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Tradiciones jacobeas de Navarra: De Pamplona a Estella (2)

A pocos metros de la salida de Pamplona, el peregrino puede descansar en Cizur Menor, en un histórico edificio que la Soberana Orden de Malta ha habilitado como capilla, museo y albergue.

De ahí por el Puerto del Perdón y la fuente de Reniega se irá acercando a los interesantes parajes de Obanos. Aquí hayamos otra historia. En el Alto del Perdón, a pocos km de Pamplona, un peregrino llegó a la cumbre agotado por la sed. El diablo, disfrazado de caminante, se ofreció a indicarle una fuente oculta, a condición de que renegara de Dios, de la Virgen o de Santiago. Pero el peregrino perseveró en su fe. Entonces cuando se aparece Santiago vestido de peregrino, recoge al moribundo y le lleva a la escondida fuente, dándole de beber con su vieira. Esta tradición da lugar a que al paraje se le conozca, también como la fuente de la Reniega.

 

OBANOS es villa conocida por la representación de una de las leyendas medievales más hermosas del Camino de Santiago en Navarra, narrada en la obra Del martirio de Santa Felicia y la penitencia de San Guillén” (escrita por el sacerdote Santos Beguiristáin e interpretada por primera vez en la plaza de la Villa de Obanos en 1965) que da cuerpo literario a una leyenda secular del siglo XIV sobre los hijos de los Duques de Aquitania. Tras recorrer el Camino de Santiago y sentir la vocación religiosa, la princesa Felicia decidió abandonar las comodidades de la corte y esconder su rango en el Señorío de Amocáin, donde su hermano Guillermo le descubrió y degolló, ante la negativa a asumir las responsabilidades que le correspondían por su noble estirpe.

La tumba de Santa Felicia, que guarda su cuerpo incorrupto, al que se atribuyen poderes de curación de los dolores de cabeza, quedó fijada en la iglesia parroquial del pueblecito navarro de Labiano en el Valle de Aranguren. Su hermano Guillén alcanzó igualmente la santidad tras peregrinar a Compostela y llorar su crimen durante el resto de su vida en la ermita de Arnotegui, próxima a Obanos, donde consoló a los peregrinos del Camino de Santiago y socorrió a los pobres, y donde aún hoy se veneran sus restos. Y el viernes siguiente al Domingo de Resurrección se celebra un curioso ritual en el que se hace pasar a través de su cráneo agua y vino fermentado, con la idea de santificarlos. Esta ceremonia no carece de concomitancias con la que, cada 3 de mayo se celebra en la Basílica de San Gregorio Ostiense de Sorlada. Localidad donde está enterrado el Santo Obispo de Ostia, por cuyo cráneo se pasa el agua para regar los campos y eliminar posibles plagas.

Entre Obanos y Puente La Reina, se haya la iglesia de Santa María de Eunate, uno de los parajes navarros más visitados, tanto por la devoción, como por el interés cultural de esta original obra de arte románico, se construyó durante la segunda mitad del siglo XII, hacia el 1170, coincidiendo con un cierto auge constructivo que se produjo en Navarra, y en especial, en las áreas m.as próximas al Camino de Santiago.

Se encuentra ubicada dentro del término municipal de Muruzábal, Valdizarbe. Se ha especulado mucho sobre su origen y finalidad al no existir un testimonio certero que nos lo confirme. Las hipótesis más antiguas son de finales del siglo XIX y relacionan su planta octogonal con los Caballeros de la Orden del Temple, que gozó de todo el beneplácito durante el reinado de Sancho VI “el Sabio”, periodo en el que se construyó la iglesia de Eunate; pero no hay noticias históricas o documentales que sobre la presencia de los templarios en Eunate y esta hipótesis no se acepta por la mayoría de los historiadores la actuales.

Investigaciones más recientes, basadas en los resultados obtenidos a raíz de las excavaciones que se realizaron a mediados del siglo XX, consideran que Eunate pudo ser la iglesia de un hospital de la orden de San Juan de Jerusalén de cuya presencia se tiene la constancia documental de un documento en el cual, el prior del Hospital estableció en el 1251 una concordia con los cofrades de Obanos, concediéndoles para sus reuniones “el nuestro Hospital del Camino”. Este Hospital propiedad de los Sanjuanistas podría ser Eunate. Sea cual fuere el origen del templo, la mayor parte de las hipótesis coinciden en su función cementerial al servicio de los peregrinos fallecidos en el Camino de Santiago (en varios de los enterramientos excavados se han encontrado las tradicionales conchas de los peregrinos).

Si así fuera, podría establecerse un vínculo entre esta comarca y la Valdorba, una ruta menor a Santiago, donde se alza el hórreo de Iracheta; y se relacionarían la ermita, hoy conservada, con su anexo hospital de peregrinos y el cementerio existente en la época. Y cabe suponer que junto con el Sancti Spiritus de Roncesvalles y el Santo Sepulcro de Torres del Rio, la de Eunate, formaba parte de un escalonamiento entre capillas funerarias.

