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PSOE, una historia unida -directa o indirectamente- al golpe de Estado

Aunque sea por repetición de la VERDAD -no a la manera de Göebbels “Repite una mentira mil veces y la harás verdad”-, hay que insistir en hacer llegar la realidad de la Historia, a ver si conseguimos que esa VERDAD se imponga frente a tanta falacia fruto del resentimiento y sectarismo impostado de la izquierda, hoy en su mayoría ignorante tras el adoctrinamiento de los últimos cuarenta años y la manipulación por parte de sus dirigentes, de la que se aprovecha el nacionalismo de ambos signos, PNV, CiU (hoy PDECat), ERC, BILDU y Cía., menos ignorante tal vez, pero más tendencioso, si cabe, en su permanente batalla por la destrucción de la NACIÓN -que les dio todo- desde su fantasía secesionista.

Haciendo un breve repaso por esos casi ciento cuarenta años de antigüedad, que no de historia, como vengo sosteniendo en mis reflexiones, del Partido Siempre Opuesto a España, no cabe duda de que su mucho más corta presencia real en la política española desde 1910  hasta 2018 deja una triste secuela de periodos en los que ese partido, que muchas veces responde más a partida, aparece como causa o consecuencia de auténticos golpes de Estado.

Ya las conocidas primeras declaraciones de su fundador, Pablo Iglesias Posse, en su debut en solitario como diputado, Julio de 1910: “Nuestro partido respetará la legalidad siempre que ésta nos permita alcanzar nuestros objetivos, si no actuará fuera de la legalidad”, son más que una declaración de intenciones que invitan al golpe, porque no otra cosa supondría alcanzar objetivos políticos “fuera de la legalidad” (sic). Por cierto, no mucho después, el PSOE vio con buenos ojos la Dictadura del General Primo de Rivera, producto del golpe de 1923, con la que colabora, provocando el enfrentamiento entre Largo Caballero (el Lenin español) e Indalecio Prieto, del que salió vencedor el primero, no sin llevar a la postre casi a la ruptura entre el partido y su sindicato, la UGT.

Parte directa y destacada tuvo también el PSOE en la huelga general de Octubre de 1934 en Asturias, que acabó con el intento de golpe de Estado tras un nuevo enfrentamiento de los anteriores protagonistas, imponiéndose de nuevo el criterio del primero para que partido y sindicato participaran activamente en la huelga contra el Gobierno “democrático” de la II República, para lo que el PSOE emitió unas Instrucciones de 73 puntos con las directrices a seguir y ordenando asesinar a quienes se opusieran -incluso mujeres y niños-, de las que el 49º decía “Las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si previamente no se entregan. Son depósitos que convienen suprimir” y frases de Largo Caballero tales como “No debemos cejar hasta que en las torres y edificios oficiales ondee la bandera roja de la revolución”, dentro de lo que el “panfleto” El Socialista calificaba de “un magnífico discurso”. Este auténtico golpe de Estado tuvo que ser sofocado por el Gobierno radical del cordobés (La Rambla) Alejandro Lerroux, que encargó reducir la sublevación al entonces General Franco, quien acató la orden pese a no estar de acuerdo con la República y no aprovechó su victoria para tratar de acabar con ella, porque contra lo que la izquierda de la actual “memoria histórica” y el populismo surgido del movimiento 15 de Mayo de 2011 dicen, Franco no era un golpista, sino un militar disciplinado a las órdenes de su Gobierno, entonces el de la II República. Ese golpe de Estado tuvo su réplica en Cataluña, dirigida entones por ERC -uno de los socios de Pdr Snchz hoy-, cuyo líder Luis Companys proclamó el Estado Catalán, que duró la friolera de diez horas tras declarar el Estado de Guerra el mismo Gobierno republicano de Lerroux y encomendarle al General Batet el enfrentamiento a los golpistas, alguno de los cuales, “valientes” como el fugitivo Picodelmonte y cinco de los suyos -hoy amparados por la “fiel” vecina Bélgica- , huyeron por las alcantarillas y la mayoría fueron detenidos.

