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EDITORIAL: El euskera y la identidad navarra

EDITORIAL: El euskera y la identidad navarra

El nacionalismo excluyente que gobierna Navarra de la mano de la señora Barkos vuelve a manipular la Historia una vez más. Afirmar que su “euskera” fue el elemento cultural que fraguó la identidad navarra es una burda manipulación.

El vascuence milenario y no el “Batua” que tanto defiende el nacionalismo vasco, es uno de los idiomas que en los comienzos del reino de Pamplona, allá a comienzos de la Alta Edad media, compartía poblaciones con el romance Navarro-aragonés y con el incipiente español, mal llamado hoy castellano. Nunca el vascuence actuó como elemento aglutinador del ser navarro, sino más bien todo lo contrario, las poblaciones de la Navarra nuclear, de las tierras que dieron origen al reino de Pamplona, utilizaban sin pudor alguno tanto el latín vulgar, como el navarro-aragonés como el vascuence.

Lo que verdaderamente ha forjado la identidad navarra no han sido las lenguas, sino la lucha que generaciones de navarros han llevado a cabo por defender su reino ante los constantes ataques de potencias externas que querían incorporar el territorio navarro a sus dominios. Los navarros llamados “de pro” aun recuerdan el apoyo que guipuzcoanos prestaron a quienes querían conquistar el reino de Navarra. Hasta hace poco tiempo el escudo de Guipúzcoa aún tenía los cañones quitados a los navarros como recuerdo de lo acontecido.

De algo si que puede estar orgulloso el nacionalismo vasco en Navarra. Su “euskera” ha sido un elemento separador , puesto que se lo ha utilizado como elemento de imposición, de manipulación y de presión frente a quienes no lo hablaban y no quería hablarlo.

El nacionalismo vasco se equivoca. No extrañan actitudes como la de cierto alcalde de la Ribera Navarra que reivindicaba el uso de la lengua española frente a las imposiciones nacionalistas. El uso de su “Good Morning” en el saludo protocolario hacía la presidenta de Navarra, señora Barcos, era un gesto de protesta ante la imposición vasquista y frente al rechazo de otras lenguas que no sean el “Euskera”. La presidenta debería ser la presidenta de todos los navarros y no solo de quienes le han votado. El desprecio hacía lo navarro es mayúsculo.

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