Como complemento a esta hipótesis, se ha barajado con la posibilidad de que Eunate dispusiera, al igual que la iglesia de Torres del Río (también de planta octogonal), de un faro o linterna de muertos en la que luciría permanentemente la llama conmemorativa de los difuntos, y que a la vez serviría de guía a los peregrinos durante la noche. En apoyo de esta teoría está el cubo de la escalera anexo a la iglesia que asciende hasta el tejado en donde pudo estar antiguamente la linterna.

También sobre Eunate, se narra que habiéndose encargado el pórtico de Santa María de Eunate a un maestro cantero, éste se retiró para buscar la inspiración divina y así poder realizar una obra maestra. Pero, a su retorno le sorprendió que otro descomunal colega dotado de poderes sobrenaturales ya había concluido el trabajo. Indignado el primero, recurrió a la jerarquía eclesiástica, que desoyéndole, le explicó que su ausencia había sido entendida como una falta de respeto hacia los monjes. Además y como castigo, se le impuso esculpir una obra gemela, que debería finalizar en los tres días de tiempo empleado por el otro cantero. Desesperado ante la injusta medida, se adentró en el bosque decidido a invocar al diablo. Sin embargo, se cuenta que fue la bruja Laminak quien, compadeciéndose de él, le confió el secreto mágico que resolvería el problema. Siguiendo sus consejos, se hizo con una piedra de la Luna que una gran serpiente guardaba en su boca, para depositarla en la orilla del río la noche de San Juan. Con la luz de la luna reflejada en la piedra, el cáliz y el agua del Nequeas, vio que se obraba el milagro. Sin embargo, algo falló y la portada resultó invertida, como reflejada en un espejo. El pueblo quedó maravillado por el milagro y el segundo cantero, movido por la ira, pegó tan descomunal patada a la obra que ésta fue a parar a una población cercana. Hoy, en la iglesia de Olcoz, y la misma portada pero opuesta a la de Santa María de Eunate.

Dejando atrás la misteriosa Eunate, entramos en Puente La Reina, cuyo nombre suscita controversias entre quienes creen que puede provenir del puente románico sobre el río Arga, que fue mandado construir en el siglo XI por reina de Navarra, posiblemente Doña Mayor, esposa de Sancho el Mayor o bien Doña Estefanía, mujer de García el de Nájera; y quienes, como José María Jimeno Jurio se inclinan por que el nombre provenga de un primitivo Pons Rune. Runa sería el nombre que antiguamente tenía el río Arga, derivado a su vez de Iruña, el nombre nada claro que en vascuence se podría referir a Pamplona.

Mucho se ha escrito de la historia y arte de esta villa navarra donde concurren las dos principales rutas jacobeas, en contraste con las pocas leyendas que aquí encontramos, de la que destacaremos la relacionada con la imagen de la Virgen del Chori (“txori” significa `pájaro´ en vascuence) por la avecilla que esporádicamente aparecía por una hoy perdida torreta del puente en que se veneraba a la Virgen del Puy –imagen que hoy vemos en San Pedro- a la que el piadoso animal limpiaba las telarañas de la cara con sus alas y pico previamente humedecidos en el río. Hay constancia de esta peculiar limpieza en distintos años, resalta la tradición el de 1834, en que el Conde de Viamanuel, comandante de las tropas liberales que ocupaban la población, se burló del ave y agredió a los vecinos que celebraban su aparición. Quizá trajera así el conde la ira de la Señora, pues poco después Zumalacárregui entro en Puente La Reina, cayendo prisionero el impío conde.

En los 22 kilómetros que separan las localidades de Puente La Reina y Estella, el Camino, que transcurre por alguno de los pocos tramos de calzada romana bien conservada que aún quedan en la ruta hacia Compostela. Tal es el caso de Ciraqui, que corona un picachuelo rodeado por los primeros viñedos y  la antigua calzada romana que conducía a Astúrica (actual Astorga). El Camino salva aquí las aguas del Río Salado gracias a un pequeño puente medieval (km 12,2). Tal es el caso de Ciraqui, que corona un picachuelo rodeado por los primeros viñedos.  Entre Cirauqui y su vecino Mañeru, se estableció un curioso pleito.

Según la tradición, en medio el camino se levanta un crucero de piedra que marca las lindes de separación entre ambos pueblos. Es el lugar de un antiguo duelo ocurrido cuando las dos poblaciones rivalizaban por fijar sus límites en puntos diferentes. Para resolver el contencioso, sendas ancianas (una de cada pueblo) se retaron en duelo a beber todo el vino que pudieran. La que más bebiera fijaría los lindes en el lugar establecido por su pueblo. Los cántaros de vino debían de ser llenados por los rivales del pueblo contrario. Los de Mañeru introdujeron una rata muerta en el cántaro de la anciana de Cirauqui. La de Mañeru bebió su cántaro dejando sólo los posos en el fondo y la de Cirauqui bebió el suyo, apurando el vino y posos hasta la última gota. Ganó la apuesta esta última y se fijó el linde donde su pueblo quiso, marcándolo con el crucifijo de piedra. Después del duelo la ganadora confesó, no sin sorna, que estuvo a punto de perder la apuesta cuando se le atravesó algo como un moscón en la garganta.

