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Entran en la cámara real de la tumba KV62

  • Por José V. Ciordia, historiador

Tal día como hoy, un 26 de noviembre de 1922, el arqueólogo británico Howard Carter y su mecenas Lord Carnarvon,  son las primeras personas que, tras romper los sellos reales intactos, entran en la tumba KV62, de Tutankhamon, tras más de 3.000 años sin que nadie la hubiera pisado.

Las cámaras se hallan milagrosamente intactas y en su interior se encuentra una maravillosa colección de objetos de incalculable valor repartidos en cuatro salas, así como el sarcófago de oro macizo que contiene en su interior la momia del joven faraón egipcio. Se dice a menudo que la tumba nunca fue violada, pero esto no es exacto. De hecho lo fue por lo menos dos veces no mucho después del entierro: hay evidencias de que en las puertas selladas se practicó una abertura en las esquinas superiores, que fue precintada de nuevo más adelante. Se ha estimado que el 60% de las joyas depositadas en la llamada «Tesorería» fueron robadas, y que los funcionarios de la necrópolis embalaron las que se salvaron de forma precipitada. Las puertas exteriores de las capillas, que incluían los ataúdes jerarquizados del rey, se dejaron abiertas y sin sellar.

Descripción de la tumba (llamada también KV62)

La tumba no parece haber sido diseñada para un faraón, parece la de un noble que haya sido adaptada de forma precipitada, como indica el hecho de que sólo fueron pintadas las paredes de la cámara del sarcófago, a diferencia de otras tumbas reales en que todos sus muros tienen escenas del Libro de los Muertos.

La escalera de acceso parte de una pequeña plataforma y consta de 16 escalones que llevan a la primera puerta.

Más allá del primer umbral, un pasillo descendente conduce a una segunda puerta sellada, y tras ella a la sala que Carter llamó «antecámara». Fue utilizada originalmente para depositar el material del embalsamamiento del rey, que tras los robos fue trasladado al interior de la tumba. Las paredes están sin decorar. Contenía más de 600 objetos entre los que había tres camas fúnebres, placas con forma de hipopótamo, de vaca y de leopardo. También se encontraban cuatro carros desmontados, uno para caza, otro de guerra y dos destinados a los desfiles. Sobre la pared de derecha, al fondo, rastros de excavación abandonada indican que se pensaba ampliar hacia el norte unos dos metros. Al principio de esta pared se encuentra acceso a la cámara funeraria, cuyas características informan también de la apertura proyectada. A la izquierda de la pared del fondo de la antecámara, hay un pequeño paso, rodeado con trazos negros que delimitan la apertura que habría de tener la puerta una vez terminada, que permite el acceso a otra habitación cuyo suelo tiene un nivel de 90 cm por debajo de la anterior. Llamada «anexo» por Carter, éste describió la existencia de trazos rojos sobre las paredes. Contenía, en desorden, cestas, jarras de vino, una vajilla de calcita, perfumes, maquetas de barcos y ushebtis.

La cámara del sarcofago está situada con un desnivel de un metro y contenía 300 objetos además del sarcófago situado en el centro. Es la única decorada, y cada una de las paredes, enyesadas y pintadas, simúlan nichos con distintas escenas cuyo fondo es amarillo oro, en un estilo diferente al tradicional decorado de las tumbas. Representan escenas del Libro de los muertos.

Cuatro capillas de madera recubiertas de oro, encajadas una en otra, cubrían un sarcófago de cuarcita roja que contenía tres ataúdes momiformes, de madera chapada de láminas de oro los dos primeros y de oro macizo el tercero. Dentro descansaba la momia del joven faraón, con la cabeza y los hombros cubiertos por la célebre máscara.

La capilla externa mide 5,08 x 3,28 x 2,75 m y 32 milímetros de grosor, ocupaba casi toda la cámara dejando libres 60 cm a los extremos y menos de 30 en los costados.

La cuarta capilla tiene 2,90 m de largo y 1,48 m de ancho. Las paredes fueron adornadas con la procesión fúnebre del rey, y en su techo estaba Nut, abrazando con sus alas el sarcófago externo.

Fuera de las capillas había once remos para la «barca solar», frascos de perfumes, lámparas decoradas y el Templete canónico de Tutankamon,  y que contenía el cofre, que a su vez albergaba los cuatro vasos canopos con las vísceras del faraón.

 

 

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