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Comienzan las obras del Canal de Isabel II

  • Por José V. Ciordia, historiador

Tal día como hoy, un 11 de agosto de 1851, se colocaba la primera piedra del denominado canal de Isabel II, obra de vital importancia para la llegada de aguas a Madrid. Francisco de Asís, consorte de la reina Isabel, a quien debe el nombre el canal, fue el encargado de tal hecho.

El agua de Madrid hoy no es un lujo, pero no siempre fue así. Si a Carlos III se le debe el primer sistema de alcantarillado de la capital, a la reina Isabel II el primer sistema de abastecimiento de agua potable de la ciudad.

En los comienzos del siglo XIX los madrileños se abastecían gracias a las fuentes en las calles, a los aguadores y al legado árabe y sus “viajes de agua”, unas pequeñas galerías subterráneas que transportaban el agua y que se desarrollaron especialmente en las zonas de Fuencarral, Chamartín y Canillejas.

Pero todo esto no era suficiente para hidratar a una ciudad que contaba en aquella época con más de 200.000 habitantes. Por este motivo se decidió traer el agua del Lozoya a la capital. Así, el 24 de junio de 1858, siete años después del inicio de las obras, Isabel II y todos los madrileños vieron como el agua serrana brotaba por una fuente en la Glorieta de San Bernardo, para poco después, en 1859 comenzar a disfrutar del sistema de abastecimiento del Canal.

El primer tramo original de esta obra de ingeniería tenía un total de 76 kilómetros y unía el embalse del Pontón de la Oliva, situado en la sierra, con la ciudad. Este embalse se construyó para albergar el agua del Lozoya y supuso el comienzo de este gran proyecto. Situado muy cerca de la localidad de Patones de Abajo, el agua se escapaba de la presa debido al terreno en el que se levantó. Actualmente en desuso, esta presa es la más antigua de la Comunidad de Madrid y fue construida por presos, entre 1851 y 1857, y hoy es un rincón que por su belleza bien merece ser visitado.

Ya en 1935, debido a la gran expansión de la ciudad hacia el norte, se decidió construir el depósito elevado de hormigón situado en la Plaza de Castilla. Tras el parón de la Guerra, en 1939, se reanudó su construcción y en 1941 comenzó a funcionar.

Hoy el depósito elevado pertenece a la historia de Madrid y con sus casi 40 metros de altura reivindica su lugar entre la nueva arquitectura de la capital. Rodeado de amplios jardines, junto a él se encuentra el edificio de la Antigua Estación Elevadora de Aguas, y donde antes se bombeaba agua ahora es punto de encuentro con la cultura y sede de la Fundación Canal, empresa pública madrileña, responsable de las aguas de la capital y de otras áreas de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Tal día como hoy anterior Los cuernos de Hattin

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