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Tradiciones jacobeas de Navarra: De Estella a Nájera (3)

Saliendo de Estella y al pie de Montejurra se en cuentra el Monasterio de Irache, en vascuence “helecho”, es un conjunto monastico situado en Ayegui,. Sus orígenes se remontan al siglo VIII y algunos edificios actuales guardan partes del siglo XI. Fue regentado por los benedictinos. Los primeros documentos en que se hace referencia a Irache datan del año 958. Su situación al borde del camino de Santiago y la fundación de un hospital jacobeo, el primero de Navarra, por orden del rey García Sánchez III, el de Nájera, le dio gran relevancia a principios del siglo XI. Se cree que pudo ser fundado por Sancho Garcés I en 908 después de que conquistara el castillo de Monjardín, antes castillo de San Esteban, en el vecino pueblo de Villamayor de Monjardín.

Su ubicación, en pleno Camino de Santiago, y el en centro del reino de Nájera-Pamplona (casi a medio camino de Pamplona y de Nájera) le favorecen en su importancia. Entre los años 1052 y 1054 se construye, por orden de García Sánchez III, el de Nájera, un hospital de peregrinos, el primero del reino. El esplendor llega en el siglo XI con San Veremundo como abad. Entre los siglos XII y XIII se construye la iglesia actual que sustituye a la existente hasta entonces.

Al lado del monasterio se hallan las Bodegas de Irache, que para cumplir con la obra de misericordia de dar de beber al sediento y en atención al peregrino, han hecho que una fuente de dos caños mane vino y agua. Junto a dicha fuente, una placa de hierro forjado, nos invita a la moderación con la siguiente cuarteta: “A beber sin abusar / te invitamos con agrado./ Para poderlo llevar / el vino ha de ser comprado”.

Una de las leyendas que se vinculan a Irache es la de su abad San Veremundo (1056-1098) el cual solía llevar a escondidas alimentos a los peregrinos del Camino de Santiago que paraban en el hospital monacal en contra de las disposiciones de la congregación. Escondía las viandas bajo los hábitos. Cuando los hermanos le interrogaban por lo que llevaba y le obligaban a enseñarlo, pero cuando el santo abría sus ropas, los alimentos se convertían en flores o astillas de leña.  Históricamente, Veremundo fue primero un monje y posteriormente un abad bajo cuya dirección Irache y la influencia religiosa y cultural que salían de sus muros fue muy importante para todo el reino, de cuyos monarcas Veremundo, por sus méritos, preparación intelectual y sus dotes de prudencia fue consejero. Hoy Irache y Villatuerta, en una singular procesión celebrada anualmente, simulando el robo de las reliquias, se disputan ser su cuna y comparten la custodia de los restos del santo abad.

Otra de las cosas que también distinguió a este lugar en donde se forjaron santos, fue la acogida que en su hospital los monjes dispensaban a los peregrinos de la ruta Jacobea. Ya en la Edad contemporánea, Irache tendría facultad de medicina.

Siguendo la ruta, llegamos a Sanzol, cuyo nombre probablemente deriva de san Zoilo, santo que se venera en su iglesia y goza también de una sigular ermita en Cáseda. Contra las insidias del Codex Calixtinus, los no encontrarán aquí el peligroso río de aguas envenenadas. Por este lugar no transcurre río alguno sino tan sólo un arroyo casi seco, el antiguo Odrón. De Sanzol, el Camino lleva hasta Torres del Río y su iglesia del Santo Sepulcro, de la que ya hablamos antes, con su  forma octogonal y una cúpula en su interior sostenida por nervios de piedra a modo de ramas de palmera cuyo pétreo tallo baja hasta el suelo. Construcción extraña del siglo XII a la que tradicionalmente se ha llamado ‘La linterna de los muertos’ porque su cúpula exterior se abre en linterna para iluminar el interior y en ella se encendía fuego cuando moría cerca algún peregrino.

