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La presidencia y su dominó

¿Recuerdan las imágenes que propiciaron la caída de Gary Hart? Luchaba su candidatura a la Casa Blanca por el Partido Demócrata. Acusado de tener una amante, retó a presentar pruebas. Entonces vimos sus fotos; sobre un yate, provisto de collar floral y maracas asentaba en su regazo, entre risas, una exuberante mujer distinta a la suya. Dimitió de inmediato.

Me recordaba la situación, por lo chusco, a las de Delgado, Duque y compañía.

El fútbol opinó otrora que la única barrera del entrenador era poco freno antes de que salpicase al presidente el cabreo de la afición. Ante ello, optó por la defensa en profundidad, colocando además director deportivo y gerente a quienes cesar. Pedro Sánchez, deportista en sus tiempos colegiales, pareció aprenderlo. Así, resolvió nombrar un multitudinario cortafuegos. Casi nada; dieciséis carteras, con sus direcciones generales y tramoya, que paga el respetable. No sé si ha sido buena idea; Veamos:

Cayó Huerta al escaquear tributos a través de una sociedad igualita a la de Duque. La negación de los hechos por Máxim, condenado en firme, resultaba insostenible. Mejorando táctica, Montón, surgida la falsedad, hasta se agarró al sentimentalismo clamando por un embarazo que vilipendiaba en sus escritos; al menos, el de otras madres. No coló. De todas formas, tampoco salió mal: nunca unas semanas devinieron tan rentables: un pastón. Además, la sucesora heredó una agenda inmaculada y reutilizable; virginal como el pupitre del polémico máster.

Delgado usó el ataque: ademán duro, altanero, y alusión a sus principios. Sin embargo, la grabación es tan patética como la imagen de Hart. Le pillaron en mentira gorda: resultó que no solo conocía al oscuro Villarejo; además había compartido sus francachelas junto con Garzón. Y en esos conciliábulos, la ministra de Justicia comentaba haber visto delitos que evitó denunciar. Se explayó con un «maricón» (sic) dirigido a su colega de Interior, y un «a las mujeres no las quiero en ningún jurado porque son muy retorcidas» (sic). Por aún si fuera poco, aplaudía divertida que el comisario tuviera putas a su servicio.

Cinta glamurosa, como aquella de Jesús Gil en la bañera rodeado de huríes. O de Luis Roldán en calzoncillos a topos rosas, entre señoritas y lo que parecía cocaína, cuando mandaba sobre la Benemérita para Felipe González. Entiendo la sorpresa de otro alto cargo actual, la directora general de Trabajo, cesada por admitir a trámite un sindicato de «trabajadoras sexuales». Parachoques contradictorio frente a tabloides anunciadores de prostitución y comparecencias toleradas del «sindicato de manteros».

Hace unos días se descubrió que el ministro de Ciencia, Educación y Universidades es un pobriño ignorante: Estaba en la luna cuando creó una empresa ficticia, sin actividad, con único fin de alquilarse sus casoplones a sí mismo, ahorrándose pagar mucha tela al fisco; por error, claro. Facultades e investigación sí, a cambio de que las paguen los demás, oiga. Luego dio una rueda de prensa a la que solo le faltó el «qué va, qué va, qué va, yo leo a Kiekegaard», de los inconmensurables Faemino y Cansado. Buenísimo lo de que todos los europeos organizamos sociedades interpuestas para comprar vivienda. No Pedro, majete, no. Lo común no es poseer una compañía fantasma, sino un hipotecario sangrante; y no para dos mansiones, para cualquier pisito.

Ábalos proclamó que jamás admitirían llegar al poder con votos separatistas. Arrieritos: el de fomento fomentó los apoyos desde PNV hasta Bildu y CUP, para que su jefe le aupara, a él y a abundantes conmilitones, a las poltronas. Ahora dice que «Duque no tiene la ética del PSOE, pero no pertenece al partido». Si para dirigir un ministerio el listón es más bajo, vamos dados.

Fina anda también la vicepresidenta Calvo, entre comentarios desdeñosos hacia los comicios. El equipo de Sánchez anda regando: «Hay que regular los medios de comunicación» (sic) o «La libertad de expresión no resiste todo» (sic) son frases ministeriales que, bien regadas, pueden acrecentar la censura a niveles de sus amados Castro, Maduro u Ortega.

Sánchez es un hombre de una pasta especial: frío, ambicioso, el no agarrarse a ninguna promesa o principio, ajeno a los remordimientos, le permite aseverar una cosa y hacer lo contrario sin despeinarse. Los ejemplos, muchos: elecciones, contrarreforma laboral, inmigración… Sobre el escándalo de su plagio, se refugia entre amenazas a quién publica los datos, y la distancia.

Le hemos leído a exigir dimisiones ante idénticas jugadas que la perpetrada por el exastronauta, y afirmar solemne ante las cámaras que, a quien mantuviera esa conducta, lo cesaría en el acto. Con ese proceder, si lo mantiene, Sánchez habrá engañado una vez más. No obstante, ha advertido que el gobierno, más que a trincheras escalonadas, asemeja un dominó en derrumbe, que se le aproxima pese a la alianza con secesionistas y la extrema izquierda.

Ante eso adopta actitud de don Tancredo, o estatua que apuntala fichas a manera de último parapeto.

Celaá, adinerada ministra de educación con desconocimiento de las tildes, y cara de Moncloa a presi escondido, empleó como símil del ejecutivo el granito. Metáfora desacertada; pone el chiste barato, como aquellas lamentables instantáneas de Gary.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor y empresario

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