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“Do ut des”, más doble vara de medir, populismo “patriótico” y reaparición de un miserable

No es fácil decidir a qué dedicar mi reflexión semanal en este popurrí “empachante” de noticias y opiniones que la vorágine de sobreinformación característica de nuestros días ofrece: Casoplón de la pareja -“parejo”, debería decir él- Iglesias Montero; declaraciones de la Juez Mercedes Alaya sobre persecuciones políticas por ambos costados; copia a la “española” de modelos americano y francés por el “encantado de haberse conocido”; abucheo al asesor de Maduro; detención de otro “Ex” múltiple del PP -de nuevo la Sexta da la “primicia” ¿…?- Eduardo Zaplana -exalcalde de Cartagena, expresidente de la Generalidad valenciana y exministro de José Mª Aznar ¿debería preocuparse el expresidente del Gobierno por esta prolífica “cosecha” de presuntos entre sus elegidos?-; la llamada a declarar del secretario de Estado de Hacienda y exalcalde de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, al que los especialistas en imponer la “pena de telediario” -difama, que algo queda- llaman “imputado”, pese a que ese término se sustituyó por “investigado”, menos agresivo e indignante y para terminar -por ahora- la petición de la Fiscalía alemana de extraditar al fugado errante, por rebelión, que la audiencia provincial de Schleswig Holstein vuelve a denegar.

No voy a entrar en los detalles de esa “sorprendente” inversión inmobiliaria de la pareja morada, que ya está siendo tratada en demasía en todos los medios con gran lujo de detalles, pero me referiré a un par de circunstancias que, si bien, no me sorprenden, sí me llaman la atención como una muestra más de esa “doble vara de medir” a la que la izquierda y sus medios -es decir, casi todos- nos tienen acostumbrados. Lo que suponía poner en duda la credibilidad para gobernar, cuando el entonces Ministro de Economía, Luis de Guindos, compró un ático, se convierte ahora en la decisión libre para establecer la base de un “proyecto familiar”, al tiempo que criticar a los políticos por vivir en chalets “alejados de la gente de la calle”, pasa a ser celo “por la buena educación” de los futuros mellizos. En el fondo esta inversión inmobiliaria por parte de la pareja de dirigentes podemitas deja un más que aparente trato de favor, “do ut des” -te doy para que me des-, usual hacia nuestros políticos, si no una operación, cuando menos dudosa, por los datos que se van conociendo: Deposito una cantidad millonaria de dinero -no sé si de limpia o turbia procedencia, que me da igual en este caso- y, ¡oh, casualidad!, esa misma entidad depositaria, me concede un préstamo en condiciones muy ventajosas -que el propio simulador de la entidad rechaza para el común de los mortales- para comprar una vivienda que días antes estaba valorada casi por el doble en un anuncio de venta. Por cierto que la señora Montero se quedó muda cuando le hicieron la comparación en rueda de prensa, para despedirse tras bastantes segundos de silencio. Dignas de analizar fueron también sus “perlas” en la rueda de prensa con su compañero al lado, como únicos comparecientes: “esos detalles los hemos dado nosotras mismas, “honestamente para nosotras…” y “si alguien cree que no estamos siendo honestas…”, etc. -se ve que convivir con el “más femenino” de los líderes políticos -como se definió en su día PabLenin– marcó a su compañera hasta referirse a él como “una” igual-. Y para rematar esa doble conciencia, los que hicieron el escrache -neologismo con el que se quiere enmascarar lo que no es más que un acoso o asalto- a Rosa Díez o a Soraya Sáenz de Santamaría, se quejan ahora de que los jóvenes de VOX inviten a celebrar una barbacoa en su nuevo domicilio, ya protegido por la Guardia Civil. Claro que de alguien que dice: “cualquiera que aspire a tener poder, tiene que dotarse de los instrumentos suficientes para establecer una verdad que puede no tener que ver absolutamente con los hechos, pero que fija las perspectivas y la manera de entender los acontecimientos de todo el mundo”, se puede esperar casi todo. Al más puro estilo “goebbelsiano”.

