser comunista y culto. Se puede ser liberal y solidario. Se puede ser conservador y respetable. Ni todos los catalanes son odiosos ni todos los españoles les odian. Ni todos los peperos son corruptos ni todos los del PSOE buscan colocar a la familia. Quien vende generalidades para difamar al “otro bando” entero es, generalmente, un extremista que debería estar al otro lado de un cordón sanitario.

Porque lo único con lo que merece la pena ser intolerante es con la intolerancia. Para todo lo demás, se inventó lo de “una persona, un voto”.

Así que cuando leamos al periódico del cuatripartito llamar “extrema derecha” a toda su oposición, ya sabemos lo que intentan. Cuando oímos a unos reventadores llamar “fascistas” a quien no les sigue la corriente (en Alsasua, en Pamplona, en la Universidad del País Vasco en Alava o en la Autónoma de Barcelona, o en Sevilla tras las elecciones), ya sabemos lo que hay.

Cuando oímos a Sánchez o a Chivite que hay que aislar a Ciudadanos, ya sabemos lo que hace. Como cuando oímos a Vox decir que hay que aislar al PSOE.

Hay que aislar la corrupción. Hay que aislar la intolerancia. Hay que aislar a quienes la practican. No a segmentos enteros de la población.

Y hay que aprender la lección. Hace poco menos de un siglo, la tercera España no pudo impedir que los radicales de uno y otro lado llegaran a las manos, no pudo impedir la creación de bandos y los excesos de los sectarios. Hoy tenemos una sociedad que se cree mucho más culta y madura pero no lo es. Lo que tenemos son una Constitución y unas instituciones surgidas de aquellas lecciones para evitar que vuelva a pasar lo mismo. Los sensatos tenemos que defenderlas. Tenemos que tomarnos en serio el imperio de la ley y la igualdad ante ella. Tenemos que tomarnos en serio los mecanismos democráticos, y limpiarlos de polvo, paja y aprovechados. Tenemos que impedir que los radicales sigan tensando la sociedad, combatiendo su propaganda y sus medidas, recuperando la legalidad donde ya casi no existe (Cataluña) y donde no se impone porque alcaldes como Asirón hacen de su capa un sayo.

Tenemos que aprender a convivir y competir con los que piensan diferente, sin demonizarlos. A menos que sean intolerantes. Con esos, tolerancia cero.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y  miembro de la junta directiva de Ciudadanos Pamplona.

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