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“Somos gente pacífica, y no nos gusta gritar”

Ayer día 17 se reunió en Pamplona una pequeña multitud para arropar y apoyar a los guardias civiles y sus parejas agredidos en Alsasua. Porque hacía falta, porque era una cuestión de dignidad (como dijo Consuelo Ordóñez). Porque el Gobierno de Navarra, entre otras instituciones dominadas por Bildu, Geroa, PNV o Podemos, ha orquestado una inmensa campaña de desinformación en la que se cuestionan los hechos y hasta los motivos de los agredidos. Una campaña en la que la masa de agresores se convierte en víctima de una “manipulación” policial, mientras que los cuatro agredidos son provocadores a los que apenas se zarandea.

Los hechos están sujetos a juicio. Qué pasó exactamente en el bar, qué papel jugaron las incitaciones de las campañas promoviendo la expulsión de la Guardia Civil (permitidas por el gobierno local del PNV), qué grado de organización hubo en la agresión, especialmente al final cuando se congregaron para atacarles en grupo, hasta qué punto éso constituye terrorismo… todo éso será dilucidado en una sala de la Audiencia Nacional. Al amparo de un Código Penal que requiere la presunción de inocencia y que en caso de duda fallará a favor del acusado. Se les aplicará no la pena que pida la acusación, sino la que corresponda al delito que se demuestre. Porque eso es la Justicia en un Estado de Derecho.

Pero hay cosas que están claras. En Alsasua hay zonas en las que parte de los habitantes, y las fuerzas de seguridad, normalmente no van porque no son bienvenidos. Y esa falta de bienvenida puede ser expresada con contundencia. En Alsasua hay una presión social seria contra quien se relaciona con las instituciones españolas y la Guardia Civil. En Alsasua no hay libertad política plena para pensar lo que uno quiera y defenderlo dentro de la ley, porque hasta a la Guardia Civil le pueden romper las piernas si les atrapan en un bar. Esto son hechos que te reconocen abiertamente (por no decir con orgullo) hasta los defensores de los agresores.

Sobre estos hechos, unos evidentes y otros pendientes de juicio, se ha tejido una campaña de descrédito y manipulación que recuerda a otros tiempos. Se ha pretendido que es todo “un montaje”, que responde a “una provocación” (cuando no consiguieron hacer creer que fue una simple pelea de bar provocada por los guardias civiles). Que es inaceptable e injusto que los agresores permanezcan en prisión preventiva, o que se pidan penas altas contra ellos. Que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Porque conviene a partidos que viven de expulsar a las instituciones españolas de Navarra para construir su nación vasca (Bildu, Geroa, PNV), y a populistas que se arriman a cualquiera que lleve la contraria a la autoridad (Podemos).

En la concentración se recordó que sólo hubo unos agresores y sólo unas víctimas. Que las víctimas lo fueron por ser guardias civiles, como otros fueron asesinados hace años. Que es de dignidad recordarlo.

En Pamplona, frente a todas las agresiones abertzales, la gente apenas salía a la calle. La movilización popular sólo rompió con el asesinato de Miguel Angel Blanco. Un día en el que los batasunos evitaron dejarse ver, en lugar de regodearse como era habitual, porque Pamplona (y media España) estaba en la plaza frente a su sede increpándoles y gritando aquello de “ETA, dispara, aquí tienes mi nuca”. Por fin.

Entre los “manos blancas”, la presión popular, y sobre todo la acción policial, ETA ha ido decayendo hasta ser incapaz de mantener sus ataques. Pero su herencia de intimidación permanece. Su herencia de violencia social permanece, porque los que la apoyaron siguen ahí (algunos en el Ayuntamiento de Pamplona). Los que colaboraban con los pistoleros, los que insultaban a los disidentes, los que daban de lado a las familias con el “algo habrán hecho”. Los que viven en un “ellos contra nosotros” en el que “ellos” no tienen derecho a vivir en el pueblo y apenas a vivir. Ese es el caldo de cultivo que Bildu y el PNV intentan mantener vivo con sus movilizaciones y su desinformación. Esos son los 80 autobuses que descendieron sobre Pamplona este fin de semana para presionar a los navarros.

Y somos gente pacífica. Los demócratas navarros, por costumbre, trauma o personalidad, no somos los más aficionados a salir a la calle a defender nuestros valores, nuestra convivencia o a los que se han sacrificado por nosotros. De Miguel Angel Blanco a aquí, las concentraciones han ido a menos hasta que los mayores homenajes en Pamplona reúnen apenas a unos cientos de personas. Siguen en la memoria, pero no en la calle.

El día 17 fue diferente. Aunque la concentración se promovió sin tiempo, sin participación de fuerzas sociales, sin apenas publicidad (la gente seguía llegando media hora después del final, según se enteraban), fue la primera vez en tiempo que Navarra reacciona. No porque la agresión de Alsasua sea más grave que los asesinatos que hemos recordado otras veces. Sino porque es de dignidad, es necesario, recordar que “no se puede intimidar, no se puede sojuzgar a todo un pueblo” con violencia, como dijo Miguel Gutiérrez. Y no se puede falsear la realidad e intercambiar víctimas y verdugos porque convenga para la construcción de una “nación” excluyente. No desde nuestras instituciones.

Somos gente pacífica, y no nos gusta gritar. Pero el gobierno de Barkos, Bildu y sus afines está jugando con cosas muy serias que no se pueden dejar pasar.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y responsable de Asociaciones y Entidades en Ciudadanos Navarra.

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2 Comentarios

  1. Lur

    Lo que no es seguro, es una simple pelea de bar, después de tomar varias copas. En el País Vasco y parte de Navarra sabemos muy bien lo que es terrorismo y lo que no es terrorismo y esa paliza que recibieron los guardias civiles y sus parejas, la recibieron por eso, por ser guardias civiles en una estrategia de la extrema izquierda para que echar a los guardias civiles y amedrentar a sus familias. Sabemos de sobra cómo funcionan las mentes sesudas de esos «valientes» gudaris… Que no se crean que porque ETA ya no asesine, el pueblo va a permitir que algunos asomen la cabeza. La única diferencia entre estos desalmados y los asesinos de ETA es que estos no iban armados, pero pudo haber algún muerto, porque cuando se pisotea el cuerpo y la cabeza de una persona que está en el suelo se la puede matar. ¿Acaso es necesario que vuelva a haber muertos para que esto sea considerado terrorismo?

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