No menos doble vara de medir -en este caso por parte de los aludidos medios “in-dependientes”- sería la abundancia de detalles sobre esta operación inmobiliaria -que está muy bien- frente a la dilución de la que a finales del pasado año, alguna prensa -poca- dio sobre la que, dijeron, el líder de Ciudadanos, Alberto Carlos Rivera, pudo haber hecho en Pozuelo -municipio madrileño con mayor nivel de vida de España-. ¿Qué menos para el futuro inquilino de la Moncloa, como el dirigido Cuarto Poder está impulsando a base de encuestas? Rivera lo desmintió y dijo estar de alquiler en esa vivienda, lo que no pongo en cuestión, aunque me gustaría saber cómo -con un “modesto” sueldo de político- afronta  dos hipotecas -por dos pisos que declara en Barcelona- de 165.500€ y 306.000€, respectivamente, más el alquiler de la nueva vivienda de Pozuelo, seguramente, no barata. Un líder que da un paso más en su intento de acelerar su llegada a la Presidencia del Gobierno -que no debe ver tan clara- convocando el pasado sábado a una Plataforma Ciudadana para “sumar nuevas adhesiones y talentos”  -¿será que no confía en el “talento” de sus actuales acompañantes?-, descarada copia del “En marche” del vecino Macron que tan buen resultado le dio -Ojo, que ni esto es Francia ni somos franceses- y al estilo de aquel “Movimiento Ciudadano” de Octubre de 2013 del madrileño Teatro Goya, reeditado en Noviembre de 2015 -asistí a los dos, y el segundo me distanció del proyecto cuando vi el arribismo y oportunismo de desecho que allí se congregó-. A juzgar por las cifras de asistencia que se dicen, no tuvo más eco que entonces, lo que choca con esa intención “exponencial” de voto que algunos dan al partido naranja. No faltó en su intervención algo que al joven e inexperto líder naranja le gusta a falta de cosecha propia, apropiarse de frases rimbombantes de otros políticos triunfadores y esta vez le tocó a Barak Obama cuando dijo “No veo liberales y republicanos, veo estadounidenses”, que Rivera adaptó con su “No veo izquierda y derecha, veo españoles” y alguna otra repetición por el estilo, sin que faltara -como en el caso de USA- la actriz acompañante, aquí Marta Sánchez, que entonó al final el Himno de España con su particular letra. Un acto que el Partido popular califica como de “patrioterismo populista” -con lo que puedo coincidir en parte-, que siempre será mejor que el que da a entender el propio líder naranja al referirse a la comparecencia de la pareja morada tras el revuelo por la compra del chalet: “Quién, de los populistas es más populista”. ¿Se estaría viendo en un espejo durante su entrevista en la SER?

Por último, en este repaso acelerado e incompleto de la actualidad, asistimos estos días a la triste reaparición venezolana del expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez, participando en el paripé electoral de perpetuación del heredero del golpista Chávez, del que ese lamentable personaje de la Historia de este siglo se dice “asesor” y al que me referí en un artículo de hace poco más de un año: “Un Rodríguez muy rastrero, al que llaman Zapatero” http://www.navarrainformacion.es/2017/04/06/rodriguez-rastrero-al-llaman-zapatero/  -y siempre que viene al caso- como causante principal de la difícil situación por la que atraviesa España tras sus etapas de gobierno -por accidente dicen algunos, aunque sería más correcto decir “por atentado”-, que llegó tras la masacre de Atocha y su posterior manipulación por parte de la izquierda en las siguientes setenta y dos horas, fatídicas para el futuro español, que los más perjudicados después de las víctimas, el Gobierno saliente, llamado a continuar según todas las encuestas, no se atrevió a contrarrestar aplazando la llamada a las urnas ante semejante situación de shock. Y lo que el pueblo español no se atrevió nunca a hacer, poner en su sitio a este desalmado, resentido por algo que no vivió y sectario hasta decir basta, lo ha hecho el hermano pueblo venezolano, indignado por la miseria sembrada por la dictadura comunista -camuflada como “democracia”- de Nicolás Maduro, inspirado por el “pájaro” -que no pajarito como él dice- y asesorado por personajes siniestros como el aludido Rodríguez ZParo, cuya conducta -si España fuera una democracia occidental seria- debería estar -a mi juicio- en el ámbito del Art. 102.1 y 2 de la Constitución de 1978: “1. La responsabilidad criminal del Presidente… será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal  del Tribunal Supremo y 2. Si la acusación fuese por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones…”. ¿No fue un crimen despertar las dos España de Machado y abrir la caja de los truenos con su Ley de Memoria histórica y una traición vender reservas de oro a mal precio para cubrir su desajustes presupuestarios o negociar con la banda terrorista ETA? ¿O contribuir a la pérdida de valores y al deterioro educativo de las futuras generaciones, el mayor activo de un país? ¿En calidad de qué, está en Venezuela? ¿Tiene algo que ver el actual Gobierno con su presencia allí? ¿Quién costea su viaje y estancia? ¿Sigue cobrando como consejero de Estado? A falta de respuestas a esas preguntas, mi  felicitación al sufrido y oprimido pueblo venezolano que, como decía, puso en su sitio al nefasto personaje, que tuvo que ser introducido a toda prisa en una furgoneta a su paso por un colegio electoral, recibiendo lanzamiento de botellas y abucheos de los ciudadanos, una de las cuales se preguntaba “¿Hasta cuándo vamos a tener a ese delincuente de Zapatero metido en nuestras elecciones… si a él le gusta el comunismo por qué no lo pone en España?” al tiempo que lo llamaba “alcahuete” y otras lindezas. Reconforta que alguien le diga a la cara lo que millones de españoles pensamos y sorprende -si no, indigna- que no haya una expresa desautorización por parte del Gobierno español por su presencia en el país sudamericano.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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