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Iván Maiski, el embajador que quiso implicar más a la URSS en la Guerra Civil

Iván Maiski, quien fue embajador de la URSS en Londres de 1932 a 1943, intentó con empeño que su país se involucrara de lleno en la Guerra Civil española y en 1938 apeló directamente al ministro de Defensa soviético, saltándose la jerarquía, para que atendiera la petición de ayuda de la República.

Así lo revela “El Cuaderno Secreto” de Maiski, un destacado diplomático de Stalin que durante sus años en servicio escribió un diario sobre sus contactos y vivencias en una etapa decisiva del siglo XX, y que ha publicado en España RBA bajo la supervisión del historiador israelí Gabriel Gorodetsky, experto en historia rusa.

En una entrevista con Efe, Gorodetsky ha explicado que la Guerra Civil española “fue para los rusos una gran sorpresa, no estaban preparados para ello y llegó en un mal momento”, porque, pese a las diferencias ideológicas, la URSS buscaba una alianza con Francia y Gran Bretaña frente a la pujanza del fascismo en Alemania e Italia.

El temor a incomodar a sus posibles aliados y la presencia de anarquistas y trotskistas en el bando republicano hizo que la URSS mantuviera una actitud titubeante ante el conflicto, y aunque hubo alguna ayuda militar soviética al inicio de la guerra, el ministro de Asuntos Exteriores Maksim Litvínov apoyó en 1936 la creación de un Comité de No Intervención entre las grandes potencias.

Iván Maiski, habitualmente prudente, desafió abiertamente a su superior y “se posicionó claramente en favor de ayudar a la República, incluso si menoscababa el apoyo a la URSS en Gran Bretaña o Francia”, pues creía que si eran incapaces de aliarse en España contra Italia y Alemania, ambas potencias acabarían interviniendo en otros países y ello desembocaría en la II Guerra Mundial.

En febrero de 1938, Maiski escribió directamente al comisario del Pueblo para la Defensa, el general Voroshílov, para rogarle que respondiera positivamente a la petición de ayuda de los republicanos ante el avance de las tropas de Franco, “lo que muestra otra vez que estaba realmente comprometido con la República”, apunta Gorodetsky.

Pero Maiski nadaba a contracorriente, pues Stalin se decantaba cada vez más por el aislacionismo, y en junio de ese año, tras ser llamado al Kremlin, recibió duras críticas por la posición que había tomado con respecto a España y fue sustituido en el Comité de No Intervención.

“La política exterior soviética bajo Stalin era monolítica, pero vemos ahora que algunas personalidades tenían puntos de vista diferentes y emociones y sentimientos distintos”, relata Gorodetsky.

Así, cuando en enero de 1939 cae Barcelona, Maiski escribe en su diario que “solo de pensarlo se me rompe el corazón”, y añade: “Los últimos dos años y medio, en que mi destino me ha unido tan estrechamente con el devenir de España, me he identificado con la heroica lucha de la República española. Sus victorias eran mis victorias, y sus derrotas, mis derrotas”.

El diario de Maiski revela también pensamientos de políticos y líderes occidentales que “no se hubieran dicho entre ellos”, como cuando Winston Churchill le confesó en 1938: “Yo, desde luego, estoy a favor de la política de Stalin. Stalin está creando una Rusia fuerte. Necesitamos una Rusia fuerte, y le deseo a Stalin el mayor éxito”.

“Churchill se daba cuenta de los factores geopolíticos de la situación y de que Rusia, con su colaboración, era la única que podría prevenir el estallido de la guerra. Así que deja a un lado su confrontación ideológica con los rusos, se decanta por la ‘realpolitik’ y encuentra en Maiski un compañero en este diálogo”, detalla Gorodetsky.

Iván Maiski sobrevivió a las numerosas purgas de Stalin, si bien fue detenido en la última de ellas, en la campaña antisemita y anticosmopolita de 1953, aunque la muerte del dictador en marzo de ese año le salvó de una probable ejecución por “alta traición”.

Liberado en el año 1955, Maiski fue rehabilitado en 1960 e ingresó en la Academia Soviética de las Ciencias, período en el que escribió diversos libros antes de fallecer en 1975. EFE

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