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El apartheid de Urkullu y la hoja de parra

Geroa Bai es el guante en el que se esconde el Partido Nacionalista Vasco en Navarra para parecer menos vasco y más navarro. Aún después de tres años de política identitaria cruda hay quien compra el disfraz.

Geroa no es la única muleta del PNV para impulsar su agenda. El blanqueamiento sistemático de ETA y del radicalismo de su entorno le ha permitido alistar el apoyo de los herederos de Batasuna (Sortu, que a su vez se oculta en Bildu). Con este apoyo, y algunas hojas de parra, el PNV gobierna en País Vasco y Navarra.

En el País Vasco esta colaboración se nota en cuanto asoma la agenda identitaria. En concreto se nota en la ponencia de elaboración del nuevo Estatuto que Urkullu quiere proponer. A diferencia del inento de Ibarretxe, esta vez en Madrid no hay una mayoría sensata, sino una macedona de acreedores de Pedro Sánchez, un presidente sin mayoría apoyado en partidos que, como dice Bildu, “están en esto para destruir el régimen del 78”. Afortunadamente, después del susto del último Estatuto catalán, ahora las cosas pasan por el Constitucional antes de caer en manos de los parlamentarios. Contra eso, Urkullu tiene preparada la palanca plebiscitaria. Pero no nos desviemos.

El nuevo proyecto de estatuto vasco es tan poco claro como les ha resultado posible, pero no es un estatuto de autonomía sino una herramienta legal para la creación, en dos pasos, de un Estado separado. Es un ejercicio de fantasía política que plantea cambios en la Constitución tanto como situaciones anticonstitucionales. La fantasía etnográfica e histórica es aún más grande, pretendiendo dar reconocimiento legal a un “pueblo” único y diferenciado que habita en las siete provincias reivindicadas por el PNV (sí, Navarra es vasca según estos señores). Tiene el mismo sentido de la realidad que una carta a los Reyes Magos.

Analizarlo a fondo da para mucho más que este texto. Con su permiso me voy a centrar en un punto completamente inofensivo, según los ponentes.

De acuerdo con PNV y Bildu, en el nuevo mundo habrá un reconocimiento legal de las muchas nacionalidades que (como dice Sánchez) forman España. La nueva entidad (Foral, Autónoma, Libre y sobre todo vasca) se compromete a no discriminar a nadie por su “nacionalidad”, pero pretende darle carácter legal: los que quieran ser “nacionales” vascos se tendrán que “nacionalizar”, el resto serán nada más “vecinos” administrativos. Todos con los mismos derechos, garantizado por Bildu.

Un nacionalista es alguien que defiende solamente a “los suyos” porque son “los suyos” y no se siente solidario con nadie más.

Un supremacista es alguien que piensa que en un territorio, “los suyos” tienen que tener derechos diferente y superiores a los de los demás habitantes, que para eso son sólo “vecinos” y no “nacionalizados”.

EL PNV y Bildu no son nacionalistas, porque no existe ni ha existido nunca una nación vasca. Nunca hubo una entidad política ni un sentimiento de unidad entre los vascoparlantes; el propio Arana decía que “en 4000 años nadie ha sentido la necesidad de ponerle un nombre” a ese “pueblo”, que es además étnicamente diverso y tan trufado de otros como el catalán.

Lo que son es supremacistas. Quieren que su gente, los que se identifican con ellos y les votan, tengan derechos especiales. Que tengan derecho a imponer una lengua artificial, tengan derecho a pagar menos impuestos, tengan derecho a apropiarse del espacio público, tengan derecho a intimidar a contrarios y fuerzas de seguridad… Y como ser racista no está bien visto desde que se murió Arana, se buscan la percha de una “cultura vasca” en la que colgar el supremacismo.

Pero es una percha muy frágil. Una lengua no es una cultura, es apenas un vehículo cultural. Lo que subyace debajo de todas esas palabras bonitas de asimilación e igualdad está quedando demasiado claro estos meses en Cataluña, donde a los supremacistas se les ha ido la mano y han tenido que enseñar las cartas.

Basta hablar con nacionalistas de a pie (cuanto menos cultos, más agudo) o en Twitter. La idea que les anima es que “los de fuera” no tienen nada que decir aquí. Y “los de fuera” pueden llevar tres generaciones en Cataluña, o cincuenta, pero no han hecho la genuflexión de “nacionalizarse”, declarándose “catalán” de forma excluyente e incompatible con “español”.

La idea es que “los de fuera” han venido “huyendo del hambre” para servir en la construcción de Cataluña, a la que deben estar agradecidos por darles de comer, pero no tomarse libertades. Como si cada bocado recibido no se hubiera ganado con trabajo honrado. Como si la gran mayoría de los catalanes de hoy no descendiesen de personas llegadas de otras partes de España en el último siglo y medio. Como si no hubiera catalanes de ocho apellidos que no son nacionalistas. Y como si todo eso importara lo más mínimo. No se puede discriminar a nadie por su origen.

Pero los supremacistas defienden que existen “los de fuera” y “los de aquí”, y que ser una cosa u otra te da derechos diferentes. “Los de aquí” pueden colocar  lo que quieran en los espacios públicos, olvidarse de aplicar la ley, o instar a atacar al Estado español. Pero “los de fuera” no pueden quitarlos, hacerla cumplir, o llamar sectarios o supremacistas a los que intentan imponer un modelo social y cultural a todos los habitantes de una tierra, sólo porque ellos lo prefieren.

Abreviando. Lo que propone Urkullu (es decir el PNV, es decir Geroa Bai) es darle carácter legal a esa distinción imaginaria entre “los de aquí” y “los de fuera”, los que tienen derecho a opinar y los que están de visita, “vecinos” pero no propios. Gente a la que se hace el “favor” de acoger, aunque sean más vascos que la playa de la Concha. Porque no han hecho la genuflexión.

El PNV cree que Navarra es parte de su tierra prometida. El PNV ya gobierna en Navarra con el apoyo de Bildu (y las hojas de parra de supuesta izquierda). El PNV y Bildu quieren separar a la gente entre los que se declaran vascos y los que no, allí donde gobierna. Y Bildu te promete que les seguirán tratando igual.

Ahora vas y les votas.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y consultor.

Artículo anterior Para los que se creen especiales

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1 Comentario

  1. sofia

    Si. Quizás el independentismo catalán sea una especie de banco de pruebas del PNV en el que asesoran pero nunca harán lo mismo pues han visto que las empresas se van y lo de perder no les va, de omento se conforman con la socialización del dolor , de Otegi, o sea no saludar , hacer el vacío a tu hermano que no es nacionalista etc etc y el servicio de inteligencia , las brigadas de información de la ertzaintza dirigiendo a Otegi y a todos los funcionarios ,Han ido a Alemania a copiar por medio del Escritor Aramburu y crear mentiras y terror para dominar mejor , con los Jesuitas en la cumbre piensan que es posible una dominación al mas alto nivel, Su tiempo se acaba,

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