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De presiones y coacciones

Hablar sobre Catalunya se está convirtiendo en mono tema y tiene pinta de serlo así de momento hasta el próximo 1 de Octubre, aunque lo que pase a partir del 2 también dará para mucho.

Lo que está ocurriendo a raíz del desafío provocado por las fuerzas soberanistas, o independentistas que para todo hay en la viña del señor, y algunas respuestas del Estado da igualmente para un tratado de lo que no debe ocurrir nunca, ni en política, ni el cualquier otra faceta de la vida.

La tensión Estado-Catalunya está desatando las peores pasiones allí y aquí, está haciendo emerger lo más malvado del ser humano. Eso en lugares donde siempre se ha presumido de una exquisita educación, lo que se denomina el “seny” catalán, algo así a como en el resto de España se denomina al sentido común Por cierto el menos común de los sentidos y a la vista está, que se ha perdido en toda la geografía patria.

“Seny” conviene recordarlo se entiende como cordura, sensatez, armonía, equilibrio y quizás en donde más se manifieste sea en la danza típica de Catalunya, la sardana, en la que los actuantes bailan en un círculo cogidos de la mano de manera amigable y cordial, o en el “castell” donde para que pueda alzarse se necesita el concurso solidario de decenas de personas para formar esa especie de base, piña o pinya.

Todo esto ha saltado hecho añicos en apenas unos meses de tensión, que está alcanzando sus cotas máximas a medida que se acerca el dramático 1-O. Una tensión animada de manera irresponsable desde ambas orillas de este nuevo río de aguas turbulentas.

Resulta dramáticamente curioso que cuando el que inundó nuestras calles y plazas, especialmente de Euskadi y Navarra, se ha ido remansando, ahora aparezca este nuevo precisamente en el lugar que desde aquí mirábamos con envidia.

Lo ocurrido en las últimas semanas supera cualquier previsión pesimista que hubiéramos podido realizar. Del enfrentamiento político se ha pasado de manera extremadamente peligrosa al social, copiando las malas prácticas vividas por aquí en aquellos negros tiempos. Vecinos contra vecinos, amigos contra amigos, familiares contra familiares. Lo que resultaba un ejemplo de convivencia y pluralidad acaba de romperse hecho añicos.

Lo que está sucediendo en la redes sociales se parece más a un campo cruento de batalla, que a aún lugar de debate sereno y sosegado. Las gentes más sensatas de antes, se convierten como por arte de magia en verdaderos hooligans, en energúmenos que descalifican e insultan al que opina diferente sin ningún pudor, que te acusa impunemente de fascista, anti demócrata o retrógrado.

Mientras tanto las amenazas y presiones realizadas contra los alcaldes, la mayoría del PSC, que plantean ceñirse escrupulosamente a la legalidad negándose a ceder locales para la realización de la votación del referéndum, resultan absolutamente intolerables.

Quienes han impuesto la fuerza de su mayoría absoluta en el Parlament y exigen que se respete, no debieran liderar una revuelta contra quienes por la misma razón lo hacen en sus respectivos municipios.

Los insultos, desde charnegos a muertos de hambre, pasando por improperios peores, las amenazas, incluso de muerte, descalifican, ensucian el “proces”, especialmente ante el silencio cómplice del President Puigdemont, el resto de su Gobern y las fuerzas que lo sustentan.

En los peores momentos de lo ocurrido por aquí, jamás se produjo esa perversión profunda de la democracia, ante un ataque tan vil a la convivencia. Ahora se va a descubrir que el verdadero “seny” habitaba por estas tierras y no allí.

Los promotores de esta locura aún no han entendido que pase lo que pase el 1-O y posteriormente, el daño que están produciendo a la convivencia en el seno de la sociedad catalana puede resultar irreparable. Una convivencia que resultaba ejemplar hace apenas unos meses.

Es cierto que el causante originario de esta situación, fue el recurso insensato que el PP presentó a un Estatut que dejaba satisfecha a la inmensa mayoría de la población catalana. También que la reacción de Rajoy y su Gobierno, resulta un intento de apagar un fuego con gasolina en lugar de con agua. Pero eso no exime de responsabilidad a los promotores de este lío monumental que va a dejar muy debilitada a la ciudadanía que dicen representar.

Probablemente el 1-O de una u otra manera se votará, igualmente esa votación carecerá de la legitimidad y legalidad mínimamente exigidas, pero el daño estará ya causado. Por eso convendrían que ambas partes se pusieran a trabajar de manera inmediata en la búsqueda de soluciones a partir del 2-O.

Mientras tanto quienes desde ambas orillas aún pensamos que otra solución es posible más allá de la confrontación y la ruptura, quienes apostamos por el diálogo, la negoción y el acuerdo, deberemos ponernos desde este mismo instante manos a la obra en la construcción de puentes que comuniquen ambas orillas, como ya se hizo por estos lares. La historia a veces se repite.

Para luego es tarde…

José Luis Úriz Iglesias, ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE

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