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Del jarro de agua fría a la incontinencia universitaria con Máster del todo a cien

No fue otra cosa que un jarro de agua helada -y por sorpresa, que aumenta el efecto-, la salida de pata de banco del Tribunal Superior ¿de justicia? de Schleswig-Holstein -¿cómo será el “inferior”?- desdiciendo la petición de la Fiscalía y el auto del juez que enviaron a prisión -donde debería haber estado desde hace cinco meses, de no haber huido con nocturnidad, alevosía y “despiste”, si no ayuda, de algunos- al catalán fugitivo y errante. Por si faltaba algo para poner en entredicho a la  cada día más fallida Unión Europea, la grande y todopoderosa República Federal Alemana pone en escena a una tal Katarina Barley, ministra de Justicia, que al más puro estilo de Bibiana Aído, Leire Pajín y demás “inútiles” reconocidas de la cuota Vogue de la nefasta era “ZParina” -no es error, sino contracción libre de la marca del susodicho y su “aportación” más destacada de los siete años largos que lo padecimos-, tan desconocida ella como encantada de haberse conocido, a juzgar por algunas imágenes que se dieron estos días de su toma de posesión, para demostrar que la socialdemocracia progre alcanza cuotas de miseria extrema no sólo en España -“mal de muchos, consuelo de tontos”, dice nuestro refranero aunque, a nivel de calle, en España tenemos otra versión: “mal de muchos… epidemia”, que no otra cosa es el nivel de mediocridad de gran parte de los políticos hoy, en todas partes-.

La evidente metedura de pata de esta señora, ha provocado el desmentido oficial del portavoz del Gobierno alemán, el mismo que nos convencía cuando el fugitivo fue detenido al pisar suelo alemán diciendo que “el problema de Cataluña debe ser juzgado en España”, e incluso del portavoz de su propio ministerio, Piotr Malachowski, que se apresuraba a decir que “No hubo entrevista ni ninguna declaración autorizada de mi ministra”. Ahora sólo falta, cómo en otras ocasiones por cosas mucho menos importantes -copiar un párrafo de una tesis, por ejemplo-, que esta “esbelta” dama dimita y se dedique a otras cosas en las que pudiera tener éxito, no quiero dar pistas.

Y, lo mismo que en no pocas ocasiones he criticado las formas -no tanto el fondo de muchos de sus comentarios – del gran comunicador radiofónico de las mañanas, Federico Jiménez Losantos, en esta ocasión, aunque tal vez al calificativo de “naziprogre” le sobraran las dos primeras sílabas -pero ya conocemos a FJL-, sí comparto su indignación ante este ninguneo a España y sus Instituciones por las declaraciones de esta “miembra” del Gobierno alemán, pidiendo su destitución inmediata. Como no, el periódico sensacionalista Bild se hizo eco de estas declaraciones acusando al periodista español -lo que le faltaba para “crecerse”- de “llamar al terror contra intereses de los alemanes residentes en España” o algo parecido que, como no, encontró eco en su “amiga” Susana Griso, que no pierde ocasión de demostrar su “objetividad”, como otros muchos programas del grupo Atresmedia, desde que la “jugada maestra” del PP le endosó la quebrada Sexta TV, de la que la cadena pública del país germano ADR -cual TV3 al uso-, se convierte en destacada réplica al aparecer sus presentadores -ella de traje y él de corbata- vestidos del amarillo secesionista con el que “adornan” su descontento los independentistas y golpistas.

Al menos, esta vez Felipe VI -al que parece que ayer CarlosTorrás, marido de la señora Griso, llamó “capullo” en relación a la Copa del Rey-no  les hizo a los separatistas el juego de los últimos años de hablar en catalán en la entrega de despachos de los jueces “formados” en la Escuela de Práctica Jurídica de Barcelona -en ese “postureo” político tan innecesario como inútil, como si eso sirviera para contentar a los separatistas- que por esas paradojas del destino dirige la mujer del Magistrado Pablo Llarena, amenazada por esos Comités de Defensa de la República (CDR) -la versión catalana de la kale borroka- a los que la Guardia Civil empieza a cercar y los recién aparecidos Grupos de Defensa y Resistencia (GDR) a contrarrestar -ya veremos cómo termina esto-, mientras los tribunales siguen en su tarea y, por fin -más vale tarde que nunca-, un Gobierno español, con muchos años de retraso -más de veinticinco-, “reacciona” ante la propaganda separatista del secesionismo y la mala imagen de España que desde las “embajadillas” catalanas se ha venido consintiendo, en esa política buenista y permisiva que no parece dar importancia a nada.

