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OPINIÓN: No dejes que alguien diga…

OPINIÓN: No dejes que alguien diga…

“Limpia, fija y da esplendor” (RAE)

Bien entrada la VI década de la XX centuria comenzaban a proliferar en prácticamente todas las provincias de la todavía nación española convocatorias de certámenes o concursos que, a través de pintorescas fórmulas, procedimientos y condicionados varios, animaban a la desarrollista población patria a fomentar el embellecimiento exterior de casas y pueblos. La bienintencionada finalidad de los organizadores del evento perseguía lograr la puesta en valor de los humildes recursos existentes promocionando al mismo tiempo el espíritu de camaradería y la colaboración, en definitiva, entre la ciudadanía y sus instituciones públicas (concejos, ayuntamientos, diputaciones). La concesión de reconocimientos y premios a los mejores proyectos y ejecuciones venía a ser, sin lugar a dudas, base de motivación para esa contribución, sin perjuicio de su acometida por unos elementales principios de urbanidad (lat. urbanitas-atis) y civismo (fr. civisme). También en Navarra, urbanidad y civismo se daban la mano para converger en beneficio del conjunto de la sociedad.

Pamplona. Parque de la Media Luna
Pamplona. Parque de la Media Luna

Aproximadamente en la misma etapa histórica, comandando entonces el navío foral el vicepresidente de la Diputación de Navarra D. Amadeo Marco Ilincheta, se exhortaba a aldeanos, villanos, ciudadanos y lugareños en general a contribuir al mantenimiento y conservación de las áreas de descanso y esparcimiento repartidas por el Viejo Reyno mediante sencillas proclamas que, cosas de la neopolítica simbolista, fueron desapareciendo sin explicación alguna y jamás se volvió a saber… Es curioso que, ya en tiempos presentes, un organismo poco sospechoso de servilismo y aquiescencia con el régimen político anterior a 1975 como la Diputación foral de Vizcaya, recuperase ese mensaje acompañando recomendaciones diversas de impulso de la civilidad en pueblos, ciudades y medio natural, con básicos llamamientos al sentido común: no verter basura (micro y macro) ni realizar pintadas, no sustraer plantas y especies arbóreas, ó respetar el mobiliario y las instalaciones para el disfrute de la colectividad.

“No es más limpio quien más limpia, sino quien menos ensucia”  (Refranero popular español)

La urbanidad y el civismo no precisan ser tarea exclusiva de las aulas. Debería iniciarse su exposición y puesta en práctica en casa, en el seno de las familias, y continuar después en el trabajo, en las empresas, en las comunidades de vecinos y sobre todo en la calle, que es… de todos. La urbanidad, aseguran los sociólogos, podría ser un magnífico antídoto contra la crispación reinante; valdría incluso para templar a los partidos políticos… Y el civismo es la capacidad de saber vivir en grupo respetando al resto de individuos y siguiendo unas pautas esenciales de educación y conducta, una denominación que, por cierto, se acuñó en tiempos de la Revolución francesa.

Estella. Parque de Los Llanos
Estella. Parque de Los Llanos

El municipio bajoaragonés de Calaceite convocaba con delicadeza, ya en pleno siglo XXI, un concurso de “engalanamiento con plantas y flores naturales de fachadas, balcones y ventanales”. Llama la atención el subrayado de ‘naturales’ que contrasta con aquella aún reciente e infame ocurrencia de ‘decorar’ ciudades como Pamplona ó Estella con flores de plástico de dudoso gusto y calidad. Mientras, Londres, la capital de la todopoderosa y siempre antipática e intratable Gran Bretaña, una urbe meteorológicamente gris, plúmbea y nebulosa por antonomasia, es todo un modelo de alegría y colorido con miles de plantas y flores colgantes engalanando calles y parques de toda la ciudad. Es palmario que las municipalidades pamplonesa ó estellesa carecían de la más mínima sensibilidad medioambiental…

Sería recomendable recuperar e inculcar determinadas actitudes y aplicaciones que redundarían en provecho común, proporcionando además una apreciación de nuestro entorno acorde con la inherente monumentalidad y la concedida generosidad de la madre naturaleza. Observaba Charles Baudelaire, poeta francés ‘maldito’, que la belleza se componía de dos elementos: el eterno e invariable y el relativo y circunstancial; el circunstancial radica en la época, la moda, la moral y la pasión.

«No dejes que alguien diga, y lo diga para tu vergüenza, que todo aquí era bello hasta que tú llegaste” (Diputación  foral de Navarra)

José Javier Izaguirre, periodista

Monasterio de Iranzu. 1992
Monasterio de Iranzu. 1992

 

 

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