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Navarra por un plato de lentejas

Resulta curioso que un partido que reconoce abiertamente que su objetivo es la construcción nacional vasca acabe gobernando en Navarra. Les sorprende hasta a ellos. Recordemos las palabras de Uxue Barkos aceptando que era “una abertzale presidiendo una comunidad que mayoritariamente no lo es”.

Pero éso no les ha impedido aprovechar la oportunidad y avanzar en esa “construcción nacional”, como apreciaba Ortuzar  durante la celebración del “día de la patria vasca” el pasado 1 de Abril. Tiene su lógica: no es una oportunidad que puedan desperdiciar. No todos los días te permiten usar las leyes forales y el presupuesto de todos los navarros para favorecer la conciencia nacional vasca y promover la cultura oficial vasca a costa de la igualdad entre los navarros… y de todo lo que podría pagarse con lo que invierten en separarnos.

Tiene lógica que el “kuatripartito” parezca liderado por Bildu y no por Geroa. Porque, separados los sabores, ambos son el mismo producto nacionalista vasco. Uno más agrio, otro más farisaico. La alianza permite a Barkos hacer lo que quiere abiertamente, como dijo Carlos Pérez Nievas.

Lo que tiene menos lógica es que entidades supuestamente preocupadas por esa igualdad social y esos derechos hayan permitido a Geroa Bai y a Bildu poner en marcha su programa de reinvención de Navarra. Podemos e Izquierda Ezquerra son, sobre el papel, entidades preocupadas por cosas distintas que el orden de los rótulos bilingües o la obligatoriedad del euskera en la administración pública. Para Bildu, la lucha de clases es lo mismo que la construcción nacional. Pero a los que se pretenden progresistas a secas se les entiende peor.

Pongamos un paralelo imperfecto. En Madrid, Ciudadanos ha apoyado la investidura de Rajoy a cambio de un pacto con una serie de compromisos claros. Pero, siendo Rajoy inaceptable para liderar un gobierno común, Ciudadanos se ha negado a participar en una coalición. El resultado es una situación tensa pero estable, en la que la administración funciona, algunas leyes importantes están viendo la luz (muy despacio) y los presupuestos están abandonando progresivamente la austeridad… del mismo modo que los acusados de corrupción abandonan sus cargos en las instituciones (y no sólo el presidente de Murcia o la senadora Barreiro). En resumen, Ciudadanos ha conseguido cambios reales forzando al PP a pasar por el aro.

En el caso de IE, cuesta más entender qué ha conseguido a cambio de entregar Navarra a los intereses de una minoría. Una reforma fiscal que se ha demostrado ineficaz en la Renta y contraproducente en el impuesto de Sociedades. ¿Hay algo más que valga el precio que están haciéndonos pagar? ¿O es simplemente el “como sea, pero que se vayan los que están” que buscaba Armando Cuenca en 2015?

En el caso de Podemos, la traición a su electorado es mucho mayor. Los que se hacían pasar por representantes de la indignación popular, adalides de la regeneración democrática y luchadores por la justicia y los derechos sociales han puesto a Navarra al pie de los caballos nacionalistas. ¿Qué justicia social puede haber cuando se promueven intereses sectarios y minoritarios? ¿Qué regeneración cuando se olvida la eliminación del aforamiento parlamentario o se desatiende al Defensor del Pueblo de Navarra, por no mencionar nombrar uno que no sea interino? ¿Qué limpieza cuando son los propios cargos de Podemos los que protagonizan las mayores irregularidades? ¿Qué atención a la emergencia social cuando tantas subvenciones van al fomento del euskera? ¿Qué democracia cuando el partido recusa a sus parlamentarios y éstos no abandonan sus actas?

Hay que reconocer que no todo ha sido cuestión de regalar la acción de gobierno a los nacionalistas. También hay que tomar en cuenta la incompetencia reiterada en la elaboración de leyes sin posibilidad de ejecutarse, por infringir principios constitucionales, o porque las cosas se alargan sine die. Algo que podría ser casual, pero también una forma de hacer teatro de cara a la galería: propongo la medida, pero no puedo hacer nada porque “no me dejan”. Como la Ley de Policías o la de ordenamiento local. Como tantas de sus “600 medidas”.

Construir una nación no es algo fácil, y menos donde no la quieren. Pero en Navarra lo están consiguiendo. En parte porque muchos han votado a Geroa Bai pensando que era algo más que Bildu con piel de cordero. Y en parte porque los “progresistas” tenían tantas ganas de tocar poder que han puesto al lobo y a su prima a cargo del gallinero. Han vendido a los navarros por un plato de lentejas.

Esperemos que en 2019 esos mismos navarros recordemos de qué pie cojea Geroa. Y hasta qué punto se vendieron al nacionalismo Podemos e IE.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y responsable de Asociaciones y Entidades en Ciudadanos Navarra.

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