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APUNTES: España, integrada en la Unión Monetaria

APUNTES: España, integrada en la Unión Monetaria

Aunque pueda sonar algo pedante me he propuesto dedicar los Apuntes de hoy a glosar algunos aspectos de la Unión Monetaria, a la que pertenecemos como socio fundador, puesto que, en este caso, no llegamos tarde, firmamos con los primeros y con los deberes hechos.

Aclaro desde el principio que no va a ser una clase magistral, que no es este el lugar y, además, existe buena bibliografía a la que se puede acceder fácilmente para que, quien lo desee, pueda adquirir los conocimientos más profundos. No pretendo hacerlo aquí sino únicamente señalar la situación de la Eurozona, los problemas más graves que se le presentan hoy y que, como consecuencia de nuestra pertenencia al grupo también nos afectan aunque quizá los veamos lejos.

Compartimos una moneda fuerte con un grupo de países, unos, como digo antes, hemos sido fundadores de la nueva moneda y otros se han ido adhiriendo, a medida que han comprobado las ventajas que suponía ceder en puntos de soberanía nacional, para beneficiarse de la utilización de esa moneda, el euro, que está demostrando su fortaleza, al ser capaz de resistir las presiones, en una época en la que le llegan desde distintos ámbitos.

El euro es una moneda cada vez más creíble y seguirá en esa senda en la medida en que los países que forman la eurozona muestren mayor capacidad de integración, superando las dinámicas centrífugas, que tampoco faltan dentro del área.

Los países que utilizan una moneda fuerte, entre sí y frente a terceros, tienen todo un conjunto de ventajas; lo hemos podido comprobar los españoles en los resultados de nuestra balanza comercial y, no menos importante, en nuestras salidas al extranjero. La Eurozona es, además, un espacio solidario, como lo es la propia Unión Europea, pero con lazos aún más fuertes. Se ha visto cuando ha sido necesario apoyar a un país con dificultades, léase Grecia, pero también Portugal o Irlanda, países a los que se ha concedido créditos en muy buenas condiciones financieras, aunque también con una fuerte exigencia de reformas y medidas de austeridad, impopulares como no podía ser de otro modo. También en España hemos dispuesto de ayudas, que nos han permitido, con la concurrencia de medidas adecuadas también impopulares, superar lo más duro de la crisis.

La moneda única no ha podido evitar a los países del área verse golpeados por los rigores de una crisis financiera, de una gravedad que no se había conocido desde el primer tercio del siglo pasado; no está siendo un camino de rosas la andadura del euro y, a día de hoy tampoco faltan las dificultades. La UE y, como es lógico, el grupo más reducido de países del euro, se enfrenta a problemas de singular envergadura, unos le vienen desde fuera, como la necesidad de luchar contra el extremismo islámico o, la exigencia moral de dar solución a los flujos migratorios, procedentes de países en guerra o que buscan mejorar sus condiciones de vida. Otros problemas vienen de los propios países miembros. No es nueva la situación creada en Reino Unido, cuya salida de la Unión Europea puede estar más próxima de lo que sería aconsejable.

Con todo, los problemas siempre son una oportunidad de mejora, como apunta El Anuario del euro 2015 (Fundación ICO); tenemos en la mano la gran oportunidad de avanzar decididamente hacia una mayor integración en la zona, corrigiendo los fallos que han puesto de relieve los nuevos problemas y cubriendo las carencias que aún persisten en la construcción de la Unión Monetaria, a la que pueden adherirse, a medida que cumplan las condiciones necesarias, los socios que aún permanecen fuera de la Eurozona. Con ello se lograría consolidarla definitivamente como una unión monetaria, financiera, fiscal, económica y social de Europa. Hay que añadir, seguramente, de Europa continental, puesto que no está claro dónde puede conducir la deriva de Reino Unido hacia su autoexclusión que, de momento, no parece evitable.

En síntesis, en España disfrutamos de las ventajas de formar parte de la Unión Monetaria, utilizamos una moneda fuerte y tenemos la solidaridad de los demás miembros. A su vez, España debe respetar las reglas del juego que rigen en la zona; hay que ir ajustando el gasto público, de manera que el déficit se acomode progresivamente al nivel establecido, procurar no poner trabas innecesarias a las empresas, que son las que crean empleo, sin incurrir en aumentos de gasto, hay que flexibilizar un poco más la economía, la burocracia, para lograr aumentos de productividad. Todo ello es posible sin que se resienta el bienestar de los españoles, que, por cierto, es de los mejores sistemas del mundo.

Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía

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