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La oposición democrática de Hong Kong declara la desobediencia civil

La oposición democrática de Hong Kong declara la desobediencia civil

Protesta democrática en las calles de Hong Kong.

Protesta democrática en las calles de Hong Kong

Muchos de los manifestantes han pasado la noche al raso.

La represión policial –más de 70 detenidos- adelantó anoche la voluntad de los activistas democráticos de Hong Kong de reforzar su pulso a las autoridades de Pekín. La ocupación del centro financiero, que Occupy Central –movimiento que lidera las agrupaciones pro-democráticas de este territorio chino- había anunciado para el miércoles 1 de octubre -día que conmemora la fundación de la República Popular China-, comenzó inesperadamente en la madrugada del domingo y en el área de Tamir, donde se aloja la sede del Gobierno, tras varios días de manifestaciones masivas que derivaron anoche en los citados arrestos.

“Tengo un mensaje muy esperado. Occupy Central comienza ahora”, afirmó el profesor universitario Benny Tai Yiu-ting, líder del movimiento civil prodemocrático, sobre las 01.45 hora local. “Los estudiantes y la gente que apoya a la democracia han comenzado una nueva era de desobediencia civil”, añadió el académico, en un drástico anuncio que enfrenta a la sociedad de Hong Kong con el Gobierno cantonés.

El origen del conflicto está en el anuncio del pasado 31 de agosto según el cual los hongkonesesno podrán elegir al candidato que deseen en los próximos comicios generales de 2017: tendrán que limitarse a aquellos aprobados previamente por un consejo de 1.200 notablesvinculados a Pekín, constituidos en una suerte de consejo electoral. La decisión no había tomado por sorpresa a la población, que ya en julio celebró un polémico referéndum online en apoyo de una plena democracia que recabó 800.000 firmas y derivó en múltiples manifestaciones. La consulta y las demostraciones de malestar social fueron ignorada por las autoridades de Pekín.

Desde entonces, con cierta conciencia derrorista –tras varias detenciones policiales, uno de sus líderes llegó a adelantar el “fracaso” de las iniciativas democráticas- se mantuvo un perfil bajo en las protestas que saltó por los aires hace una semana, cuando los estudiantes salieron de las aulas y tomaron las calles aledañas a las facultades para exigir democracia en una protesta programada para una semana de duración. Muchos de sus profesores se unieron a ellos, impartiendo conferencias al aire libre y alentando el diálogo político. El pasado viernes, un movimiento que hasta entonces se había limitado a las universidades se extendió a los colegios: unos 1.500 estudiantes se echaron a las calles en un nuevo giro de la situación.

“Queremos decidir nuestro propio futuro” explicaba un estudiante a la prensa local. “Es un buen fundamento para todo el pueblo de Hong Kong luchar por la democracia”, añadía. “Estoy profundamente emocionada, un 99% de esta gente son jóvenes que saben lo que hacen y entienden las consecuencias”, subrayó Claudia Mo, diputada del Partido Cívico –prodemocrático- en declaraciones a France Press. “No sólo luchan por la democracia, luchan por la Humanidad”.

El sábado de madrugada, los manifestantes, a quienes se habían sumado miles de personas no vinculadas al sector académico –las imágenes que llegan de Hong Kong muestran a miles de personas, los organizadores estiman que en su punto más caliente hubo 50.000 congregados– se encaminaron a la Plaza Cívica, escenario de las manifestaciones del verano y, desde entonces, vallada por la Policía. La víspera, un centenar de jóvenes había tomado posiciones en el recinto y habían sido parcialmente desalojados por la policía, una actuación que atrajo a más personas en apoyo a los detenidos.

Antesala del Ejecutivo, la plaza es considerada por los activistas prodemocráticos su propio Tahriry ese simbolismo les anima a intentar recuperarla. Armados con paraguas y gafas de buzo, vestidos con ponchos plásticos y pertrechados con agua mineral, toallas y galletas –siguiendo un manual difundido por la manifestación para aguantar varios días acampados en la zona-, los manifestantes llegaron a montar sus propias vallas con la intención de defenderse de las fuerzas de Seguridad. Se estima que 150 de ellos rompieron el cerco policial y se instalaron en las dependencias oficiales, para ser desalojados horas después.

