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Vuelve la burra al trigo y Bélgica sigue siendo Bélgica, pero nos olvidamos de la familia

Si he de ser sincero, pese a ser el tema del momento, esta semana no pensaba escribir -bastante se está hablando ya- sobre el penúltimo acto -el último lo protagonizó ayer la “in-Justicia” belga al denegar la entrega de los exconsejeros fugados- del esperpento secesionista que volvió a la escena el pasado 1 de Octubre de 2017, tras un preámbulo inspirador perpetrado tres años antes (9-N-2014) en el primer desafío catalanista de Arturo Mas, entonces “molt miserable” -segundo de la Transición después de Jorge Puyol (entre ambos, el colaborador necesario Pascual Maragall y el “tonto útil” José Montilla, fueron relleno para el “soufflé”)-, que de haber tenido merecida respuesta por parte del Estado no habría dado lugar a la segunda parte. Pero no me resisto a comentar algo sobre lo ocurrido desde el pasado sábado en Barcelona y su réplica exterior.

Como sabemos, entre sábado y lunes, se consumó lo previsible tras la cesión de los separatistas de Juntos por (el desastre de) Cataluña, liderados por su prófugo viajero, Carlos Picodelmonte -no sabemos con qué verdaderas condiciones de momento, pero las podemos intuir-, para el silencio cómplice de la izquierda radical de la CUP (Candidatura de Unión Popular), madre de los jóvenes de Arran y patrocinadora de la “kale borroka” catalana de los CDR, Comités de Defensa de la República, a los que el ya nuevo “molt miserable” Joaquín Torra y Pla dice con rotundidad “Yo tengo toda mi familia apuntada”. De nuevo una minoría -cuatro diputados en este caso-  impone su voluntad a las mayorías, ante la falta de verdadero sentido político de los que sólo buscan llegar al poder como sea. Tanto en el ámbito regional como estatal, van ya demasiadas veces en las que una minoría marca el rumbo político en España pervirtiendo el sentido que debería primar en una Democracia real, el Gobierno de la Mayoría elegida y que los pactos se hicieran para poder gobernar, no para llegar al gobierno, que queda así atado de pies y manos por el “chantajista”. Y quiero destacar algo, desde mi punto de vista insólito, que ha contribuido a que este personaje haya sido investido -“embestido”, debería haber sido- y es que políticos fugados en busca y captura o presos por haber intentado dar un golpe de Estado, hayan podido delegar su voto para consumar el asalto democrático.

Dicho lo anterior, añadiré que, desde muy joven, recuerdo una frase del Derecho Romano que dice así en latín: “Dura lex, sed lex”, que en Español sería “la Ley es dura, pero es la Ley”, y que después de este nuevo episodio yo cambiaría por “la Ley es incomprensible, aunque sea la Ley”, cuando está sujeta a interpretación y no se ajusta muchas veces a la lógica de los acontecimientos y al sentido común. Tal vez se me haga incomprensible porque soy de Ciencias y esté acostumbrado a que “dos y dos sean cuatro” sin depender de ningún tipo de “negociación”.

Como no podía ser de otra manera, aunque la reacción no ha sido la que a mí me hubiera gustado, han saltado todas las alarmas tras escuchar los discursos del candidato en las dos sesiones del pleno parlamentario catalán -casi idénticos en lo sustancial-, con frases tales como: Si el Gobierno levanta el 155 no habrá excusa para no trabajar por la república” que, por si dejaba dudas, ha completado, el ya investido, en su primera entrevista en esa radio que debió cerrarse cuando se acordó aplicar a medias el Art. 155: “Nuestra gran oportunidad fue el 1 de octubre. Tendríamos que haber proclamado la república y haberla defendido”, lo que después de haber conocido su historial como activista tuitero y articulista, con publicaciones en las que llamaba a los españoles “…bestias, víboras e hienas. Carroñeros con una tara en el ADN”, por las que ahora pide “disculpas” -genéricas y nada sentidas en mi opinión- tratando de difuminar el exabrupto; su visita de pleitesía al fugado en Berlín con requiebros recíprocos y tics nerviosos en el saludo de manos y su declaración allí de: “No acataré la Constitución”, etc., ya conforma un marco suficientemente preocupante y presuntamente delictivo, como para empezar a actuar ante lo que apunta la conducta de este separatista radical que puede hacer “bueno” al fugado, que lo designó a dedo como candidato “marioneta” -ya veremos quién maneja a quién- para completar el despropósito catalán.

La primera reacción fue la reunión del martes en Moncloa entre el Presidente del Gobierno y el líder del Partido Siempre Opuesto a España, Pedro Sánchez, que esta vez parece haber actuado con más sentido de Estado -¿vuelve el bipartidismo?- tras la que se publicó un comunicado del acuerdo alcanzado “Dada la situación creada con la investidura del nuevo Presidente de la Generalidad –la nota lo pone en catalán-, su discurso político frentista y el carácter xenófobo de sus manifestaciones públicas, Gobierno, Partido Popular y Partido Socialista se han comprometido a ofrecer una respuesta pactada y proporcional en la defensa de la legalidad constitucional y estatutaria frente a cualquier eventual desafío”. Ya veremos en qué se traduce y que da de sí la programada para hoy con el político naranja -recuerden, mezcla de rojo y amarillo- que parece estar celoso por no recibir de Mariano Rajoy el trato que él cree merecer al verse tan “presidenciable” como auguran muchas de esas encuestas que nos saturan las últimas semanas. Parece que ese llamado Cuarto Poder, cada día más dominado por otros poderes fácticos -con excepción de algunos pequeños medios en los que manda su propio resentimiento-, sigue tratando de crear opinión y mover a las masas a través de ese bombardeo de encuestas que a  mi juicio no tienen otro propósito que acabar con el casi inalterable gallego -lo que vengo llamando un 11M pacífico-. Antes las encuestas aparecían en periodos preelectorales, pero ahora vemos dos o tres cada semana, si no a diario, en periódicos y tertulias.

