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La Policía halla restos de vómitos y una huella plantar en el refugio del presunto pederasta

La Policía halla restos de vómitos y una huella plantar en el refugio del presunto pederasta
La Policía científica durante el registro en la casa del presunto pederasta de Ciudad Lineal. ABC.
La Policía científica durante el registro en la casa del presunto pederasta de Ciudad Lineal. ABC.

El piso franco del pederasta de Madrid, en la calle de Santa Virgilia, fue sometido ayer a un exhaustivo registro policial. Presuntamente, Antonio Ángel Ortiz Martínez, jiennense de 42 años, utilizó la vivienda familiar, aunque deshabitada desde hacía casi 25 años, para agredir sexualmente al menos a una niña. Hallaron vómitos de una víctima y huellas plantares. En 1993 el sospechoso, que entonces tenía tenía 21 años, fue detenido por la Guardia Civil por abusos sexuales.

En el análisis de la vivienda de ayer se desmontaron bañera, lavabos, cañerías y juntas para encontrar pelos de las menores. Se inspeccionó el material informático del sujeto, en busca de archivos pedófilos, por si Ortiz Martínez tuviera material de sus víctimas. Por lo pronto, en su cuenta de Facebook han encontrado 88 contactos, el 95% de chicas tipo «lolitas», muy jóvenes (también menores), de pechos operados, con poca ropa y en actitud sexual. La mayoría son extranjeras.

Una de las pistas de la Policía es una porción de ADN encontrado en las bragas de una de las víctimas. No se recuperaron todos los marcadores genéticos, pero sirvió para desechar a otros sospechosos. Una anécdota: entre los 12 perfiles de criminales sexuales más estudiados, los investigadores se toparon con que uno correspondía a una mujer.

«¡Como devuelvas en el suelo, te pego!», amenazo a una de sus víctimas

Pero la prueba más fehaciente de que ese piso era el que utilizó en al menos dos casos fue un rastro de vómito hallado en una pared. Tal era la agresividad de este depredador, que una de las crías, la española raptada el 10 de abril, durante la agresión, tenía profundas náuseas. El pederasta la amenazó: «¡Como devuelvas en el suelo, te pego», la amenazo. La cría, asustada, lo hizo al final a escondidas, sobre la pared y detrás de un armario.

Huella plantares

Además de ese rastro, los agentes buscaban huellas plantares. Se sabe que una de las crías anduvo descalza. Hasta se han levantado el suelo de la vivienda y los pilares de conducciones de ventilación.

El arrestado fue trasladado a la casa a las 9.20 de la mañana, en un coche con los cristales tintados, cubierto con un gorro y con el rostro tapado. Le acompañó durante el registro su abogado. Ortiz Martínez fue objeto de insultos mientras le conducían al interior de la finca por el aparcamiento trasero subterráneo, para evitar las cámaras y viciar la rueda de reconocimiento de las víctimas, que se desarrollará en unos días.

La vivienda estaba en obras. De hecho, la madre del presunto pederasta pensaba mudarse allí a primeros de octubre. Se sospecha que a algunas víctimas las agredió en uno de los tres coches (uno de ellos, Toyota) que utilizó porque el piso franco estaba ocupado por obreros; y en el domicilio materno, en la calle de Montearagón, se encontró una multa del Toyota y el bote de Nivea que compró durante el último rapto. En ese piso mantenía una habitación propia, aunque iba y venía, según la pareja con la que viviera.

Extenso historial delictivo

El historial delictivo del pederasta es extenso. Además de esa primera reseña policial de 1993, en demarcación de Guardia Civil, el 27 de marzo de 1998 raptó a una niña de 7 años que entraba en el colegio José Bergamín. La retuvo una hora y la vejó en el coche. Luego, la llevó a clase, a 500 metros de distancia. Ingresó en prisión preventiva el 16 de noviembre de 1999 y fue juzgado en 2000. Permaneció en la prisión de Soto del Real, hasta que en 2006 le dieron el tercer grado.

Aprovechando ese beneficio, el 6 de septiembre de 2007, el GEO le detuvo en Alcalá de Henares (Madrid) con dos españoles más, durante el cobro de un rescate de 900.000 euros por el secuestro de un búlgaro, al que habían dejado tirado, medio muerto, en una gasolinera de Toledo. Era un encargo, supuestamente, de «Ivo el Búlgaro». Pero el juez de Gandía (Valencia) que instruía el caso decidió dejarle libre. En agosto de 2008 obtuvo la libertad condicional. El 12 de noviembre de 2009 volvió a la cárcel, por atraco, y salió el 17 de junio de 2011.

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