No contentos con esto, los siempre “honrados” socialistas -cien años de honradez decían- del PSOE firmaron en Enero de 1936 un pacto electoral con todas las formaciones de izquierdas, IR -Izquierda Republicana- PCE -Partido Comunista de España-, POUM –Partido Obrero de Unificación Marxista- y ERC -Esquerra Republicana de Cataluña-, que dio lugar al conocido como Frente Popular, cuyo primer paso fue el fraude en las elecciones generales de Febrero de ese mismo año, que dieron la  Presidencia de la República a Manuel Azaña con el intento fallido de que el líder del sector más moderado del PSOE, Indalecio Prieto, formara gobierno. Varios meses de desmanes, incendios, saqueos de iglesias, profanación de tumbas, asesinatos, etc., provocaron enorme tensión en los estamentos militares y culminaron con el asesinato del Teniente Castillo, oficial de la Guardia de Asalto por extremistas de derechas, replicado acto seguido con el asesinato del diputado monárquico de Renovación Española, José Calvo Sotelo, el 13 de Julio, que poco antes -16 de Junio- había dicho en un discurso en el Parlamento ante la diputada comunista Dolores Ibárruri que “Es preferible morir con honra a vivir con vilipendio”, lo que al parecer provocó su sentencia de muerte –“Has hablado por última vez” replicó La Pasionaria-, llevada a cabo por un grupo de miembros de las fuerzas de seguridad, entre los que estaba el guardaespaldas de Prieto, Luis Cuenca, autor se dice del tiro en la nuca, y que desembocaron en el triste Alzamiento Nacional del 17/18 de Julio siguientes.

Tras la terminación de la Guerra Civil se abre un largo paréntesis de casi cuarenta años de un desaparecido PSOE en España, que vuelve tras la muerte de Franco y que había “reaparecido” un año antes -Octubre de 1974- en el célebre congreso de Suresnes que entroniza a Felipe González al frente del PSOE. Pero tiene que ser otro intento de Golpe de Estado, el del 23 F de 1981, este no provocado por el PSOE -por eso escribo en el titulo el artículo “directa o indirectamente”-, el que propicia en las elecciones de Octubre 1982 la primera y espectacular mayoría absoluta de los socialistas. Empieza entonces un periodo de casi trece años y toda una serie de reformas cuyo resumen puede ser la famosa frase del Vicepresidente Alfonso Guerra: “Cuando nos vayamos, no va a conocer España ni la madre que la parió”, que sería larguísimo enumerar, pero que puede decirse que casi llegaron a cumplir la “profecía” del sevillano que iba a los toros en un avión del Ejército del Aire -¿nos recuerda a alguien más reciente?-. Lo cierto es que ese largo periodo termina porque empieza a imperar el dominio de la corrupción institucional que produjo una lista casi interminable de casos de todos conocidos. ¿Podría decirse que esa perversión de las normas que alimentan la corrupción sea una forma incruenta de golpe de Estado? Lo dejo al mejor criterio del lector.