Hasta ahora y reconociendo el buen discurso de Inés Arrimadas que, como su jefe Alberto Rivera -al que se refirió Sánchez diciendo que “se está volviendo aznarista” (yo creía que era Aznar el que se había vuelto “riverista” (ha invitado a Manuel Valls para clausurar su negocio del Instituto Atlántico, que el año pasado cerrara el propio Rivera)-, no hizo nada destacable hasta ahora salvo hablar, que eso hay que reconocer que lo dominan los dos. No hicieron nada en Cataluña con tres diputados ni con nueve en las siguientes elecciones o con veinticinco en las penúltimas, las tres con el carismático líder a la cabeza, ni lo hace ahora con treinta y seis, ya con la número dos como lideresa de esta formación que sigue aludiendo a la misma fórmula de llamada, después de haberse agarrado a lo que tanto criticaban también -ella y sus compañeros- como principal argumento electoral, “el mal menor”. Su inacción la argumentan con lo que no les valió cuando el que no podía sumar era Mariano Rajoy en Diciembre de 2015, “que no tienen mayoría suficiente para obtener el respaldo parlamentario”. Siendo así, ¿por qué no ha hecho al menos un gesto, llamando a la Sociedad Civil constitucionalista, a la que tanto cita, visto el éxito que otras organizaciones tuvieron el pasado mes de Octubre tras las palabras del Rey? Podía al menos haber intentado movilizar a esa supuesta mayoría que según palabras de otra “gran figura” de su partido, Fernando de Páramo, “demuestra que son el partido en el más confían en Cataluña”. Pero claro, eso no es hablar sino actuar y en esto, Ciudadanos, anda bastante más remiso porque las palabras se las lleva el viento en esa memoria de pez que tiene la mayoría social existente, pero un posible fracaso en la convocatoria los puede poner en su sitio y pasarles factura. Eso sí, que nadie dude de que si otro lo hiciera y se atisbara cierto éxito de convocatoria, se apuntará a ocupar centímetros de pancarta y minutos de micrófono en la tribuna que cerrara el acto -como ya hizo- y si el éxito es grande, el campeón charlista se atribuirá el mérito y aparecerá “colgándose otra medalla” en la pechera, si le cabe.

El mismo que decía que “aplicar el artículo 155 en Cataluña es como matar moscas a cañonazos” y después firmó el acuerdo del Senado con condiciones, pide ahora prorrogar la aplicación del mismo, demostrando una vez más su ignorancia -como en casi todo- porque lo aprobado en Octubre por la Cámara Alta decaía de forma automática cuando, como está a punto de suceder, hubiera gobierno de la Generalidad y, de momento, ya está publicado el nombramiento de Torra, firmado por FelipeVI. Y no lo digo yo, sino que se lo he escuchado al que fuera Vicepresidente del Tribunal Constitucional, Ramón Rodríguez Arribas, que creo que de esto sabrá algo más que un simple abogado con un año de práctica jurídica en la Caixa y diez de charlatán sin freno ni cortapisa, que se declaró influenciado por Kant, “autor de referencia para los que hemos estudiado Derecho”, dijo en un debate con Pablo Iglesias en la Universidad Carlos III de Madrid antes de las elecciones de 2015, tres minutos antes de tener que reconocer que no había leído al filósofo alemán cuando el moderador le preguntó “¿qué obra de Kant puede citar que le haya influido especialmente?”. Por cierto que, el nuevo gobierno catalán, entre presos y presuntos delincuentes, va a dar minutos de gloria si se conforma, como parece, antes de que empiece a actuar de oficio la Fiscalía.

Y termino con lo que antes de estos acontecimientos pensaba que fuera el objeto de mi reflexión semanal y que ha tenido poco eco en los medios. Me refiero al Día Internacional de la Familia que se celebraba el martes día 15, festividad de San Isidro y fiesta local en Madrid, y que ha pasado prácticamente desapercibido en los medios de comunicación, salvo una pequeña referencia en alguno del Grupo COPE, pese a que fue instituido por Resolución de la Asamblea General de la ONU hace veinticinco años, pero para esto no se tiene en cuenta esta Organización que algunos sacan a relucir para fines de menor rango, como aceptar a trámite la reclamación del golpista. Y es que tanto la Familia como la propia Persona individual, como pilares de la sociedad cristiana que son, se han convertido en dos objetivos a destruir por la izquierda progresista, ésta última, con las leyes de igualdad, género, etc. y aquella con la del matrimonio homosexual, tipos de familia, progenitores A y B, etc. -todo gracias a aquel “ilustre” José Luis Rodríguez al que sigue sin aplicársele el Art. 102.2 de la CE-. Pero este tema de la Familia y la Persona merece mayor extensión que una breve reseña y habrá que volver sobre él en otro artículo monográfico.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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