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OPINIÓN: La unidad de España, la cuestión política más crucial

OPINIÓN: La unidad de España, la cuestión política más crucial

 

Decía recientemente  Otero Novas que un partido que tuviera como punto central incluso único, la defensa de la unidad española, ganaría seguramente. Creo que ello no quita otros problemas, pero desde luego tiene que ser un punto absolutamente central en el programa de un partido que realmente aspire a regenerar la cada vez más dudosa democracia que tenemos. No todo el mundo es consciente de su importancia, como tampoco de otro punto clave al que me refería en el anterior manifiesto: la crisis cultural que padece España y que amenaza la raíz más íntima y esencial de ella. He aquí otro breve manifiesto sobre la unidad nacional, sin la cual resulta pura demagogia sin base cualquier otro punto programático:

Por la unidad de España

España es la unidad más básica de convivencia cívica, cultural y económica para más de cuarenta millones de personas, forjada a lo largo de siglos sobre el territorio conocido  precisamente como España desde tiempo inmemorial. Atentar contra esa unidad fundamental significa arrasar el inmenso acervo de historia y cultura  acumulado por nuestros antepasados y desmembrar el país en un mosaico, similar a los Balcanes, de estados insignificantes, rencorosos entre sí y objeto de las maniobras e intereses de otras potencias. Y ese es el camino al que nos llevan los actuales partidos y poderes políticos y que es preciso frenar a toda costa.

Desde hace algo más de un siglo, la nación española ha sido atacada por los separatismos. Estos surgieron invocando un absurdo racismo despreciador de los demás españoles como “razas inferiores”. Tras la derrota nazi, el racismo se ha disimulado con una exaltación obsesiva de particularidades secundarias, la pretensión de ser profundamente distintos –y desde luego superiores— y la injuria sin tregua a todo lo que nos une e identifica como españoles y la persecución al idioma español común. La historia demuestra el grave peligro de estas ideologías absurdas e  inmorales.  Mediante el terrorismo y la utilización desleal de los medios legales de unas democracias a las que nunca contribuyeron, arrogándose supuestos “derechos a decidir”… la balcanización del país, los separatismos han  contribuido a provocar las convulsiones, inestabilidad y guerra civil del siglo XX, así como a la actual crisis de la democracia, cerniendo amenazas sombrías sobre el futuro de todos.

Pese al conocimiento de sus pretensiones y de la experiencia histórica, los disgregadores de España han sido estimulados por los gobiernos de PP y PSOE. Estimulados de  modo activo financiándolas y regalándoles los medios de promover sus objetivos; y de modo pasivo renunciando a defender la unidad nacional y la propia Constitución. Se da el caso sin igual de unos partidos teóricamente nacionales que utilizan el poder público para fomentar la secesión. Sin ese hecho perverso nunca habríamos llegado a la muy alarmante situación actual.

Aunque en democracia no pueden ser prohibidos los partidos separatistas, la colaboración con ellos debe ser eliminada, y recorrido el camino inverso al de los últimos años. Un partido que defienda sin ambigüedades la unidad de España debe explicar al pueblo la historia real para contraponerla a las graves falsificaciones de la misma en que se apoyan los elementos balcanizantes y denunciar la cadena de claudicaciones del PP y del PSOE como un gravísimo riesgo para la convivencia en paz y en libertad.

Frenar la actual deriva exige dos medidas simples:

–Recentralizar la Seguridad Social, la Justicia — asegurando su independencia–  y, sobre todo, la Enseñanza. Hoy la enseñanza se encuentra muy degradada en todo el país, y siendo ella una de las principales garantías del porvenir de la nación, Un partido realmente nacional debe proponer una profunda reforma para convertir a España en referente cultural.

– Aplicar la Constitución y la ley contra el terrorismo y  contra las constantes vulneraciones que viene sufriendo el estado de derecho por las connivencias entre PP-PSOE y partidos separatistas.

Son dos medidas elementales y hacederas, cuya aplicación exige, no obstante, una clara explicación al pueblo, creación de opinión pública  y una energía tranquila. No se trata de  hacer demagogia sino defender los derechos más elementales de la convivencia entre los españoles y el patrimonio histórico, cultural y político común. Con la ayuda de todos los ciudadanos conscientes del gran desafío histórico a que nos enfrentamos será posible frenar la marcha hacia el abismo a que nos conducen unos políticos frívolos, corruptos e irresponsables. España puede y debe volver a ser una gran nación.

Pio Moa, historiador y escritor

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