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Los okupas

Los okupas (es lo que tienen) no están ahí porque se lo hayan ganado, porque tengan permiso o porque paguen por ello. Están ahí porque han encontrado un resquicio para colarse y nadie ha reunido los medios para echarles.

Los okupas (cosas que pasan) no se preocupan de conservar el inmueble, porque no es suyo. Lo tratan como quieren. Construyen, y destruyen, lo que no deben. Invitan a quien nadie querría en casa, y hacen lo que nadie haría en un sitio que le importara. Porque no responden ante el dueño: el dueño no les ha dado permiso. No les importa lo que opine. No pinta nada.

Los okupas (curiosidades de la vida) tienen que ganarse el pan, así que no es raro que inicien negocios y trapicheos, que usen y abusen del inmueble, ignorando la norma y la ley en beneficio propio y de sus amigos.

Los okupas (sabe usted) no se hacen cargo de la factura. Porque el dueño, que no ha sabido, no ha podido o no ha querido desalojarlos a tiempo, cuando recupera la posesión se encuentra con las consecuencias. Con daños que corregir. Con responsabilidades adquiridas. Con terceros afectados.

Los okupas, por desgracia, abundan. Parece que cunda el ejemplo. Desde el campo de tierra del Burladés hasta la Moncloa, tenemos grupos que abusan de propiedades e instituciones públicas a las que han logrado acceder por la puerta de atrás (forzándola si hace falta, como en el palacio de Rozalejo) y que las tratan como si fuera su cortijo y no algo de todos que deben cuidar.

Sin irnos hasta Madrid o Barcelona, aquí en Navarra tenemos okupas de sobra en las instituciones. Pensemos en los que “okupan” los escaños de Podemos, que consiguieron ofreciendo esperanza de cambio social a los inconformistas navarros y luego usaron para trapichear con Bildu y con Geroa, aupando al poder al nacionalismo vasco más rancio y menos progresistas. Y ahora se dedican a discutir entre ellos quién se sienta dónde y cómo se llama su grupo, mientras los nacionalistas intentan quitar al 85% de los navarros el derecho a trabajar en su propia administración. Y así, en una región que no es abertzale, gobierna una abertzale que prometió gobernar para todos, pero lo hace sólo para los abertzales.

Pensemos en Asirón, que ya se ha deshecho de la hoja de parra de Podemos e Izquierda Ezquerra, pero sigue gobernando en su sectaria minoría. Porque Aranzadi Podemos no tenía más programa que “echar a los otros”, como reconoce Cuenca en su página electoral de 2015. Y así, en una ciudad no nacionalista y menos vasca, gobierna Bildu y el nacionalismo vasco. Toma okupación. Por eso el Tribunal Administrativo de Navarra le tiene que recordar que los contratos ilegales que hace a sus amiguetes no son válidos, y que las ofertas de empleo en las que exige euskera para eliminar plagas tampoco son legales.

Pamplona no es el único sitio donde Podemos ha dado las llaves a Bildu para que entre al gobierno local por la puerta de atrás, e implante su política sectaria en lugar de ocuparse de gobernar para todos. El caso de Burlada es otro ejemplo, donde el alcalde es de Podemos pero las decisiones parecen todas de Bildu. Como la de tolerar homenajes ilegales a etarras en sus calles.

La propia Barkos actúa como una propietaria ausente, como si estuviera secuestrada por sus supuestos socios de gobierno (Bildu, se entiende; las “izquierdas” sólo le sirven de felpudo). Una política fiscal que parece hecha mal a propósito incluso después de corregirla. Una política de infraestructuras bloqueada por los aislacionistas. Una consejera incapaz tanto de completar una ley seria de Policías como de asegurar la coordinación con el resto de fuerzas, entre otras cosas. Un área de Educación que cada día se rasga por un sitio diferente, para perjuicio de los que menos se lo pueden permitir. Un Norte donde los partidos constitucionalistas siguen teniendo problemas por la intimidación a sus afines. Una Ribera abandonada con crecientes problemas de integración de la inmigración.

Estamos viendo casos de ciudades que crean colegios y plazas en euskera donde no se llega al mínimo legal, o que expulsan a niños castellano parlantes de sus colegios para crear plazas en euskera que no se llenan (Pamplona sin ir más lejos) o que deciden aplicar normas propias de zona vascófona en plena Cuenca de Pamplona (Burlada). Estamos viendo cientos de miles de euros dedicados a fomentar el uso de ese idioma (en Burlada, y en las ayudas a medios de comunicación del gobierno Barkos).

Lo que no estamos viendo son políticas serias que aumenten la competitividad navarra en educación, o refuercen sus servicios en salud, o aumenten la eficacia de su administración, o aceleren su justicia, o eliminen la inmunidad de sus parlamentarios, o limiten la capacidad de los partidos de nombrar a dedo responsables en casi todas partes, perjudicando la neutralidad de los funcionarios. No estamos viendo una política fiscal que sea competitiva con nuestros vecinos ni apoye el crecimiento de Navarra.

Pero es normal. Son okupas. Saben que no están ahí porque se les quiera (lo saben tan bien que Barkos lo admitió en su discurso de toma de posesión), sino porque han encontrado el resquicio (morado) por el que colarse en la casa. Están aprovechando todo lo que pueden en lugar de cuidar el inmueble. Están derribando lo que no deben y no están cuidando lo que deben, porque no aprecian lo que okupan. Se están sirviendo, y sirviendo a sus amigos, de lo que es de todos los navarros. Porque no respetan a los que les han puesto ahí, accidentalmente o no.

El año que viene, los dueños tienen la oportunidad de cambiar las cosas. Tienen la oportunidad de renovar su confianza, o de dársela a otros. La gran ventaja de haber tenido a Geroa y Podemos en el poder en Navarra es que ya sabemos de qué pie cojean.

Miguel Cornejo Castro, (@miguelcornejoSE) es economista y miembro de la junta directiva de Ciudadanos Navarra

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