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Berreadores compulsivos

Rechazos y atracciones emotivas espontáneas son normales en los seres humanos y, seguramente, necesarias para facilitar su  convivencia y su supervivencia específica. Sin embargo, por encima de ciertos límites, descargas hormonales de incidencia mental, desencadenadas con excesiva toxicidad en el sistema programático por emociones perceptivas activadoras del reproductor, pueden alterar circunstancialmente el comportamiento de hombres y mujeres y producirles descontroles socialmente peligrosos, con arrebatos equiparables a los de los machos más encelados de ciervos salvajes, dispuestos a superar cualquier obstáculo hasta matar y morir.

A más medidas represivas de gentes tensionadas por impulsos emocionales de extralimitación patológica, glandularmente auto persistentes, más se ciegan los enfermos encerrados en el círculo sin salida, llegando a ser fuentes de violencias, crimenes e inmolaciones a la desesperada, tanto más si se sienten exacerbados con acciones, omisiones, machismos, marrullerías feminoides, exigencias, ofensas, entregas o tolerancias de su mala recepción.

No parece posible evitar las explosiones inesperadas de procesos posesivos generadores de agresiones sobre el entorno, aunque, sin eludir responsabilidades por tropelías cometidas a conciencia, cortar lo antes posible su instauración básica con auto reavivación endocrina fija, mediante la castración, que tiene gran cantidad de ventajas y es eficaz a presente y futuro en freno de irritaciones, imprudencias, peleas, acosos sexuales. Impudicias, ofensas al pudor ajeno, abusos deshonestos, violaciones o pederastias y otras calamidades públicas, expansiones de psicosis temerosas de amenazas potenciales y despilfarros en reinsercionismos imposibles.

La esterilización reproductora, debe ser forzosamente prescrita en los casos de agresores con impulsos delincuenciales intrínsecos, como cuando es preciso amputar algún miembro y salvar una vida, en propio bien del afectado y tranquilidad general. Para conductores y consejeros de otros como los sacerdotes de la iglesia Católica, con las precauciones previas convenientes y cumpliendo con la sugerencia expresa del mismo Jesucristo, podría ser una práctica ideal, tomada consciente y voluntariamente por todos sus  miembros, extremando al máximo su dedicación sacrificada a la fraternización mundial.

Juan Prada Bécares, Abogado, Promoción 9 Abril de 1952 para Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad Física y Moral de las Personas.

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