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El euskera en su pirámide

La semana pasada me tocó explicar a una persona a la que respeto mucho que dar más importancia al desarrollo económico que al euskera no es “euskarafobia” ni desprecio a una lengua milenaria. Es poner las cosas en su sitio.

Hubo un señor llamado Abraham Maslow que publicó en 1943 una teoría sobre la motivación humana, que reflejó en lo que hoy se llama la “pirámide de las necesidades de Maslow”. Algo con lo que es casi inevitable tropezarse si se estudia a los humanos.

El señor Maslow clasifica las necesidades, de más a menos “necesarias”, y las coloca en una pirámide. En la base están las fundamentales para la vida (fisiológicas), como no sangrar; cuando éstas están más o menos resueltas, el ser humano está en condiciones de apreciar la “necesidad” de otras cosas superiores. Como una forma de ganarnos el pan, una vivienda, salud, propiedad (seguridad). Con un cierto nivel de éstas, somos capaces de preocuparnos por el grupo al que pertenecemos, o por pertenecer a uno (afiliación). Después ya nos preocupamos por el respeto que se nos muestra  (reconocimiento). Y cuando estamos aburguesados del todo, nos preocupamos por la autorealización: aspectos creativos y morales de satisfacción.

No hace falta decir que, como todos los modelos, es una generalización que no encaja con nadie, pero explica el comportamiento de muchos. Pocos se preocupan por la ecología cuando no tienen para comer. O por la decoración cuando la inseguridad laboral es tal que no se atreven a tener hijos. Hace falta un cierto nivel de vida para que tu felicidad o infelicidad dependan del reconocimiento de tus méritos en el trabajo.

¿En qué escalón de la pirámide está “el euskera”? Pensémoslo bien.

La promoción activa del euskera batua se presenta como una forma de preservar un “tesoro”, una herencia milenaria, la de los euskeras reales, propia de un territorio y por tanto de todos sus habitantes. Esa promoción activa conlleva poner todos los medios no sólo para fomentar su difusión y aprendizaje, sino para asegurar que cualquier contacto con la administración se puede hacer en euskera.

En palabras de economista, eso significa no sólo condicionar las inversiones y subvenciones a ese objetivo (afectando tanto a la competencia como a la riqueza de los ciudadanos), sino condicionar el acceso a la función pública al conocimiento de euskera (condicionando el acceso a la mayor oferta de empleo). En palabras de sociólogo, significa reforzar la conciencia de grupo diferenciado de los hablantes y partidarios del euskera, porque reciben un trato marcadamente diferente y preferencial.

Y no nos engañemos, es preferencial. Los hablantes activos de euskera en Navarra no llegan al 20% y ni siquiera en la zona oficialmente “vascoparlante” son realmente más de la mitad de la población, dependiendo de la fuente. Y sin embargo, no faltan lugares en los que la señalización se hace ya solamente en euskera o se exige sin reparos para trabajar en función pública (o en  empleo privado). El peso de esa población en la inversión y contratación pública es objetivamente desproporcionado.

Hasta aquí, creo, no hemos dicho nada que no sea objetivo, real e irrebatible. La diferencia de opinión entre mi amigo y yo está en si ese tratamiento especial está justificado o no. Podríamos debatir si difundir el batua realmente protege o recupera la herencia lingüística de Navarra. Podríamos debatir si es herencia de todos o de unos pocos. Podríamos discutir sobre porqué se promociona realmente. Pero centrémonos, hoy, en el coste humano de promocionarlo.

Pongamos un ejemplo claro. El requisito de un cierto nivel de un idioma cooficial para acceder a la función pública (como ya sucede en Baleares) está causando problemas en la sanidad balear a pesar de varios años de “preparación”. Problemas que significan la pérdida de plaza de personal clave y sin sustitutos. Problemas que implican la emigración forzada de profesionales, muchos nativos de la zona y todos asentados en ella.

Exigir el idioma cooficial es un extremo, pero es que en el País Vasco ahora mismo, sin exigirlo, se está valorando de un modo llamativo: da más puntos para acceder a una plaza médica que un buen doctorado en una universidad de prestigio.