Botellas de agua usadas por los manifestantes en Hong Kong. / Twitter/OC
Botellas de agua usadas por los manifestantes en Hong Kong. / Twitter/OC

El encontronazo con la Policía dejó escenas de tensión. Los agentes emplearon aerosoles de pimienta con los que rociaron a los protestantes y detuvieron a más de 70, entre ellos a Joshua Wong, de 17 años y responsable de Scholarism, una de las agrupaciones que convocaban la huelga. “¿Por qué tanta fuerza policial, para qué los escudos, si lo único que los chicos han hecho es recuperar una plaza supuestamente pública?”, se interrogaba el músico Edmond Leung, popular cantautor de Hong Kong que se unió el sábado a los manifestantes, junto a otras muchas caras conocidas. “Consideramos que la Policía ha empleado una fuerza innecesariapara suprimir la protesta de los estudiantes esta madrugada. Condenamos duramente esa acción, que no sólo viola el código de conducta policial sino que también interfiere con la libertad de expresión de los ciudadanos”, se leía en un comunicado online de Occupy Central.

Tras el desalojo de la sede del Gobierno, miles de manifestantes se quedaron en los alrededores con la voluntad de permanecer. En las imágenes puede observarse jóvenes durmiendo al raso –la organización había desaconsejado las tiendas de campaña para evitar que las autoridades les acusen de ocupar espacios públicos- y se espera que la protesta crezca. En las últimas horas, 18 diputados anunciaron que se sumarán a la protesta que se considera, a estas alturas, una demostración de la campaña de desobediencia civil tantas veces anunciada por Benny Tai. Sin embargo, medios locales como el South Morning China Post (SCMP) resaltan el malestar de parte de los estudiantes con el afán protagonista de Occupy Central, y que habría llevado a algunos a abandonar la sentada tras escuchar el anuncio de Benny Tai. “La huelga estudiantil había sido anunciada por la juventud. Es un instrumento poderoso. Pero ahora se ha convertido en la campaña de Occupy Central que, en mi opinión, distorsiona el significado de la huelga de estudiantes”, explicaba un manifestante citado por el SCMP.

“Estamos aquí para apoyar a la Federación [estudiantil] y las huelgas académicas. No todo el mundo aquí quiere ser arrestado por la policía”, denunciaba en las páginas del mismo rotativo chino Karma Kong, de 25 años. “Ellos [Occupy Central] han secuestrado este movimiento”.

Los paralelismos con los terribles acontecimientos de Tiannamen, en 1989, cuando las fuerzas de Seguridad comunistas aplastaron literalmente un movimiento pacífico, ensombrecen el futuro de la protesta. “Es un giro increíble”, estimaba un estudiante, Suki Wong, en declaraciones a la AFP. “Los habitantes de Hong Kong suelen simplemente quedarse sin hacer nada. Ahora, sin embargo, estamos creando un impacto enorme”.

Tan enorme que lo más inesperado, el recurso a la fuerza –al menos, para penetrar por la fuerza en la sede del Ejecutivo-, tuvo lugar dando pie a que el Gobierno “lamentase” la irrupción violenta de los manifestantes en el lugar, acusándoles de haber infligido heridas al personal que lo custodiaba. En las imágenes, sin embargo, sólo se puede ver a agentes antidisturbios bien pertrechados frente a manifestantes desarmados. “A partir de ahora, se verá más confrontación y posiblemente, ésta sea violenta”, explicaba el analista político local Sonny Lo, quien prevé que el Gobierno local emplee toda su mano izquierda para impedir que la crisis aumente. “El Gobierno debe tratar a los estudiantes con mucho cuidado porque cualquier exceso detonaría actos de desobediencia civil aún mayores”.

 

 

 

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