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El párkinson, la segunda enfermedad neurológica más frecuente en España

El párkinson, la segunda enfermedad neurológica más frecuente en España

La enfermedad se presenta de forma avanzada en el 10% de los casos

Más de 160.000 personas sufre párkinson en España, una cifra que convierte a este trastorno crónico, degenerativo e invalidante en la segunda enfermedad neurológica más frecuente, tras el alzhéimer. Se trata de una patología que está muy estigmatizada, lo que genera muchos problemas para los afectados y sus familias. Según las estimaciones, esta cifra se duplicará en 20 años y se triplicará en 2050 debido al progresivo envejecimiento de la población.

Son algunas de los datos que se repiten este 11 de abril, en el Día Mundial del Parkinsonenfermedad que se presenta de forma avanzada en el 10 por ciento de esas cerca de 160.000 personas que la sufren en el país. La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que cada año se detectan en España unos 10.000 nuevos casos de párkinson, de ellos 1.500 que no superan los 45 años.

Con motivo del Día Mundial de la Enfermedad de Parkinson, que se celebra este lunes, la SEN ha recordado que se trata de la segunda patología neurodegenerativa más numerosa en afectados en España, tras el Alzheimer; y que el coste de la Enfermedad de Parkinson en Europa se acerca a los 11 billones de euros anuales.

En cuanto al diagnóstico, los pacientes tienen entre 60 y 70 años – un 2% de los mayores de 65 años y 4% mayores de 85 años padecen Parkinson en España, aunque no es una enfermedad exclusiva de las personas mayores. De esos 10.000 nuevos casos, unos 1.500 se detectan en pacientes que no superan los 45 años.

AGENCIA EFEAGENCIA EFE

El lema de este año es “El Día Mundial de muchas personas”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió la celebración de este Día Mundial el 11 de abril de 1997, en conmemoración del nacimiento del doctor James Parkinson, quién describió por primera vez la enfermedad.

El párkinson se produce como consecuencia de la destrucción de las neuronas productoras de dopamina, fundamental en el control de los movimientos del cuerpo. Desde su descripción se la consideró como una enfermedad puramente motora caracterizada por temblores, lentitud, rigidez y alteración de la marcha. Sin embargo, se ha demostrado que presenta otros síntomas que repercuten en la calidad de vida del paciente de manera más importante, como depresión, apatía, alteración del sueño, estreñimiento, disfunciones en la tensión arterial, deterioro cognitivo, trastornos sensitivos o dolor.

Primeros síntomas

Los primeros síntomas de la enfermedad, tal y como indica la neuróloga Amaia Gonzalez, pueden ser sutiles y se presentan gradualmente: dificultad para realizar movimientos, agarrotamiento, falta de olfato, estreñimiento, el carácter también puede variar en los primeros estadios apareciendo la apatía y el ánimo bajo.

Las personas afectadas pueden sentir temblores leves o dificultad para levantarse de una silla, e incluso pueden notar que hablan en voz muy baja y que su caligrafía empieza a cambiar y se vuelve pequeña e irregular. “Este período temprano -explica la neuróloga- puede durar mucho tiempo antes de que aparezcan los síntomas clásicos de la enfermedad, como temblor, rigidez, lentitud, perdida de expresividad, inestabilidad y trastornos del sueño”.

En el 80 por ciento de los pacientes los síntomas comienzan en un solo lado del cuerpo, aunque luego se generalizan. Según la especialista, los fármacos dopaminérgicos han conseguido aumentar el tiempo de supervivencia de 10 a 20 años y aproximar la tasa de mortalidad a la de la población general.

Además, el tratamiento puede ser también quirúrgico, aunque la cirugía está indicada en estadios moderados-avanzados o cuando el tratamiento farmacológico no logra controlar los síntomas del paciente durante todo el día. Esto se debe complementar con fisioterapia y terapias ocupacionales y del lenguaje y ejercicio.

Sin tratamiento

Pero en la actualidad, no existe un tratamiento que cure la enfermedad, cuya última causa se desconoce, aunque todo apunta, según el investigador en patologías neurodegenerativas, Jaume Kulisevsky, a una combinación entre la predisposición genética y las causas ambientales (estilo de vida, exposición a determinados tóxicos o la alimentación).

Cuando esta enfermedad aparece en gente joven puede estar relacionada con gran probabilidad con causas genéticas, según este experto, director del instituto de investigación del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. La mayoría de los casos se produce a partir de los 65 años, pero esta patología no es exclusiva de los mayores. El 30 % de los enfermos diagnosticados es menor de esa edad: el 15 % tiene entre 45 y 65 años y el otro 15 % tiene menos de 45. Navarra Información/EFE

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