¿Qué es más importante? ¿La salud, o la promoción del idioma cooficial? ¿Se lo preguntamos a Maslow? Nos dirá que resolver necesidades de seguridad, como garantizar la salud del mejor modo posible, debería primar sobre necesidades de otras fases.

Lo mismo puede decirse del trabajo. Exigir euskera en plazas que no lo requieren, o valorarlo de forma desproporcionada (más que cualquier cualificación técnica, o en zonas donde no es relevante) tiene consecuencias sobre la capacidad del 80% de los navarros, y de casi todos los españoles, de ganarse el pan en Navarra.

Maslow, de nuevo, nos diría que no nos equivoquemos. Que estamos jugando con las cosas de comer. Que las necesidades básicas, como el acceso al trabajo, siempre deben ser más importantes que la protección de tesoros culturales o la promoción de identidades. Que si queremos el bien de todos los navarros, no podemos buscarlo a costa de perjudicar a la gran mayoría. Que la Oferta de Empleo Público no puede usarse para “hacer país” con la excusa de proteger un tesoro cultural.

Por eso Ciudadanos ha avanzado su propuesta no de ley para modificar el estatuto del empleado público y que no se puedan exigir las lenguas cooficiales como requisito en la función pública. Permite que puedan ser consideradas mérito, de forma proporcionada a las necesidades del puesto y la realidad social. No a las visiones del nacionalismo, sino a esa realidad en la que no hace falta hablar euskera para curar a un niño ni debe hacerla para tratar tus impuestos.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y responsable de Asociaciones y Entidades en Ciudadanos Navarra.

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8 Comentarios

  1. Moi

    Pero y si el castellano no es mi lengua tengo que ser forzado a usarlo en mi propia tierra por el privilegio de otros? por qué tengo que ser un ciudadano de segunda y no poder ser atendido en mi lengua en mi tierra? El castellano no es mi lengua igual que el euskera, catalán etc no es la de otros. Sin embargo ellos tienen derecho a que se les atienda en castellano y yo no en mi lengua? eso es igualdad?

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  2. MUGFLOW

    ¿Por qué hablas con desprecio del euskara llamándolo “batua”? Ni siquiera sabéis lo que es, o como está formado, pero os gusta meterlo como para decir que el euskara batua no tiene nada que ver con el euskara de Navarra. Al menos su raíz es milenaria, y este idioma no es de unos navarros, es patrimonio de todos. Dejad de politizarlo y empezad a verlo como lo que es: un tesoro. Y si existe gente que lo usa, la administración debe promoverlo y respetarlo, ya que tú y yo tenemos el mismo derecho a ser atendidos en “euskara batua” o en “latín vulgar” (puestos a llamar a los idiomas por otro nombre al oficial).

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  3. Elurre

    Pues reivindico y exijo, como navarra, al Gobierno de Navarra que gaste dinero, como hace con el euskera, en promover el uso del “latín vulgar” con campañas, Educación, OPEs, horas de aprendizaje a trabajadores y dotar de personal que hable y se comunique en ese idioma. Así atenderá a quienes lo hablan, pocos o muchos.

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  4. Eduardo

    Hola Elurre,
    ¿Has tenido alguna vez un problema en ser atendido en castellano? Creo que quizás en el otro idioma si que exista ese problema… Creo que ya se destinan recursos a pagar los salarios de trabajadores castellano-parlantes, se realizan OPEs en las que el euskera no es requisito (mírate el número de plazas de la OPE extraordinaria por idiomas que igual te sorprendes). Me parece muy triste que siendo navarra no respetes el derecho de los ciudadanos a ser atendidos en la “lingua navarrorrum”, y lo politices.

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  5. Joxe Pernando

    VISTO LAS POLITICAS DE CIUDADANOS, MEJOR APOYAR EL ESPAÑOL QUE APOYAR A LA CIFU, QUE LUEGO RESULTA QUE FALSIFICA LOS TITULOS…. FASCISMO DEL BUENO!

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