De aquí, enseguida se llega a Viana y, por Bargota, a Logroño. En Bargota encontraremos la leyenda del cura Juanes. Este sacerdote era de un pueblo o aldea cercano a Viana, que vivió entre los siglos XVI y XVII, el cual fue considerado como un brujo por todos los que le conocieron. Cuentan que un día muy caluroso del mes de agosto, mientras los feligreses esperaban para que dijese la misa, se vio venir como un gran bulto y volando, que parecía como si fuese un gran pájaro negro y cayendo al suelo en la misma puerta de la iglesia, apareció el cura, quien llegó a la iglesia completamente tapado y con el sombrero y el capote lleno de copos de nieve. Al entrar en la iglesia dijo muy fuerte: “qué frío hace en los montes de Oca“, mientras tanto se sacudía los copos de nieve. Por este hecho, corrió por la zona de la ribera que el cura era un brujo y que asistía a los aquelarres; se le procesó por brujería en Logroño ante la Santa Inquisición, por la cual salió absuelto y sin haber prometido que no volvería más a hacerlo.

Al poco, abandona el peregrino la actual Navarra y, pasando el puente sobre el Ebro por Logroño, y ante su monumental iglesia dedicada al Apóstol, patrón de España y del Camino, se adentra en La Rioja.

En Logroño se ubica el milagro de San Bernardino de Siena, un peregrino extranjero que llegó en 1441 precedido por fama de santidad, a quien se acercaron numerosos fieles a fin de escuchar su predicación. Dícese que en la Calle Mayor (inmortalizada en 1956 por la película de igual título de Juan Antonio Bardem) no cabían todos los fieles reunidos, por lo que el sexagenario predicador franciscano eligió una plaza cercana, que estaría hacia el histórico edificio del Nº 111 de la Calle del Marqués de San Nicolás, en donde hoy se ubica la sede del parlamento de La Rioja. La predicación del santo era tan amena que a una mujer, más atenta al santo que al hijo que sostenía en sus brazos, se le cayó este al suelo y murió en el acto de un mal golpe. Entonces, San Bernardino, dándose cuenta de lo ocurrido, tomó al niño en sus manos y lo bendijo. Inmediatamente la multitud quedó asombrada de que la criatura recobrara milagrosamente la vida.

15 km al sur de Logroño, encontramos Clavijo, hito clave en el Camino y en el patronazgo de Santiago sobre España. Ahí se alza el castillo de Clavijo, vigilando los campos donde, según la tradición, el 22 de marzo del año 844, tuvo lugar la batalla en la que apareció el apóstol Santiago, sobre un caballo blanco, en apoyo de las huestes cristianas, a las que condujo a una gran victoria en el paraje hoy conocido como Campo de la Matanza.

En esta gesta de nuestra historia nacional tienen su origen la advocación que damos a nuestro Patrón como Santiago Matamoros; el grito bélico de “¡[Je]Sus y a ellos! ¡Santiago y cierra España!”; o  el Voto de Santiago, por el cual se recaudaba entre los fieles de Castilla y León un tributo que se entregaba anualmente a los Canónigos de Compostela. Este voto se mantuvo ininterrumpido hasta su supresión en 1812 por las cortes de Cádiz. La leyenda afirma que la batalla fue planteada para acabar con el vergonzoso Tributo de las Cien Doncellas que los cristianos entregaban, cada año, al emir de Córdoba  desde los tiempos del rey Mauregato (783 – 789) hijo natural de Alfonso I y una esclava mora. Todavía hoy, en Sorzano, se puede asistir, el tercer domingo de mayo, a la procesión de las Cien Doncellas, en la que jóvenes vestidas de blanco y con ramos de acebo en sus manos, mantienen vivo el recuerdo de aquel tributo medieval. Y una procesión semejante se celebra cada 12 de mayo en santo Domingo de La Calzada.