ESTELLA, cuyo nombre, como veremos, emparenta etimológicamente con Compostela, ha sido considerada la Toledo de Navarra, fue fundada en el año 1090 por el rey Sancho Ramirez monarca de Navarra y Aragón, en las cercanías de la población vascona de Lizarra, que  había sido reconquistada por Sancho Garcés I en el año 914.

Inicialmente se agrupaba en tres barrios: San Pedro de la Rua (o San Martin) con la Judería, San Miguel (barrio de mercaderes) y San Juan para el pueblo llano. Mayormente la población estuvo habitada por francos, y muy pronto se convirtió en eje principal del Camino de Santiago. Los tres barrios se unierón en un solo municipio en el año 1266. Aymery Picaud en su Codex Calixtinus, dice de Estella que es “Fértil en buen pan y excelente vino, así como carne y pescado y abastecida de todo tipo de bienes y un río de agua dulce, sana y extraordinaria“.
La iglesia de San Pedro de la Rúa , es la más antigua de Estella, se encuentra justo en la calle por donde pasa el Camino de Santiago y enfrente también del Palacio de los Reyes de Navarra, único resto del románico civil en Navarra. La primera noticia que tenemos de la iglesia es del año 1.174 (siglo XII) en que aparece mencionada como parroquia. En 1256 alcanza el título de Iglesia Mayor de Estella, con lo que pasa a ser llamada “San Pedro el Mayor”.

En ella se veneran unas reliquias de San Andrés. Dice la leyenda que a su paso por Estella, un peregrino que se dirigía a Santiago de Compostela, falleció en esta población, concretamente en el desaparecido Hospital de San Nicolás y fue enterrado en el claustro de la Iglesia de San Pedro de la Rua que a la sazón era cementerio de peregrinos en aquella época (siglo XIII). Por unas señales milagrosas sobre la tumba del peregrino, se descubrió que el peregrino en cuestión era el Obispo de Patrás y que llevaba una reliquia como ofrenda a Santiago.

La reliquia era un omoplato de San Andrés. Entre los ropajes del obispo se encontraron las credenciales de su personalidad y la autentificación de que la reliquia que portaba era la del propio apóstol de Cristo, que recordemos murió en Patras (Grecia) en el año 62. Desde entonces San Andrés es patrono de Estella y su reliquia se veneraba en la iglesia, hasta que, entre otros objetos sagrados, el relicario que la contenía, así como el báculo del obispo de Patrás fueron robados en el año 1979 sin que hayan sido recuperados. Y la reliquia que hoy se venera corresponde a un trozo del cráneo de San Andrés que después del robo fue solicitada a la Santa Sede en Roma y les fue concedida.

Otra leyenda de Estella es la de los pastores que en el monte Puy reunían sus ovejas de forma habitual. Un día, vieron que sobre la cima caían muchas estrellas. Acudieron hasta el lugar para comprobar con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo. Y fue entonces cuando encontraron una cueva con la imagen de la Virgen en su interior. Avisaron a la parroquia del suceso y decidieron sacarla de allí. Pero ante su sorpresa, vieron que no eran capaces de mover la imagen pues una extraña fuerza así lo impedía. Desde entonces, en el lugar se yergue el santuario de la Virgen del Puy. En este sentido, conviene aclarar que las estrellas, en latín “stellae”, dan nombre a la ciudad, lo mismo que a Compostela, así como que la voz puy, lo mismo que topónimos como Pueyo, Puig… provienen del término latino pódium, que significa `lugar elevado´.

Algo similar encontramos, en lo que, habiendo sido parte del Reino de Nájera Pamplona es hoy La Rioja: pasado Navarrete y Tricio, se  halla  el Poyo de Roldán, que a la derecha de la carretera, y se trata de  una colina que tiene su particular leyenda. Según ésta, en el castillo de Nájera vivía Farragut, gigante sirio descendiente  de Goliat y  más fuerte que él, que había combatido y vencido a los mejores guerreros  de Carlomagno, excepto a Roldán que un día, desde el cerro (el poyo)  divisó  al gigante sentado a la puerta de su castillo. Roldán cogió una  piedra redonda  que pesaba dos arrobas y la tiró en dirección al gigante al  que dio en la frente,  cayendo derribado. Desde entonces el cerro se  llama Poyo de  Roldán. Nótese que Farragut y Roldán son dos personajes que están siempre presentes en leyendas y capiteles a lo largo de este tramo del Camino.

Pedro Sáez Martínez de Ubago, investigador, historiador y articulista

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