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El alcalde y el incienso

Cortés, me corrige el protagonista de mi artículo del 7 de julio, que él no fue quien afirmó lo de la chistera y los banqueros, como yo puse (no hay que fiarse nunca de la memoria); me aclara que eso es más reciente, surgido de quién acudió en camiseta a la procesión. Él, simplemente no quería asistir y le presionaron sus compañeros; Echeverría, equivocado o no en sus planteamientos, es hombre coherente.

Y hablando sobre coherencia, o de su ausencia, me acordé del actual regidor pamplonés, que acude al desfile procesional en honor de San Fermín al alimón con su amigo el obispo Pérez, ambos con las galas de las grandes ocasiones. El político, aunque avance con el cabildo, no encuentra óbice, ya que no es un acto religioso. Se basta él para decidir si lo es ¡Faltaría más! Igual que dirime lo que es zona sacramental y lo que no.

Este primer edil trataba el otro día de «Sanfermines magníficos […] un ambiente de calle relajado, distendido» (sic) a estos, que comenzaron con puñetazos abertzales golpeando a los asistentes al chupinazo, justo debajo del ayuntamiento.  Agresión repetida a los días, en el mismo zaguán consistorial, para evitar el uso de la palabra a quién no piensa como ellos.

Es que tanto incensarse, especialidad de alcaldía, es lo que tiene. El porrón de humillo votivo que se auto dedica, genera una niebla debe tapar hasta lo que ocurre a su puerta. Porque además, un sindicato de la policía foral ha dado el número de delitos y ha sido mucho más elevado que otros años.

Si coincide la reducción de las basuras con la de huéspedes en hoteles o del gasto en restauración, bares y comercios, pues mira por donde, para él es fruto de sus hábiles edictos. Así que mucho menos tendrá que ver dicha caída de afluencia (a pesar de los dos fines de semana) con la propaganda que se quiso adjudicar divulgando una negativa imagen de nuestras fiestas. De paso, ha afirmado que solo ha habido denuncias «por los habituales tocamientos» (sic).

Claro que, al declive en su tiempo de poder, se suman otros factores, como que el turismo suele huir de consistorios regidos por radicales y extremistas; también de las fiestas politizadas. Porque el centro, peatonalizado y saneado por sus predecesores, ha tenido menos visitantes. Lo que aumentan son los puestos para vender falsificaciones, con los que las mafias hacen el agosto ante la vista gorda municipal. «Los desplazamos (cien metros) para que no perjudiquen siempre al los mismos» (sic). Este tío es un cachondo.

Si Asirón cree sinceramente en sus palabras, puede ser consecuencia de leer solo las pancartas de las cuadrillas. Sus lonas, perdida toda función crítica, le representan con figura de Brad Pitt y alma de Madre Teresa (si se pudiera ser monja antireligiosa, claro). No me refiero a todas las peñas: hay una que, sin prebendas municipales ni de entradas, mantiene su independencia y no es clon de las demás ni en el lienzo.

O tal vez esas frases del de EH Bildu puedan deberse a tanto botafumeiro como aventó alrededor de sí mismo. Y eso es malo. Puede tener tentaciones de transformar la comitiva de San Fermín en una verdadera marcha laica en su homenaje.

Un ejemplo, imaginen: Pudieran abrirlo bueyes arrastrando piedras; detrás los recogedores de las boñigas.  Siguen unas ocas con el hígado deformado, tirando ya más a foie. Después, unos perros gruñendo y a tarascadas con ovejas para hacerlas realizar filigranas. Sigue un grupo de danzantes (vizcaínos, por un poner), bailando en torno a la peana donde es llevado el mismísimo alcalde.  Este agarra su declaración, hace ocho meses, de que «prohibir los circos con animales ya sea en terrenos privados» (sic), y las de los animalistas contra el ordeño, o frente a la tenencia de cualquier tipo de mascota.

El líder cuatripartito se exhibiría, más que sobre escudo pavés, que suena muy Reino de Navarra, en silla gestatoria; como un olentzero estival.  Solo se pude mejorar, cambiando la botella de vino por una de chacolí guipuzcoano y, si en vez de pipa, va fumándose las sentencias judiciales contra sus alcaldadas, que pagará la ciudadanía.

Y su cabeza, esta sí, iría tocada con chistera.

Jesús Javier Corpas Mauleón,  escritor y empresario

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