Entre Logroño y Santo Domingo, se emplaza la ciudad de Nájera de la que mucho se podría hablar. Corte y Panteón Real de Navarra en tiempos del Reino de Nájera-Pamplona; origen de la Orden de La Terraza, una de las órdenes militares más antiguas de Europa y la más antigua de la que se tienen noticias. Su símbolo es una jarra con azucenas. Este llegó a ser tomado como nombre de la orden, siendo por ello también conocida como Orden de la Jarra y Orden de las Azucenas. La orden y su sello fueron creados por el rey García Sánchez “el de Nájera”. Don García decidió construir un monasterio cercano a la cueva, que sería el Monasterio de Santa María la Real de Nájera y crear la Orden de la Terraza. de la que el propio monarca navarro fue el primer miembro.Fue creada en Nájera, La Rioja, en torno a 1040 en honor a la imagen de Santa María La Real, por el milagro que, a continuación se narra.

Mediado el Siglo XI, cuando el rey García Sánchez II de Navarra salió de caza por los alrededores de palacio. Al poco observó una paloma y lanzó su halcón contra ella. Halcón y paloma entraron en una gruta el rey notó que pasaba el tiempo y ninguno salía. Extrañado don García entró en la cueva  y en ella encontró un modesto altar con una talla de la Virgen, una jarra con azucenas y una campana de bronce y, lo más sorprendente, junto a la Virgen, el halcón y la paloma posados pacíficamente. García Sánchez vio en ello un milagro y decidió erigir en su memoria el Monasterio de Santa María la Real y un panteón para los reyes de Navarra.
Si ya he hablado de la jarra de azucenas, diré ahora algo sobre la campana, precisamente en el centenario de la muerte de Juan Iturralde y Suit (1840-1909, académico correspondiente de la Historia y de San Fernando y máximo impulsor de la Asociación Euskara de Navarra en1878). Un escritor Navarro autor de una bonita leyenda sobre la misma. Esta campana data del siglo X y en ella se leía  la inscripción MENTEM SANCTAM SPONTANEAM ET HONORES DEO, ET PATRIAE LIBERATIONES (Demos a Dios nuestra mente santa y espontánea, y démosle honor y a la Patria Libertades), que el P. Moret S.J., autor de los Anales del reino de Navarra, tradujo libremente como “¡Honor a Dios y Libertad a la Patria!”. Esta campana, según dicho historiador, se conservaba y podía ver en el campanario la torre de Nájera en el Siglo XVII.

En Nájera, Corte y panteón real de Navarra, concluiré este peregrinar a Santiago siguiendo la Ruta Jacobea por las tierras del Viejo Reyno. Por ellas hemos y vemos pasar peregrinos de toda condición y origen. Por ello me atrevo a traer, a modo de colofón, la poesía y oración de Adriano del Valle titulado “Canto al apóstol Santiago, Patrón de España”:

 

Francos, nómadas, medos, irlandeses

Sirios y sardos, persas y efesinos,

Flamencos, provenzales y romanos,

Godos, armenios, grecos, calabreses,

Dacios, corintios, libios y aquitanos,

Húngaros, chipriotas y antioqueos,

Etíopes, egipcios, galileos,

Registraban los censos calixtinos…

Inflando iba su fol la cornamusa;

La gaita el caramillo, silbadores;

Saudades quejumbrosas en lengua lusa;

Felibres, provenzales, trovadores…

 

Himnarios y zampoñas y añafiles,

El pífano, la flauta y la vihuela,

Las cítaras, la flor de los atriles…

El aire era orquestal en Compostela.

 

El aire era un camino jacobeo,

Innúmera calzada a Compostela…

Deudo de dios, Hijo del Zebedeo.

Hijo del Trueno, a la batalla vuela…

 

Resplandeciente de pluviales oros,

Entre el cristal galaico del orvallo,

Contra el infiel cargaba Matamoros,

Blanco el pendón y blanco su caballo.

 

¡Señor Santiago! ¡Señor santiago! ¡Hijo

del Zebedeo y Salomé, en Judea,

y alférez del Señor, cuando en Clavijo

fuiste el Hijo del Trueno en la pelea!

 

¡Santiago Patrón! ¡Apóstol de los cielos!

¡Tromba de Dios! ¡Repítenos tu hazaña!

¡Alas para el Pegaso de tus vuelos!

¡Y el grito augur: <Santiago y cierra España>!

Pedro Sáez Martínez de Ubago, investigador, historiador y articulista

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