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Atentado terrorista en Israel

  • Por José V. Ciordia, historiador

Tal día como hoy, un 22 de julio de 1946 en Jerusalén, la organización terrorista israelí, el Irgún, destruía parte del Hotel Rey David, sede de la Comandancia Militar del Mandato británico en Palestina, causando 92 muertos, en represalia por el asalto que las tropas británicas habían llevado en el edificio de la llamada Agencia Judía, organización gubernamental del gobierno en la sombra del auto proclamado estado de Israel y después de que más de 2500 judíos fueran puestos bajo arresto durante la Operación Agatha II británica.

Sobre las once y media de la mañana, unos hombres, disfrazados de lecheros y camareros,  entraron en el Hotel Rey David de Jerusalén. La misión de este grupo no era otra que volar el edificio; los recipientes no contenían leche, sino 350 kilos de explosivos. Mientras, un grupo de apoyo, cuyos miembros iban disfrazados de árabes, permanecía fuera del hotel. Los falsos lecheros actuaron con rapidez. Bajaron los bidones al sótano y los colocaron junto a las columnas de mayor soporte estructural.
Parte de los hombres que participaban en la acción no se conocían con anterioridad. Para evitar fugas de información, o confesiones en caso de ser capturados, los participantes habían acudido en dos grupos a las siete de la mañana a un lugar preestablecido, en donde se reconocieron con la contraseña Malonchik, una clave que sería la que denominaría la operación. Allí fueron informados del objetivo por los cerebros de la misión, pues hasta el mismo día del atentado no conocieron el blanco.
Para proteger las instalaciones, se habían construido nidos de ametralladoras alrededor del hotel. En toda la zona, soldados,policías y detectives vigilaban constantemente. Pero, aún así, no lograron detectar a los hombres que habían entrado para dejar los explosivos.

Una vez que el artefacto fue colocado en el lugar previsto, los activistas salieron del hotel. Eran las doce del mediodía cuando uno de los miembros del grupo de apoyo arrojó en la calle un petardo inofensivo pero muy ruidoso, que provocó una gran detonación, y gritó a la multitud:”¡Aléjense, el hotel está a punto de volar por los aires!”. Sin embargo, el estruendo atrajo a los curiosos, no sólo a los que pasaban por la calle, sino a los que se encontraban en las otras alas del hotel, por lo que el efecto de esta advertencia sería precisamente el contrario del buscado.
Unos minutos después, esa misma persona llegó donde esperaba una telefonista de 16 años, Adina Hay (alias Tehia), quién llamó al Hotel Rey David para informar -en hebreo y en inglés- que se acababan de colocar unos explosivos en el edificio y que éstos no tardarían en estallar. El mensaje conminaba a que el hotel fuera evacuado de inmediato para evitar víctimas civiles, pero el aviso fue ignorado.
Inmediatamente después, la misma persona telefoneó a la redacción del The Palestine Post para avisar de lo que iba a ocurrir. La tercera y última advertencia se hizo al consulado francés, próximo al hotel, aconsejando que abrieran las ventanas y corriesen las cortinas para disminuir los efectos de la onda expansiva y evitar la rotura de los cristales. Los funcionarios de la sede consular francesa hicieron caso de la advertencia y abrieron las ventanas. Pero las autoridades británicas ignoraron el aviso.
Cuando pasaban exactamente 37 minutos de las doce del mediodía, se disparó el temporizador que había dentro de los recipientes cargados de explosivo. Repentinamente, toda Jerusalén se estremeció, como si de un terremoto se tratase. El artefacto había hecho explosión de acuerdo al plan fijado, pero la fuerza del estallido había superado todos los cálculos. La explosión destruyó los siete pisos del ala sur del hotel, desde el subsuelo hasta el techo.

Tras los primeros minutos de terror y desconcierto, comenzaron a llegar los equipos de emergencia. Los gritos de los heridos surgían de entre los escombros y por todas partes podían verse cadáveres. El momento elegido para cometer el atentado era el de mayor afluencia de las oficinas de la administración británica. Cientos de funcionarios y oficiales estaban en ese momento en el interior del edificio, y muchos de ellos se encontraban ahora muertos o heridos entre los cascotes del hotel derrumbado. Sólo serían rescatadas con vida seis personas; el último sería encontrado veinticuatro horas después del derrumbe, aunque fallecería días después a consecuencia de las heridas. Las operaciones de rescate se prolongarían dos días más, en los que dos mil camiones salieron cargados de escombros, pero nadie más sería hallado con vida.

La acción había sido cometida por el Irgún, cuyo líder era el futuro primer ministro y, paradojicamente,  Premio Nobel de la Paz en 1978, Menahem Beguin (1913-1992).

 

 

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