Decía en el párrafo anterior que las reformas del PSOE entre 1982 y 1996 “casi llegaron a cumplir la profecía” de Guerra porque todavía faltaba por llegar el que sí que fue un auténtico golpe de Estado, la matanza del 11 M de 2004, que se cerró con una sentencia de apaño porque “los españoles no están preparados para saber la verdad” -que decía el juez Javier Gómez Bermúdez a las víctimas- y que llevó a la presidencia a un personaje como José Luis Rodríguez, que había llegado en el año 2000 a la Secretaría General de “rebote” porque González y los clásicos no querían que llegase José Bono. Y Rodríguez empezó a dar muestras de su resentimiento y sectarismo con leyes que nada aportaban a la verdadera gestión política que España necesitaba sino que reabrían las heridas que los que habían hecho la transición y redactado la Constitución -no todos, evidentemente- trataron de cerrar. Su “mayor” aportación en este sentido no fue otra que su lamentable ley de memoria histórica -no me atrevo a ponerla con mayúsculas- absolutamente unidireccional y que definitivamente ha reabierto las heridas de la Guerra Civil, curiosamente entre gente que ni de lejos la vivieron y, me atrevo a decir, no conocen la realidad de sus causas y consecuencias. Terminó su triste mandato este inane y perverso mandatario dejando una enorme ruina económica y, lo que es peor y no menores, social y educacional, y abriendo la puerta al populismo con su permisividad, si no impulso, de aquella vergonzosa concentración del 15 de Mayo de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid y los llamamientos de acoso al Congreso que vivimos por entonces.

No me resisto a decir que este nefasto personaje que debería estar en el banquillo -Art. 102. 1y 2 de la CE- si España fuera un verdadero país democrático y que se pavonea por el mundo como asesor del sucesor del golpista Hugo Chávez sin que el Gobierno español, uno y otro, diga o haga nada al respecto, fue homenajeado por el director del digital El Español, en las jornadas que organizó en Octubre de 2016 para mayor gloria suya y por lo visto del personaje en cuestión. Uno de esos periodistas que, a mi juicio, antepusieron su inquina personal -que no dudo que pudieran tener sus razones derivadas de la frustración de alguna expectativa no cumplida- al peligro que su continua perorata negativa -sin duda merecida en gran parte, pero en mi opinión hasta un límite- podría representar para España y que he llamado por aquí “colaboradores necesarios” de la situación política actual de nuestra querida Nación.

Tristemente, la mayoría absoluta que se le dio al Partido Popular en Noviembre de ese mismo año en unas elecciones generales que tuvo que adelantar el impresentable ZParo, no sirvieron para dar la “vuelta al calcetín” que España pedía a voces, sino que tras seguir la senda de la socialdemocracia salvo en lo económico no sirvió nada más que para alimentar ese populismo ya no tan incipìente y un oportunismo de aluvión derivados del descontento con lo visto, que conformaron un reparto imposible en Diciembre de 2015 y una mayoría relativa muy débil totalmente irreal en Junio de 2016, ya que la mayoría real de la cámara baja podía ser nefasta si se daban las circunstancias.

Termino con lo que de nuevo considero como otro “golpe de Estado”, que no otra cosa fue lo que estaba detrás de la moción de censura que provocó el cambio de gobierno el pasado 1 de Junio, cuando una versión Siglo XXI de un nuevo Frente Popular formado por casi todas las fuerzas políticas de uno y otro signo -veintidós partidos agrupados, nacionalismos incluidos, cómo no-, apoyaron a un “copista” ambicioso que ni siquiera era diputado y que había llevado a su partido, el PSOE, a un pozo en el que la inacción de un Partido Popular sin carácter y amigo del “diálogo sin fecha de caducidad” con quienes no quieren dialogar y nunca estarán contentos por mucho que se les dé, pudo haber dejado fuera de la escena política durante un par de décadas, al menos.

Un gobierno que cede ante los chantajes de los que le dieron su voto condicionado a sus exigencias, verdaderas hipotecas, cuyo jefe abusa de los medios que el poder pone a su alcance, que alguno de sus miembros, el “minister” Ábalos, dice que fue un “comportamiento asumible” el de unos cafres que “celebran” con toda clase de violencia -asalto a instituciones incluido- un intento de golpe de Estado catalanista que acaba con seis (siete realmente) políticos fugados y nueve en prisión y que no actúa ante la arenga del golpista mayor, Quim Torra:  “Presionad, hacéis bien en presionar”, que se jactaba cuando llegó de que su familia forma parte de los CDR, precisamente los causantes de los desmanes del pasado lunes. Ver para creer.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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