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APUNTES.- Reino Unido: Ante el referéndum del 23 de junio

 

Faltan escasos días para que la población del Reino Unido decida en referéndum la permanencia o ruptura de su país con la Unión Europea. Es una decisión importante que el Primer Ministro puso al cuidado de los ciudadanos en 2013, cuando la incertidumbre sobre los resultados parecía menor y, en todo caso, era previsible que la respuesta supusiera un aval a la permanencia; hoy las encuestas reflejan unos resultados mucho menos optimistas, al menos para quienes valoramos formar parte de la Unión Europea. Ahora, teniendo en cuenta el auge de partidos populistas que difunden un sentimiento euroescéptico, la pregunta es, ¿habrá contagio hacia otros Estados miembros? Y, si es así, ¿qué países se verán más afectados?

Antes de entrar en ese terreno vale la pena recordar que el Reino Unido ha sido siempre muy reticente hacia la cesión de soberanía que supone ser miembro de la Unión Europea. De hecho no participó en la primera construcción europea (Mercado Común), es más, intentó su fracaso al impulsar en 1960 la aparición de una alternativa, el Acuerdo Europeo de libre Comercio, EFTA en las siglas inglesas, donde participaron los restantes países europeos occidentales, salvo España. Algo después intentó que la CEE ingresara en este Tratado comercial, quizá para poder así diluirla desde dentro. Sólo años más tarde, cuando eran patentes los logros del Mercado Común, solicitó la adhesión, que le fue concedida en la primera ampliación comunitaria. Y ya en 1973 se integró como miembro de pleno derecho, junto con Irlanda y Dinamarca, en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea. En síntesis, Reino Unido siempre ha sido partidario de la libertad comercial, participar en un área de libre comercio, pero también siempre ha mostrado sus reservas ante la cesión de soberanía en otros ámbitos.

En el caso no improbable de que ganaran los partidarios de la ruptura, sería la primera vez que se produjera la salida de un Estado miembro, hasta ahora todos los movimientos han sido de incorporación al grupo, de ahí el interés en estudiar los efectos que podría provocar. El tema del posible contagio a otros Estados se ha analiizado recientemente por Julien Zak[1] con apoyo en datos del Eurobarómetro relativos a otoño de 2015 que le permiten elaborar un amplio conjunto de indicadores en torno a tres ejes: el respaldo hacia la UE; la opinión sobre la pertenencia a la UE y el sentimiento de si su país estaría mejor fuera de la UE.

En un comentario rápido de lo que es un trabajo serio se puede destacar, ante todo, que la mayor parte de la opinión pública europea manifiesta que la pertenencia de su país a la UE es ‘una buena cosa’ y también una amplia mayoría opina que su país se ha beneficiado con la adhesión. Sin embargo, existen fuertes diferencias entre países. Me voy a centrar únicamente en aquellos cuya opinión pública muestra un mayor escepticismo: Chipre, que aparece siempre claramente por encima de los siguientes, Austria, Grecia, República Checa y Reino Unido, seguidos de Italia y Eslovenia.

Dejando aparte al Reino Unido, estos países se pueden agrupar, a su vez, en dos bloques: Grecia y Chipre han sufrido una fuerte crisis económica, cuyo rescate les ha obligado a realizar ajustes de importancia. En la República Checa, Austria y Eslovenia la opinión negativa se explica porque forman parte de la llamada ‘ruta de los Balcanes’ y se ven afectados por los flujos migratorios y la solución dada a la llegada de refugiados.

El tercer eje, ¿cree que su país estaría mejor fuera de la UE? Es el que tiene mayor relación con la pregunta que nos hicimos al principio sobre el problema de contagio.

Pues bien, más de la mitad de la opinión pública europea cree que su país está mejor perteneciendo a la UE; ahora bien, un tercio cree que sería mejor estar fuera. Cuando se estudia cada uno de los indicadores, aparecen siete países donde este sentimiento es más elevado: Chipre, Austria, República Checa, Italia, Reino Unido, que ya aparecían anteriormente, a los que se unen Francia y Bulgaria.

En muy breve síntesis: el estudio citado permite afirmar que, sin dejar de ser críticos frente a las carencias e incluso los errores en la marcha de la Unión Europea, los Estados miembros valoran positivamente su pertenencia; el riesgo de contagio no parece ser elevado, al menos, en tanto los movimientos y partidos populistas no impulsen la propaganda euroescéptica. Sin embargo no puede dejarse de lado el hecho de que en algunos países hay un euroescepticismo muy fuerte, que sería bueno analizar despacio y buscar el modo de resolver los problemas que hay detrás.

[1] Cfr. Quel risque de contagion en cas de Brexit? Fondation Robert Schuman, Question d’Europe 394, mayo 2016

Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía

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