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Ingmar Bergman usó su cine como un espejo tecnológico para analizar la naturaleza humana, según Carlos Tabernero

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El director sueco Ingmar Bergman (1918-2007) utilizó el cine como “una herramienta científico-tecnológica analítica” de la naturaleza humana (tanto de los personajes de sus tramas como de los espectadores), recurriendo a la metáfora del espejo

Así, lo señaló el pasado viernes, 1 de diciembre, el profesor Carlos Tabernero Holgado en una conferencia en la que aplicó un novedoso punto de vista a la filmografía del realizador nórdico: el de la ciencia y la tecnología. La charla, celebrada en el Planetario de Pamplona, formaba parte del ciclo “Arte, Ciencia y Tecnología”, organizado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) en colaboración con la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)-Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

Bergman, autor de películas como “El séptimo sello”, “El rostro”, “Persona” o “Gritos y susurros”, es reconocido por haber roto la cuarta pared, al obligar a sus personajes a mirar a cámara y, por lo tanto, a los espectadores. Así lo hizo ya desde 1953, a los pocos años del inicio de su carrera, en la película “Un verano con Mónica”. “El cine es una tecnología que puede funcionar como un microscopio, como una lupa”, afirmó Carlos Tabernero, doctor en Biología y profesor de Historia de la Ciencia en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona.

De hecho, al romper la cuarta pared, Bergman usó la pantalla como un amplificador (a modo de lupa o microscopio), recurriendo para ello a primeros planos de sus actrices y actores e, incluso, a planos de detalle, “donde no hay nada más que fragmentos del rostro”.

“Cuando esa actriz o ese actor mira al espectador a través de la ruptura de la cuarta pared, una pantalla que actúa como una ventana o un espejo, interpela directamente a la intimidad de quien contempla la película, no solo en relación con lo que le ocurre al personaje en la ficción, sino también respecto a uno mismo. En realidad, lo que técnicamente plantea Bergman es una investigación científico-tecnológica”, añadió el ponente, que tituló su conferencia “La ciencia en el espejo: salud, enfermedad e historia en el cine de Ingmar Bergman”.

A juicio de Carlos Tabernero, Bergman “explora las subjetividades de los espectadores y de los protagonistas de las películas a través de una supuesta objetividad que proporciona la tecnología del cine”. “La imagen no miente, pero el director cuestiona nuestra percepción a través de la tecnología —indicó el conferenciante, que es autor, entre otras obras, del libro “Terapias de cine: 50 películas básicas en torno a la medicina”—. De ahí la importancia de los espejos en el cine de Bergman, como herramienta científico-tecnológica analítica. Desde hace mucho tiempo, los espejos se han usado como metáfora de análisis, porque es un lugar de reconocimiento físico y emocional de las personas”.

Por todo ello, para el ponente, Bergman “lleva al extremo de experimentación cinematográfica lo que Alfred Hitchcock llamó la imagen pura: la idea de que el espectador, que en teoría es el analista, es el analizado a través del espejo”.

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