Otro tema que no deja de ocupar páginas de periódicos y horas de tertulia es el famoso máster de Cristina Cifuentes, con el que el PP -a mi juicio- repite el error de los trajes de Francisco Camps, y vuelve a caer en no cortar de raíz el asunto el primer día. Se supo después que la denuncia salió a relucir por el posible “resentimiento” de un “profesor”, de apellido “Perelló” -cualquiera es ahora “profesor”-, militante curiosamente del Partido Siempre Opuesto a España, que “dirige” tesis de compañeros socialistas y y al parecer “filtar” los resultados y que, “por un quítame allá esas pajas”, motivado, dicen, por la decisión de Lucía Figar cuando era consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, de suprimir un Grado en Sociología, o algo así, en el que impartía clase -seguramente el error fue haberlo implantado, no cerrarlo-. Los que me leen, saben la “gran estima” que profeso a la tan absurda proliferación de universidades que en su día apodé como “Incontinencia Universitaria”, implantada por el afán igualitarista del PSOE -por abajo siempre, claro, para que todos lleguen-, sin que el Partido Popular, en sus dos etapas de mayoría absoluta haya sido capaz de corregir -sobre todo en la primera, la de Aznar, que hubiera sido más fácil porque estaba todo menos podrido-. Esa siembra sin “abono” -profesores preparados-, sólo ha contribuido a “mediocrizar la cosecha”. Así, el nivel de nuestras universidades, salvo escasas excepciones, no tiene mucho reconocimiento académico fuera de nuestras fronteras -incluso dentro-, ampliado ahora con el crecimiento como  hongos de másteres “todo a cien” en la universidad pública, que no sirven para nada, más allá de adornar la pared o como “entretenimiento” para alargar el choque con la realidad de un mercado que no requiere la mayoría de esas titulaciones sin salida, y que nadie se ha replanteado seriamente en cuarenta años, parece. Hace cuatro, publiqué un artículo, “Es la Excelencia, estúpidos”, que trataba precisamente sobre este tema que, desgraciadamente, no ha perdido su actualidad.

A raíz del máster más o menos “fantasmal” de la Sra. Cifuentes, la ocasión se aprovecha para aplicar el ventilador a otros cargos del PP –Pablo Casado hizo el mismo máster y puede que haya hundido a su compañera al documentarlo- que no consiguieron el efecto deseado, aunque esto todavía no ha terminado y, al haber llegado al ámbito judicial, se abre un horizonte incierto que, para empezar, deja muy tocada a una de las muchas universidades producto de la “burbuja académica” provocada por la “inflación educacional” poco controlada. De momento, para lo que ha servido esta contienda ha sido para provocar que la polémica saque a relucir, de nuevo, las vergüenzas de no pocos cargos políticos, en su mayoría de izquierdas, que inflaron “méritos” académicos a niveles estratosféricos cuando muchos no habían ni “despegado” siquiera del suelo: Roldán, Montilla, Blanco, Patxi López, Trinidad Jiménez, Elena Valenciano, etc., por citar sólo algunos de los muchos del PSOE; César Zafra y Miguel Gutiérrez, entre otros, de C´s; Javier Viondi y algunos más, de IU y, cómo no, se recordó el curioso “currículum menguante” del Presidente del PP andaluz, Moreno Bonilla, que pasó de ser “Licenciado en ADE”, con su correspondiente “Máster” en EADE, a haber “cursado” un supuesto máster privado en Protocolo -el capítulo de “colocación” lo aprendió bien, comenté en su día-, en esa absurda guerra por aparentar que sólo demuestra una mentira generalizada, producto del enorme complejo de esa gran mayoría de gente de muy escaso nivel de formación y, probablemente, de algo más, encantados de haberse conocido, que nunca hubieran pensado llegar donde lo hicieron merced al lamentable sistema político de medianías en el que ha degenerado la -bienintencionada por algunos- transición. La de político es la única profesión de responsabilidad en nuestra querida España para la que no se necesita formación cualificada ni experiencia. Y así andamos.

Y de nuevo aparece la doble vara de medir que caracteriza a nuestros medios informativos, llevada al extremo, otra vez, en el sectario programa de las mañanas de Antena 3, donde ayer, su “objetiva” conductora, calificaba como “Lo más importante de la mañana” la comparecencia de Roberto Fernández Díaz, Presidente de la Conferencia de Rectores de España, CRUE, para dar a conocer el informe sobre el máster de Cifuentes, dejándolo de momento en manos de la Fiscalía, en la línea de lo que Mariano Rajoy dijo el pasado fin de semana en la Convención de Sevilla: “Será la justicia la que tenga que decidir lo que estime oportuno”. Al parecer, para la conocida presentadora,  el tan “transcendental” asunto está por encima de la declaración, ayer también, del expresidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, a la que dedicó escasos minutos, que ella cortó con sus comentarios, para retomar lo “importante” con todo lujo de detalle, declaraciones de posibles implicados y comentarios de “expertos en todo”, como una periodista “famosilla” tras su pasada relación con el juez en excedencia Gómez Bermúdez, “instructor” de aquella manera del atentado del 11-M, para cuya verdad “no estamos preparados los españoles”, según frase lapidaria del entonces juzgador, hoy en el ejercicio privado de la profesión jurídica, en el que le deseo mayor brillantez que en su última etapa en lo público.

Mi conclusión a esta segunda parte de mi análisis de esta semana es que nunca hubiera surgido en España esa generación podemizada, de no haber sido por la podredumbre existente en nuestra universidad, sobre todo en la pública, desde hace muchos años, que empezó a finales de los 60’s, posiblemente, también relacionada directamente con la causa del descontrolado nacionalismo.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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