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Superser: La historia de una fábrica, la historia de Navarra

La próxima demolición del gran edificio de la empresa Superser en Cordovilla supondrá la desaparición del último vestigio de una fábrica cuya historia es fiel reflejo del desarrollismo de los años sesenta, la conflictividad laboral de los setenta y la profunda crisis económica de los ochenta.

La fábrica de Superser fue la plasmación de un sueño del empresario navarro Ignacio Orbaiceta. Durante su etapa como corredor ciclista, ya mostró dotes de emprendedor al abrir en 1940, junto a su hermano Fermín, un taller de reparación, venta y alquiler de bicicletas en la avenida Carlos III de Pamplona.

Más tarde, en 1958, abrió con otro de sus hermanos, Javier, una tienda de accesorios de bicicletas en la calle Aralar. El negocio creció cuando decidieron montar ciclomotores, de los que fabricaban unos 90 al mes, que se vendían bajo las marcas Lanch y Ser.

Ignacio Orbaiceta, ha explicado a Efe Joseba de la Torre, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la UPNA, encaja perfectamente en el perfil de los emprendedores de la época, que eran “gente muy intuitiva que, sin tener necesariamente una formación específica, sí conocían muy bien el medio en el que se desempeñaban; eran capaces de ver oportunidades de inversión y de negocio”.

Pero, con el clima de Pamplona, las ventas de ciclomotores caían notablemente en otoño e invierno y, para diversificar el negocio, Fermín propuso fabricar estufas de butano, de esas que tanto se estaban vendiendo en la vecina Francia y en Italia.

Las estufas se comercializaron ya bajo la marca Superser, porque la denominación “Ser”, que utilizaban para los ciclomotores, se podía confundir con el nombre de las emisoras de la Cadena SER.

Con las estufas dieron en el clavo. Su éxito fue tal (se llegaron a vender 40.000 al año), que se trasladaron a un nuevo edificio en Cordovilla, que fue inaugurado el 25 de julio de 1963.

A comienzos de los años sesenta, ha destacado De la Torre, Navarra está dejando atrás su pasado agrícola y “está irrumpiendo la sociedad de consumo de masas, que necesita comprar los electrodomésticos, el automóvil, y empezar a disfrutar de un cierto nivel de vida”.

En esa sociedad navarra en plena ebullición, Ignacio Orbaiceta, al frente de la Superser, diversifica la gama de productos hacia los frigoríficos. La expansión de la empresa le llevó en los años 70 a adquirir otros fabricantes: Agni (estufas), Corcho (cocinas) y Crolls (lavadoras).

Con unos 1.500 trabajadores, Superser se situó como la tercera empresa de Navarra por volumen de empleo, solo por detrás de la fábrica de automóviles Auti (actual Volkswagen) y la mina de Potasas.

José Antonio Echauri, extrabajador de oficinas en Superser de 1977 a 1984 y miembro del comité de empresa por UGT, ha señalado a Efe que, en aquella época, las condiciones laborales en la fábrica “eran bastante buenas, dentro de lo que entonces era Navarra”.

La Superser, ha recordado, “era de las empresas punteras en cuanto a salarios”. Un operario de la cadena de montaje podía cobrar unas 25.000 pesetas al mes y “eso estaba muy bien en comparación con el resto de empresas”.

En la planta baja, ha indicado, estaba la zona de producción de la fábrica y encima había dos plantas de oficinas. En la última estaba la dirección del grupo y el despacho de Ignacio Orbaiceta.

SuperSer se convirtió en un fabricante de referencia en España de electrodomésticos de línea blanca y llegó a exportar a treinta países.

Orbaiceta, ha comentado De la Torre, “tuvo la visión de que había que ir hacia mercados exteriores con menor nivel de renta que España, que pueden comprar esos electrodomésticos relativamente baratos”. Eran los países del norte de África y de América latina, pero también algunos del este de Europa, de la órbita soviética.

Las tasas de beneficios y de ventas de aquellos años fueron espectaculares: “Todo lo que se producía se vendía”, ha destacado.

Sin embargo, la crisis industrial de los años 80 hizo que el Gobierno de Navarra terminara comprando Superser, que pasó a denominarse Safel.

Echauri ha subrayado que en esos años “se pasó a vender bastante menos, la empresa entró en perdidas y eso llevó a una reconversión de toda la línea blanca”.

Desde el comité de empresa, del que formaba parte, “hubo que luchar para que sobrara el menor número de personas posible. Hubo muchos problemas, momentos en los que no se cobró la nómina o se cobró la mitad”.

Más tarde, en 1984, la producción se trasladó a la nueva planta de Esquíroz, que fue vendida a Bosch Siemens en 1989.

El emblemático edificio de Superser quedó en propiedad del Gobierno de Navarra y en el mismo se instaló la empresa Porcelanas del Norte para la fabricación de productos de la marca Irabia de 2001 a 2006. Después se utilizó en parte para acoger el Archivo Administrativo de Navarra, el parque de bomberos y oficinas del Departamento de Interior.

Tras la demolición del edificio, la empresa sueca Ikea tiene previsto construir en el solar una gran superficie comercial. Son los signos de los tiempos actuales, que quedan muy lejos de aquel día de 1963 en el que los Orbaiceta vieron cumplido su sueño de construir una nueva fábrica a las afueras de Pamplona. EFEJ

Javier Rodrigo

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